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MÁS DE HUMANOS QUE DE RECURSOS

La importancia creciente del talento en las organizaciones

Es innegable que los entornos laborales se han ido haciendo cada vez más complejos (pandemia, teletrabajo, globalización, innovación, nuevas tecnologías, redes sociales…) y la transformación en cuanto a la Dirección de Personas también ha sido más que evidente. Partimos de la base de que las personas no son recursos, pero sí gozan de recursos que debemos optimizar para conseguir el fin perseguido: desarrollar, implantar y renovar sistemas que permitan gestionar mejor el capital humano de una organización.

Sin embargo, las reestructuraciones en las empresas siguen copando el tiempo de los responsables de la gestión de personas, que están más preocupados por su supervivencia que por el perfeccionamiento de los propios empleados. Atrás han quedado las políticas de desarrollo y motivación de la plantilla. La urgencia por conseguir resultados de negocios positivos ha provocado que la organización se olvide de trabajar todos los aspectos que tienen que ver con el desarrollo de la organización, de potenciar la comunicación interna y de incorporar conocimientos para afrontar los procesos de cambio.

Un profesional de recursos humanos es el máximo responsable de convertir las aspiraciones de la organización en acciones a través del desarrollo del talento, del liderazgo y de la cultura. Debe elaborar programas de gestión humano que garanticen a la organización la objetividad, la ecuanimidad y la confianza necesarias para conseguir un buen ambiente de trabajo. Y para ello, nada como la humildad, la sencillez, la generosidad, la ejemplaridad, la laboriosidad, la serenidad de todos lo miembros del equipo. Conceptos concretos, virtudes primarias que diferencian el líder del jefe en la mayoría de las organizaciones.

Como afirmó Peter M. Senge, el aprendizaje individual no garantiza el aprendizaje de toda la organización, pero no hay aprendizaje organizacional sin aprendizaje individual. Por ello, la gestión de las personas es demasiado importante como para dejarla exclusivamente en manos del Departamento de Recursos Humanos, que es norma habitual en las organizaciones españolas o las multinacionales que operan en nuestro país. Debe ser algo que parta de dicho ámbito pero que sume a él las capacidades de los demás. Sinergias internas equivale a éxito externo.

En nuestra formación en liderazgo hacemos hincapié en que una organización debe valorar a las personas como lo que son: ante todo, personas. Son el bien más preciado que tiene una organización y cuando se las cuida, siempre responden. Toda la plantilla debe ser consciente de que forma parte de un entramado más grande y de que su contribución es fundamental para alcanzar unos resultados. La clave está en comprender que son las personas las que definen la dimensión real de la compañía, las que generan ventajas competitivas y, por tanto, cuanto mejor integradas estén y más se aprovechen las cualidades de cada uno de sus integrantes, más fuerte será la misma. Nadie duda, pues, de que con personas implicadas, formadas y dinámicas resulta más sencillo afrontar situaciones complicadas como las que estamos experimentando actualmente.

Gestionar personas y equipos es gestionar compromisos y confianza, y ése es el valor diferencial que supone contar con empleados comprometidos y satisfechos con su desempeño. Nunca se debe obviar la importancia del factor humano en el camino de la excelencia. Es el capital más valioso. Sólo con una buena dirección de las personas se consigue mejorar los procesos y la rentabilidad sostenida. Es necesario mantener a los empleados contentos, satisfechos y que se sientan parte de un equipo. Esto se puede lograr por medio de formación, de retribuciones, de permisos, de facilidades y del equilibrio consciente del binomio trabajo-descanso pero, sobre todo, que se sientan identificados con la compañía y con los objetivos que ésta persigue. Si la persona está satisfecha, trabaja mejor, rinde más, aporta más ideas y se implica en el proyecto. Y esta tarea es responsabilidad, no sólo del Departamento de Recursos Humanos, sino de todos y cada uno de los jefes o mejor, de sus líderes.

Por todo ello, porque el beneficio de la empresa se forma o se destruye por la calidad o el comportamiento de sus empleados; porque sólo es a través de los recursos humanos que los demás recursos se pueden utilizar con efectividad, ¡revaloriza ese activo que se llama persona!

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