A Fondo

¿Se enfría el empleo o hay que leer los datos de otra forma?

El aumento de la contratación fija por la reforma laboral lleva al Gobierno a pedir cambios al analizar la marcha del mercado de trabajo y a negar una crisis

Dos trabajadores en una fábrica.
Dos trabajadores en una fábrica.

La incierta e inestable coyuntura económica y los primeros efectos de la reforma laboral están convirtiendo el análisis de los datos macro en un ejercicio de adivinación. Las cifras del mercado laboral en julio venían precedidas de avisos del Gobierno, preparando a la opinión pública para lo que se avecinaba: los datos no iban a ser buenos y desde el Ejecutivo no querían que se vinculasen a un cambio de ciclo y al inicio de una nueva debacle del empleo.

Lo cierto es que, a priori, era difícil que la comparativa de los datos de julio de este año con el mes anterior y con julio del año pasado resultara muy positiva. Como bien explicó, antes incluso de publicarse estas cifras, el estadístico especializado en el mercado de trabajo, Raül Segarra, ante la tentación de intentar vincular un posible mal resultado del empleo a un claro enfriamiento de la economía, lo ideal sería comparar las cifras de julio con la media de lo que hizo la afiliación en dicho mes de 2017 a 2019. Según explicó, hacer la comparativa con 2021 no sería del todo correcto “porque ese año hubo un efecto rebote muy claro; y tampoco con 2019, ya que ese ejercicio empezó la desaceleración tras la recuperación de la crisis de 2008”. Por tanto, guiándose por la media de los años citados, Segarra ya anticipó que en julio “crecimientos muy inferiores 36.000 cotizantes en julio (33.000, según cifras desestacionalizadas) serían malas noticias”.

Finalmente, las cifras de paro del mes pasado, pero sobre todo las de afiliación a la Seguridad Social, dejaron malas noticias: 7.366 cotizantes menos y 3.230 parados más. Era la primera vez que caía la ocupación en julio en más de veinte años. Se confirmaba así un severo frenazo de la contratación en la segunda mitad de mes, en la que se destruyeron nada menos que 100.000 empleos.

Ante esta situación la maquinaria del Gobierno volvió a actuar para mandar un mensaje. La vicepresidenta y ministra de Asuntos Económicos, Nadia Calviño y los secretarios de Estado responsables del área de Empleo, Joaquín Pérez Rey y de Seguridad Social, Borja Suárez, destacaron en comparecencia pública las buenas cifras de contratación indefinida, que naturalmente atribuyeron a la reforma laboral. Pero fueron estos dos últimos dirigentes los que se empeñaron con mayor énfasis en sugerir que los efectos de dicha reforma podrían incluso obligar a empezar a analizar “de otra manera”, “con otro tipo de indicadores” las cifras mensuales de empleo. Con ello aventuraban que la estacionalidad del empleo en España podría empezar a suavizarse por lo que una menor contratación en meses que hasta ahora eran más fructíferos por la dinámica estacional, no tendría que ser una mala noticia, porque no reflejaría necesariamente un empeoramiento del mercado.

En otras palabras, lo que se empieza a barajar desde el Ejecutivo es que en campañas como la estival, la navideña, la de rebajas o las agrarias no vaya a crearse tanto empleo porque un buen número de trabajadores a los que antes de la reforma se hacía un contrato temporal ahora tendrán probablemente un indefinido o fijo discontinuo, con lo que no se reflejan en la estadística como nuevas bajas y nuevas altas.

En este sentido, Segarra llama la atención sobre otro efecto que, gracias a la reforma laboral podría mitigar la estacionalidad de la contratación. Se trata de las denominadas “vacaciones de cotización”, según las cuales muchas empresas dejan de contratar o de renovar temporales en agosto para ahorrarse la cotización de sus trabajadores. “Esto debería moderarse con la reforma laboral. Si este año cae la afiliación en agosto tanto como en otros años no será una buena señal”.

Dicho todo esto, y aunque los responsables del Gobierno puedan tener parte de razón al defender el cambio estructural del mercado por la reforma –el stock de trabajadores indefinidos es del 80% en la actualidad frente al 69% de la media 2015-2021–, la mayoría de los expertos que se van pronunciando al respecto consideran que aún no ha pasado el tiempo suficiente para confirmar que todos estos nuevos contratos fijos operarán realmente como tales y no tendrán una duración más corta de lo habitual.

Esto ocurriría si muchos empresarios siguieran prescindiendo de una buena parte de sus trabajadores fuera de temporadas estacionales, pese pagar más por su despido, algo que todavía no se ha podido comprobar del todo por el poco tiempo transcurrido con la nueva normativa.

Otro signo de que es demasiado pronto para decir que los datos de empleo deben empezar a analizarse desde la perspectiva de un país con menos temporalidad lo daba número dos del Ministerio de Trabajo, quien volvía a ponerse la venda antes de la herida, en esa misma comparecencia pública. En concreto, Pérez Rey advertía que “los ciclos estacionales del empleo no desaparecen más allá de los problemas de incertidumbre e inflación”, ante lo que alertaba de que la ocupación podía entrar hasta final de año en una fase de enfriamiento, “no atribuible a una desaceleración económica si no a un comportamiento normal de la estacionalidad del empleo”. ¿En qué quedamos? ¿Los malos datos del mercado laboral son una muestra de los efectos positivos de la reforma laboral, que hace menos estacional el empleo y hay menos dinamismo en la contratación, o son fruto de una estacionalidad normal del país? Los datos de agosto arrojarán algo de luz sobre esta cuestión. De hecho, el ministro de Inclusión Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá, ya dijo a primeros de mes que el mercado se estaba comportando según la media de los años anteriores, esto es, fuertemente afectado por la estacionalidad. Y esta misma semana ya conoceremos, con los datos de afiliación a mediados de mes, si finalmente el Gobierno se decanta por esta tesis, confirmando que se mantiene la estacionalidad del mercado, y lo que existe es un enfriamiento, o detectan síntomas de lo contrario.

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