Alemania, fría y oscura, en la trampa de Putin

Es probable que la economía haya entrado en recesión en el tercer trimestre mientras la energía nuclear divide al Gobierno como respuesta a la crisis

Pronto no solo hará mucho frío, sino será más oscuro. Alemania está metida en la trampa de Putin y va a perder bienestar durante varios años, como pronostica Marcel Fratzscher, el jefe del instituto de investigación económica DIW. Probablemente ha entrado ya en recesión en el tercer trimestre. Los crecientes precios energéticos serán un problema para muchos hogares alemanes, la mitad de los cuales se calientan con gas. La inflación podría llegar hasta el 10% a finales de año. Las causas son conocidas, la guerra en Ucrania, la grave crisis energética y los problemas en la cadena de suministros; pero la crisis actual es un reto en Alemania porque cuestiona la promesa del Estado social de los últimos 70 años y porque impacta en un país muy desigual. Por ejemplo, en su capacidad de ahorro: el 40% de la población mayor de 20 años no tiene patrimonio ni ahorros.

Desigual es también en las oportunidades de sus ciudadanos. El ascenso social a través de la formación y el trabajo es en Alemania más difícil que en el resto de países europeos. Pero la política sí que puede repartir las cargas económicas causadas por la inflación. Y el Gobierno tripartito, formado por socialdemócratas, verdes y liberales, lo hace, aunque le llueven las críticas; sobre todo, al ministro de Economía y Clima, el verde Robert Habeck, a causa de los elevados precios energéticos, por su impuesto al gas y por el plan de que solo dos de sus tres plantas nucleares operen en modo de reserva el próximo invierno en el caso de que no haya energía eléctrica suficiente.

La idea de Berlín es superar la recesión solidariamente, pero esta no es una crisis cualquiera. La industria la califica como la mayor crisis energética de la historia de la República y también el jefe del Instituto económico Ifo, Clemens Fuest, cuenta ya con una recesión. Muchas empresas podrían dejar de producir temporalmente.

El Gobierno alemán quiere defender el orden de seguridad europeo y el estado social ante un Putin que usa la política energética como arma contra el bienestar germano y su cohesión social. La respuesta de Olaf Scholz es ahorrar todo lo posible y acelerar la inversión y la apuesta por las energías renovables. Pero el tripartito sufre por diferencias en la misma coalición y por la erosión que provocan las fuertes críticas de la oposición del CDU democristiano, como las de Friedrich Merz, quien ha llamado ignorante al canciller y loco a Habeck por su política energética.

El ministro de Finanzas, el liberal Christian Lindner piensa que la energía debe ser segura y pagable, por lo que defiende la energía nuclear, en la misma línea que la oposición. También el presidente de la patronal de la industria (BDI), Siegfried Russwurm, ha declarado que “ante la mayor crisis energética de la historia de la República, que el Gobierno renuncie a la energía nuclear es negativo para el suministro y para los precios energéticos.” Una de cada tres empresas teme por su existencia y una de cada diez ha reducido su producción. Sin embargo, el verde Habeck está dispuesto a posponer el cierre de las centrales solo hasta mediados de abril.

You never walk alone, “no estarás solo” repite en inglés el canciller Olaf Scholz una y otra vez para acentuar su política social. El Gobierno ha aprobado su tercer paquete de rescate por un valor de 65.000 millones de euros en forma de reducciones fiscales y ayudas directas (aumento de la prestación por hijos a cargo, una ayuda energética para jubilados y estudiantes y el abono mensual de transporte público por 49 euros). También se ha aprobado la tasa del gas, por la cual a partir del 1 de octubre todos los consumidores pagan más por el gas (2,4 céntimos por kilovatio hora) para sostener a importadores como Uniper, afectados por el incremento de costes de importación de energía. Por otro lado, para amortiguar el impacto del aumento de precios se reducirá el IVA del gas del 19% al 7% tanto para empresas como para hogares privados. En cuanto al precio tope de la electricidad para el consumo básico, se aplicará una tasa reducida hasta un determinado consumo. La propuesta es limitar el precio de los primeros mil kilowatios hora por persona. A partir de ese tope el precio sería el del mercado, en consonancia con lo que recomiendan los expertos del Instituto Ifo, que opinan que “no se reducirá el consumo energético si no se trasladan los altos precios al consumidor“, pero apoyando a la población más vulnerable para garantizar que todos contribuyan al ahorro energético según sus posibilidades.

El paquete se financiará a través de un impuesto a beneficios extraordinarios, por ejemplo a los obtenidos por empresas energéticas. El Gobierno busca un nuevo modelo de mercado energético porque considera que los actuales precios son en algunos casos injustificados. Los productores con costes más bajos, como el eólico y el solar, cobran ahora lo mismo que las empresas de centrales eléctricas alimentadas con gas. Es decir, el precio más alto es la referencia para todas formas de energía.

¿Hay dinero? El ministro de Finanzas, Lindner, ha advertido que está al tanto de cómo evolucionan los ingresos y los gastos de 2022. Quiere evitar que se paguen más impuestos cuando los aumentos salariales apenas compensen el incremento de la inflación. E insiste en que, desde el punto de vista económico, no le convence querer resolver todo con dinero en una fase de inflación como la actual. Lindner opina que no solo hay que evaluar la cuestión de la estabilidad de la red eléctrica alemana y saber si estaría preparada ante distintos escenarios de restricción energética, sino que la cuestión es también el precio de la energía; por lo que propone posponer el cierre de las plantas nucleares hasta 2024.

La crisis energética implica una crisis de oferta, por lo que habría que aprovechar todas las posibilidades que brinda la economía energética. No obstante, cambiar ahora el rumbo y apostar por la energía nuclear descolocaría todo el orden político y económico alemán, que apuesta por un rápido futuro verde y por la neutralidad climática hasta 2045. El canciller Scholz defiende el curso tomado por el Gobierno. Y no solo promete que nadie se quedará solo sino que “vamos a pasar este invierno.”

Lidia Conde es analista de política y economía alemana