Tecnología verde

Las empresas del sector debemos incorporar prácticas más sostenibles desde nuestro diseño más básico, para que sea un proceso automático

La tecnología forma parte de nuestra vida y tiene un impacto enorme sobre el consumo energético, ya que la cantidad de datos que generamos en el trabajo y en el ámbito privado crece de manera exponencial: en 2020, a nivel mundial, se generaron 64,2 zettabytes; en 2025 se prevé casi triplicar esa cifra. Algunos estudios señalan que entre un 2%-4% de las emisiones de gases de efecto invernadero procede de las TIC, y, por lo tanto, de los datos. Se estima que la huella de carbono de la tecnología digital se duplicará en 2025.

Sin duda, la tecnología tiene la capacidad de ayudarnos a vivir de una manera más sostenible: la utilizamos para trabajar, para conectarnos y divertirnos, y disminuye los desplazamientos. Esto proporciona una oportunidad excelente para contribuir positivamente a reducir el consumo de energía, forjar un futuro más verde y sentar precedentes más sostenibles.

Muchos recordamos cuando los esfuerzos de sostenibilidad y las estrategias tecnológicas no tenían nada que ver. Ahora, son pocas las organizaciones que no tienen la huella ambiental y la reducción energética como temas destacados de su agenda. A medida que las administraciones han ido introduciendo nuevas obligaciones, las empresas han buscado el modo de reducir sus emisiones y mejorar la sostenibilidad. Al principio, muchas compañías se sumaron a esto porque ser verde era una ventaja competitiva; ahora mismo se trata de una necesidad. Una responsabilidad compartida en la que las empresas privadas deben cumplir con su parte para contribuir a reducir el carbono.

A medida que se generan más datos, es imprescindible buscar soluciones tecnológicas más sostenibles, elemento clave de la reducción del consumo de energía. El almacenamiento flash es el ejemplo perfecto de esta tecnología: ocupa menos espacio y necesita menos refrigeración que sus equivalentes basadas en el disco. Este tipo de soluciones deben estar preparadas para ampliar su capacidad bajo demanda cuando los clientes así lo necesiten y para reducir su consumo energético.

La escalabilidad se ha convertido en un elemento importante para los clientes, ya que con un modelo como servicio las compañías pagan solo por los recursos que necesitan. También permite sacar el máximo partido posible a su inversión, minimizar el consumo energético y reducir sus residuos tecnológicos, ya que las empresas ya no tienen que funcionar con unos sistemas infrautilizados o sobredimensionados.

De cara a 2050, el Foro Económico Mundial (FEM) apunta que las tecnologías digitales podrían reducir las emisiones globales en un 20%. Sin embargo, el FEM reconoce que esto solo ocurrirá si se utilizan las tecnologías adecuadas: aquellas en las que la eficiencia sea un elemento central, que eviten los residuos innecesarios y contribuyan a los objetivos de sostenibilidad.

En un contexto como este, las compañías tenemos la responsabilidad de implementar unos procesos más verdes. En concreto, las empresas tecnológicas debemos incorporar metodologías y prácticas más sostenibles desde nuestro diseño más básico: solo de este modo este proceso se convertirá en un proceso automático.

Adela de Toledo es 'country manager' para España y Portugal de Pure Storage