De los guerreros de Xi’an de Qin, a Xi Jinping

China haría bien en mantener la política pragmática de sus antecesores respecto a Taiwán, y EE UU también debería evitar los conflictos innecesarios

En el siglo III a. C., el emperador Qin Shi Huang unificó diversos reinos combatientes y sentó los cimientos del moderno imperio chino, con importantes inversiones en infraestructuras y administración pública, incluyendo la Gran Muralla. Dos milenios más tarde, el actual líder chino, Xi Jinping, parece perseguir las ansias reunificadoras de aquel soberano, a juzgar por las espectaculares maniobras militares alrededor de Taiwán.

La pequeña y frágil isla, siempre a merced de tifones y terremotos, es uno de los muchos conflictos políticos sin resolver, como Chipre, Israel/Palestina, Sáhara Occidental y otros tantos. Sin embargo, los gobernantes chinos han demostrado durante décadas un inusual y admirable interés por el bienestar de sus pueblos, procurando siempre la colaboración por encima de la confrontación.

Hasta hoy, China es el primer socio comercial de Taiwán, mientras unos 200.000 taiwaneses residen en el continente, sobre todo gestionando fábricas y negocios. Sin embargo, ambos territorios también compiten por el liderazgo mundial de los semiconductores, con un Taiwán condicionado cada vez más por sus aliados norteamericanos.

Así, en 2021 el gigante taiwanés de los semiconductores TSMC empezó las obras para construir una fábrica en Arizona como alternativa a sus vulnerables instalaciones, situadas justo frente a la China continental. Mientras, Pekín prevé destinar 170.000 millones de dólares a potenciar su propia industria de microchips, aún en un nivel tecnológico inferior al taiwanés, pero cada vez más cerca.

La preocupación de Taiwán es evidente, al observar los recientes acontecimientos en Hong Kong. Sin entrar en la cuestión de los derechos y libertades, la “reunificación” forzosa promovida por Xi solo ha logrado desplazar, quizás para siempre, a la excolonia de la capitalidad económica de Asia, en favor de Singapur.

La torpeza americana en el Pacífico no debería conducir a los errores en el Este europeo, que, sin justificar la guerra de Ucrania, contribuyeron sin duda a escalar la tensión con Rusia en la última década. Las ansias imperialistas de Xi, como las de Putin y otros muchos líderes populistas alrededor del mundo, aconsejan contener el fuego antes de que derive en un incendio sin precedentes.

Xi haría bien en mantener la política pragmática de sus antecesores respecto a Taiwán, y EE UU también debería evitar los conflictos innecesarios. Al fin y al cabo, el antiguo emperador Qin es mundialmente conocido por las espectaculares estatuas de jinetes enterradas en su mausoleo de Xi’an, más que por sus batallas y victorias.

Jacinto Soler-Matutes es economista y profesor de Estudios Asiáticos en la UAB