La situación económica de China eleva los riesgos de la visita de Pelosi

La ralentización del crecimiento dificulta las represalias y hace más probable un conflicto militar

Nancy Pelosi, ayer a su llegada al hotel en Taipéi, la capital de Taiwan.
Nancy Pelosi, ayer a su llegada al hotel en Taipéi, la capital de Taiwan.

Las dificultades financieras de China aumentan el riesgo de un enfrentamiento con Estados Unidos. Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, aterrizó el martes en Taiwán a pesar de las advertencias de Pekín de no visitar la isla que ha prometido reunificar, por la fuerza si hiciera falta. La volatilidad económica y las vitales cadenas de suministro dificultan que el presidente chino, Xi Jinping, tome represalias contra empresas estadounidenses y taiwanesas. Extrañamente, eso podría hacer más probable un enfrentamiento militar.

No es el primer gesto llamativo de Pelosi hacia China; en 1991, desplegó una pancarta en la plaza de Tiananmen de Pekín en apoyo de los manifestantes por la democracia. Ahora se ha convertido en la segunda portavoz que visita Taiwán, después de Newt Gingrich en 1997, cuando las relaciones eran más cálidas y China era más débil. Aunque el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha distanciado a su Gobierno de la visita, los medios estatales chinos advierten de una respuesta militar.

Para las empresas estadounidenses y taiwanesas, la cuestión es si Pekín tomará represalias contra ellas. Taiwán es vulnerable. Sus exportaciones al continente chino y Hong Kong superaron los 188.000 millones de dólares el año pasado, lo que supone más del 40% del total. En el caso de la agricultura, la proporción es mayor. Las autoridades chinas prohibieron el lunes por la noche la importación de unos 100 productos alimentarios taiwaneses, según informaron medios locales.

Sin embargo, a Pekín no le queda más remedio que seguir importando bienes de mayor valor, como los semiconductores en los que Taiwán está especializado. Cortar el suministro de chips a los fabricantes chinos repercutiría en las exportaciones; gigantes taiwaneses como TSMC y Foxconn dan trabajo a muchos empleados en el continente. Lo mismo ocurre con muchas empresas estadounidenses.

China también tiene motivos para no ir demasiado lejos a la hora de ahogar las inversiones. El castigar a las empresas estadounidenses y taiwanesas con actividades en la República Popular daría la razón a quienes sostienen que los extranjeros deben abandonar el mercado, como hizo el fabricante de automóviles Stellantis en julio.

Con casi todos los indicadores económicos empeorando, salvo las exportaciones, Xi está bajo presión mientras se prepara para buscar un tercer mandato. La fuga de capitales o la interrupción del comercio no ayudarían a su posición. Sin embargo, Xi también puede sentirse obligado a aplacar a los nacionalistas enfurecidos en su país. Esto aumenta las posibilidades de una demostración de fuerza militar y de un choque accidental entre Estados con armas nucleares en una de las rutas marítimas más transitadas del mundo. La paz comercial no puede suplantar a la real.