La inflación prolongada fuerza a invertir con el freno de mano

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha abierto los ojos a quienes los mantenían cerrados hasta ahora, para hacerles ver que el escenario de inflación elevada y tipos al alza será prolongado en el tiempo, con el consiguiente deterioro del crecimiento económico, que bien podría desaparecer por una temporada y tener que encajar una recesión. El cambio de previsiones anunciado tras la última reunión del consejo de gobierno del BCE deja claro que habrá una recesión más o menos prolongada, aunque literalmente solo se habla de estancamiento, y que la inflación rondará el 10% este año, bajará más bien poco en 2023 y que solo hacia el final de 2024 estará en valores compatibles con lo que la autoridad de Fráncfort considera estabilidad de precios (2% o ligeramente por encima). Un pequeño invierno económico, en definitiva, pero que se superará si todo va bien y cada cual hace su trabajo (BCE, empresas, Gobiernos, consumidores) y si la endemoniada geopolítica encauza las aguas desbordadas de la guerra, sin duda la variable que mayor incertidumbre incorpora al escenario económico, puesto que tiene al mercado energético en un susto continuo.

Así, con un paisaje propio de la estanflación y por un periodo nada despreciable, la gestión de la inversión no es fácil ni siquiera para los profesionales, y desde luego una gincana llena de obstáculos para los particulares. En los instrumentos más tradicionales de inversión sin riesgo, que empiezan ya a agitarse por la propia industria financiera, los particulares deben saber que únicamente lograrán limitar la pérdida que ocasiona la inflación, puesto que la remuneración nominal del ahorro tradicional no superará el 2% y de forma muy temporal. Por tanto, habrán de buscar mejores alternativas, aunque lógicamente asumiendo dosis más elevadas de riesgo.

Los bonos remuneran mejor que los depósitos, con tasas que superan el 3% en algunos emisores en EE UU y Europa, pero siguen sin cubrir la mordida de la inflación. Solo mantener los títulos a vencimiento puede compensar para productos de vida larga si en un par de años los pagos compensan la inflación porque sus tasas se hayan moderado hasta donde quiere el BCE (2%). Existe también la posibilidad de comprar los títulos en el secundario con descuento, cual cotizan ahora, y venderlos en el mismo mercado cuando el descenso de los tipos de interés les haya devuelto precios atractivos.

Pero la mejor alternativa financiera sigue siendo la renta variable, aunque manejada con pies de plomo, de tal forma que solo en compañías de ingresos muy recurrentes (alimentarias, farmas, tecnológicas o infraestructuras) figuren en la cartera, puesto que además de mantener el reparto regular de dividendo, su capacidad de resistencia las revalorizará convenientemente.