Los retos de una CEOE que testará su unidad en un clima de incertidumbre

Tal y como se preveía, las elecciones a la presidencia de CEOE se saldaron ayer con la victoria de Antonio Garamendi, que se impuso claramente a su rival, la vicepresidenta de Fomento del Trabajo, Virginia Guinda, por 534 votos frente a 87 de un total de 643 emitidos, y aseguró con contundencia sus próximos cuatro años al frente de la patronal. Aunque la entrada en escena casi a última hora de Guinda propició que durante la campaña se evidenciase la coexistencia de visiones contrapuestas y diferencias en CEOE, la vicepresidenta de Fomento del Trabajo no ha logrado conformar una candidatura lo suficientente sólida como para hacer frente al liderazgo de Garamendi. Los resultados de los comicios registraron la abstención de un tercio de los electores, lo que confirma que existe un segmento que Guinda no ha conseguido captar. Ni el presidente de Faconauto, Gerardo Pérez, que llegó a manifestar su intención de presentarse a las elecciones, ni el de Cepyme, Gerardo Cuerva, que cuenta con apoyos notables y cuyas diferencias con Garamendi son ampliamente conocidas, quisieron competir por el sillón de la presidencia, pese a contar a priori con mayor respaldo que la candidata.

El discurso de Garamendi, que hizo una previsible pero oportuna llamada a la unidad de los empresarios, centró ayer la hoja de ruta de la patronal para los próximos meses, al exigir mayor seguridad jurídica y más estabilidad y calidad regulatoria para las normas que afectan al tejido empresarial, además de criticar lo que denominó “impuestos a la carta” en clara referencia a los últimos gravámenes aprobados por el Gobierno. Junto a esas demandas, que constituyen temas pendientes y marcarán el comienzo de este segundo mandato, la celebración de los comicios debería poner fin a la congelación de las negociaciones que la patronal mantiene con los sindicatos y el Gobierno, paralizadas durante la campaña para evitar supicacias y tensiones entre los sectores contrarios a los acuerdos debatidos.

Pero una vez resuelta la cuestión del liderazgo, y dado que Garamendi ha fijado el próximo día 21 para la celebración de la primera junta directiva de su segundo mandato, es tiempo de conformar un diálogo social que se presenta tenso y complejo y cuyo nucleo duro serán las subidas salariales que propugna el Gobierno y los sindicatos, entre las que se incluye un nuevo aumento del SMI. Se trata de uno de los muchos retos que aguardan a una CEOE que deberá testar su unidad y fortaleza en una etapa marcada por la crisis y la incertidumbre económica.