Rusia pincha lentamente la industria alemana

BASF y otras empresas pueden apañarse con menos gas, pero quizás trasladen producción al exterior

Planta de BASF en Schweizerhalle, cerca de Basilea (Suiza).
Planta de BASF en Schweizerhalle, cerca de Basilea (Suiza). reuters

El sector industrial alemán tiene un problema. La última amenaza de Rusia de reducir el suministro de gas a través de su gasoducto Nord Stream 1 significa que grandes empresas como BASF, con un valor de 39.000 millones de euros, estén examinando frenéticamente cómo limitar el uso de energía. Los resultados del gigante químico del miércoles muestran flexibilidad, pero a Berlín pueden no gustarle las implicaciones a largo plazo.

En 2020, los costes energéticos de BASF y de los grupos alemanes Evonik, de 9.000 millones, Wacker Chemie, de 7.000 millones, y Covestro, de 6.000 millones, representaron una media del 5% de sus costes de producción, según UBS. Este año, superarán el 40%.

Si los flujos de Nord Stream 1 se hubieran mantenido en el 40% de lo normal, la industria alemana solo habría tenido que recortar su demanda de gas de 2022 en un 20% interanual, dice UBS. La decisión de Vladímir Putin de reducir los flujos de Nord Stream 1 al 20% crea un problema mayor. Si las importaciones rusas se reducen a cero, el uso de gas industrial alemán en lugares como la gigantesca planta de BASF en Ludwigshafen podría tener que reducirse a la mitad.

BASF tiene opciones. Su jefe, Martin Brudermüller, calcula que Ludwigshafen podría seguir funcionando aunque redujera a la mitad los 48 teravatios-hora de gas europeo que necesitó el año pasado, aunque con una capacidad reducida. La empresa podría repercutir algunos costes más altos a los clientes, y su participación del 73% en el productor de petróleo Wintershall Dea debería de ser una lucrativa cobertura. Por último, puede sustituir la producción de amoníaco y gas natural sintético en Alemania por productos fabricados fuera de Europa, utilizando gas más barato.

Sin embargo, si el gas ruso desapareciera, podría restar 1.500 millones a los 7.000 millones de beneficio operativo del grupo este año, calcula Berenberg. Según un analista, los efectos indirectos de una economía europea más débil, que provocaría una menor demanda de productos químicos, podrían duplicar el golpe, hasta los 3.000 millones. Esta cifra estaría en consonancia con la caída del 40% del precio de las acciones de BASF desde febrero. El hecho de que Wintershall tenga operaciones en Rusia significa que no se puede confiar en sus tesoros.

El Gobierno alemán, dado que acaba de destinar 15.000 millones a rescatar al importador de gas Uniper, es posible que considere que la rentabilidad del sector químico es una prioridad menor. Pero menos amoníaco significará menos fertilizantes para la agricultura y menos insumos para las industrias alimentarias. Y el coste de la compra de gas natural licuado, muy caro, para sustituir los flujos de Putin, implica que los costes energéticos seguirán siendo altos.

A largo plazo, al orgullo de la industria alemana puede convenirle trasladar la producción a algún lugar con energía más barata. Eso es lógico para BASF, que vende tres quintas partes de sus productos a clientes no europeos. Para Alemania, donde el sector industrial representa una cuarta parte de su PIB de 4 billones e impulsa las exportaciones, es un problema.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías