Italia se sitúa en un solitario y arriesgado limbo

El farol de Draghi se ha vuelto esta vez contra él: sin un Gobierno creíble, el país crecerá menos

Mario Draghi, el miércoles en el Senado italiano.
Mario Draghi, el miércoles en el Senado italiano. reuters

Como banquero central, Mario Draghi era famoso por sus movimientos audaces, como su promesa de 2012 de hacer “lo que fuera necesario” para salvar el euro. Como primer ministro de Italia, su farol se ha vuelto contra él. En la votación de confianza del miércoles, pretendía obtener un amplio mandato de su coalición para las reformas. En lugar de eso, la abstención de los partidos clave significará ahora la celebración de elecciones, dejando a Italia en un peligroso limbo.

El expresidente del Banco Central Europeo fue lanzado en paracaídas en 2021 para sacar a Italia de la pandemia, e impulsar las reformas para asegurar los fondos de rescate de la Unión Europea por el Covid-19. Pero a medida que se acercaban las elecciones del año que viene, algunos partidarios políticos se mostraban inquietos. Al convocar una votación de confianza el miércoles, Draghi subrayó la necesidad de nuevas reformas, incluidas las del sistema fiscal y jurídico de Italia. Aunque ganó la votación, los partidos clave de su coalición, entre ellos la derechista Liga y el populista Movimiento 5 Estrellas, se abstuvieron.

En las elecciones de otoño, el resultado más probable es una coalición de derechas liderada por los euroescépticos Hermanos de Italia. Esta tendrá dificultades para continuar las reformas de Draghi o para convencer a los socios de la UE de que Italia puede controlar su deuda, que ronda el 150% del PIB.

La crisis política llega en un mal momento. Como gran importadora de energía, la economía italiana podría sufrir, calcula el Fondo Monetario Internacional, un golpe equivalente al 5% del PIB si el líder ruso Vladímir Putin corta el gas a Europa.

Además, una Roma sin timón podría ser menos capaz de impulsar reformas o de cumplir las normas fiscales de la UE. Ello dificultará que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, incluya a Italia en su nuevo programa de compra de bonos, destinado a ayudar a los Estados más débiles a mantener los costes de endeudamiento bajo control mientras sube los tipos. Por último, sin un Gobierno favorable a las reformas, Italia podría no tener derecho a los desembolsos del fondo de rescate europeo por el Covid-19, de 672.000 millones de euros.

Una crisis en toda regla, como la del mercado de deuda en 2012, que obligó a Draghi a comprometerse a comprar bonos, no es inevitable. Aunque los rendimientos de los bonos italianos saltaron el miércoles, los costes de endeudamiento a 10 años de Roma, en torno al 3,5%, son la mitad de los máximos de 2011. Sus bancos están bien capitalizados. E incluso es improbable que un Gobierno euroescéptico saque a Italia de la moneda única en este momento.

Pero hasta que Italia no encuentre un Gobierno creíble y reformista, se enfrentará a un crecimiento más débil, a una menor inversión y a unos mayores costes de endeudamiento. Eso es un gran gol en propia puerta.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías