Fondos multiactivo: flexibilidad para cualquier entorno

Se trata de una categoría que trata de responder a mercados menos predecibles y la aparición de burbujas financieras cada vez más frecuente

El patrimonio gestionado de los fondos de inversión multiactivo ha tenido un crecimiento significativo durante los últimos años en toda Europa, y España no ha sido una excepción. Se trata de una categoría reciente que trata de responder a mercados menos predecibles y a la aparición de burbujas financieras de forma cada vez más frecuente. La necesidad de capturar retornos, asumiendo mayores riesgos por parte de los inversores conservadores es, en mi opinión, el gran catalizador de estos productos. El bajo retorno, incluso el rendimiento negativo, de los activos de renta fija sin riesgo de crédito en los países desarrollados ha convertido a un mayor número de ahorradores en inversores, y los ha llevado a utilizar el plazo de su inversión como una variable que les permite asumir mayores riesgos.

Con anterioridad a la gran crisis financiera, iniciada en 2008, los tradicionales fondos mixtos reunían algunas características similares a estos fondos, pero también tenían importantes diferencias. El proceso de asesoramiento financiero se basaba en la determinación del perfil del cliente: cliente conservador, equilibrado y arriesgado a modo de resumen; y la posterior gestión de las inversiones se basaba en la teoría moderna de gestión de carteras desarrollada por Markowitz en 1952. En un artículo publicado en Journal of Finance, presentó un modelo matemático con el objetivo de reducir el riesgo al invertir y mejorar el rendimiento de las inversiones tomando como base la volatilidad pasada y estimaciones de retornos para cada tipo de activo.

En España se impulsaron los fondos mixtos especialmente desde el proceso de armonización y reducción de tipos de interés que se produjo como consecuencia de la Unión Monetaria Europea. La reducción del margen de intermediación incentivó a la banca a la utilización de los fondos como su producto estrella, un producto fuera de balance que, además, les permitía mejorar sus ratios de retorno de capital. Podemos concluir que la asignación de activos era más consecuencia del ya citado proceso de determinación del perfil del cliente que de las expectativas de retorno de los gestores sobre los tipos de activos.

Con la entrada del presente siglo los inversores particulares se encontraron con burbujas financieras de diversa intensidad que incumplían los comportamientos previstos por Markowitz. La burbuja tecnológica, la crisis de Enron y la guerra de Irak acabaron desembocando en la ya citada gran crisis financiera.

Estos son los precedentes claves para entender la necesidad que apareció entre los particulares de los fondos multiactivo: los malos retornos de los mercados y la no retribución del riesgo asumido. A partir de las políticas monetarias de quantitative easing, además, se produjo el impulso definitivo, con la desaparición del riesgo retribuido para los activos financieros más conservadores, y por primera vez, la mayoría de los inversores se tuvieron que enfrentar a tipos negativos en el activo base del ahorro: el tipo de interés. Cabe destacar que, en este entorno, el riesgo medido como volatilidad genera un problema para los inversores particulares, al valorar el riesgo no retribuido como una herramienta de reducción de volatilidad, que lo es en un puro análisis matemático pero que incumple la premisa básica de para qué invertimos las personas.

El fondo multiactivo como tal, como decía, es una categoría poco conocida para el inversor no profesional, pero aporta mucho valor. Son fondos flexibles, que a menudo tienen objetivos de retorno absoluto. Los diferentes tipos de activos y estrategias se incluyen sin porcentajes determinados y el equipo gestor tiene flexibilidad para sobreponderar su exposición a un activo u otro en función de las circunstancias que existan en cada momento en el mercado. De ahí que este tipo de fondos se confundieran en los inicios con los fondos mixtos, donde esos porcentajes sí estaban predeterminados para un par de activos. Con un fondo así de flexible, el cliente rebaja el riesgo de errar en su asignación de activos.

El acceso a alternativas rentables con riesgos controlados, como, por ejemplo, la inversión en materias primas, o las diferentes divisas que puedan actuar como refugio y fuente de estabilidad para nuestra inversión es otra de las diferencias con respecto a los tradicionales fondos mixtos. Asimismo, ofrecen la posibilidad de invertir en opciones y futuros: herramientas complejas que pueden resultar útiles y eficientes en términos de coste y que suelen estar en manos de profesionales.

En los fondos multiactivo destaca el horizonte temporal, que debe estar orientado al largo plazo. Así vemos que el cliente retail no es tan consciente de este plazo, como sí resulta para el cliente profesional, y suele desinvertir cuando entra en pánico y no deja el tiempo suficiente para que el gestor actúe.

En definitiva, los fondos multiactivo actúan como una alternativa a la gestión de carteras de fondos. Al construir una cartera con fondos multiactivo se diversifica el riesgo de la asignación de activos, que supone el 80% del retorno de una cartera. Al no pasar por un comité de inversión tienen una agilidad y capacidad de reacción mayor que la gestión de carteras y dotan de mayor libertad al gestor. El uso de derivados como control de riesgo contribuye a la mejora de la volatilidad y preservar el capital, además de estabilizar los resultados de la inversión.

No hay que olvidar que los fondos multiactivo pueden convivir con la gestión pasiva, de modo que es una inversión sencilla para el inversor no profesional que permite la convivencia con otros tipos de gestión a la vez que le resulta una inversión única.

Rafael Peña es Socio de Olea Gestión y cogestor del fondo Olea Neutral