Nuevo curso escolar… ¿nuevos hábitos financieros?

La vuelta al cole puede ser una oportunidad para mejorar nuestra salud financiera

Nuevo curso escolar… ¿nuevos hábitos financieros?

El inicio del nuevo curso escolar es una época de cambios, principalmente para los más pequeños y para los estudiantes, pero también para los que no son tan pequeños.

Los propósitos de año nuevo también se escriben después de verano porque para muchas personas septiembre es el mes del “volver a empezar” y de crear nuevas rutinas y hábitos a largo plazo. Desde ir con regularidad al gimnasio, hacer deporte, comer más sano, organizar mejor el tiempo o aprender un nuevo idioma, hasta tener mejores hábitos financieros.

Si nuestro objetivo este mes de septiembre es mejorar la gestión de nuestras finanzas y ahorros y tener una buena relación con nuestro dinero, no hace falta que hagamos una lista de propósitos al uso, pero sí es conveniente que reflexionemos primero y respondamos a esta pregunta: ¿qué queremos realmente conseguir al tener mejores hábitos financieros?

Puede que simplemente queramos tener más control de nuestros gastos del día a día o que queramos ahorrar más. O puede que lo que queramos sea empezar a invertir nuestro dinero o, si ya lo estamos haciendo, puede que lo que busquemos sea saber bien en qué productos estamos invirtiendo y si realmente son adecuados para nosotros.

Más allá de la parte puramente económica, debemos interiorizar que tener mejor salud financiera nos va a ayudar a tener una vida más rica porque vamos a poder vivir de la forma que queremos y hacer todo aquello que siempre hemos querido o soñado. Y esto solo puede pasar si antes de pensar en el dinero, pensamos en qué es lo que realmente queremos conseguir con él.

¿Qué objetivos tengo? ¿Qué me preocupa? ¿Qué es lo que haría si el dinero no fuera un problema? Responder a todas estas cuestiones nos va a ayudar a ser conscientes de que el dinero nos sirve para lograr las cosas que de verdad nos importan y nos preocupan. Y así, una vez la hayamos identificado, podemos ponerle números y acotarlas en el tiempo para saber cuánto cuestan, cuánto dinero necesitamos y cuándo lo vamos a necesitar.

Con la ayuda de un asesor financiero vamos a poder tener una foto global de todo lo que queremos conseguir, partiendo de nuestra situación personal: cuántos ingresos tenemos, cuántas deudas, qué cantidad de nuestro sueldo podemos destinar a ahorrar y a invertir. Y podremos ver si tenemos alguna necesidad inmediata de liquidez o si tenemos un dinero extra que podemos utilizar para invertir o amortizar alguna deuda o préstamo.

Respecto a esto último, y dado el actual entorno en el que nos encontramos, con los tipos de interés más altos -parece que van a estar así un tiempo- y con el euríbor cerca de sus máximos, podemos analizar diferentes escenarios y ver qué alternativas tenemos para ver si, por ejemplo, nos interesa amortizar una parte de la hipoteca, o si es mejor que empleemos ese dinero para invertir a largo plazo para alguno de nuestros objetivos.

¿Hay una respuesta o solución correcta? Para el caso de la hipoteca, la norma general es que, si se puede obtener una rentabilidad igual o superior al coste de financiación, lo más recomendable es no amortizar la hipoteca y utilizar ese dinero para invertir. Pero siempre será necesario analizar el caso particular para tener en cuenta los matices personales y la diferente casuística de la familia.

Si hablamos de inversión, tampoco hay una respuesta única porque el mejor producto siempre será el que nos ayude a conseguir nuestros objetivos. Y, por ello, siempre hay que buscar una solución única y personalizada. Puede que alguien que quiera invertir a largo plazo, que ya tenga más inversiones, y que no vaya a tener una necesidad de liquidez en el corto plazo, le convenga invertir en private equity, pero puede que, a esa misma persona, con otra situación familiar, profesional y personal, le convenga más una cartera de fondos de inversión bien diversificada, tanto por tipo de activos, como por áreas geográficas y estilos.

No hay una receta ni una solución únicas para gestionar mejor nuestro dinero, pero podemos aprovechar el mes de septiembre para pensar bien sobre nuestras prioridades y objetivos. Esa reflexión puede ser nuestro primer paso para mejorar nuestra salud financiera, tener una relación honesta con nuestro dinero y cumplir nuestros objetivos.

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