Europa prepara el escudo contra el armamento de invierno de Rusia

Que nadie dude de que si Alemania entra en recesión toda Europa va detrás

Los imperios expansionistas europeos de distinta naturaleza en los últimos siglos intentaron varias veces dominar la gran Rusia por la fuerza y todos experimentaron la misma suerte: todo fue muy bien hasta que el general invierno tomaba la iniciativa desde Moscú y cuasi con dejar pasar las semanas devolvía la ofensiva para derrotar al enemigo con temperaturas insoportablemente frías y devolverlo a la vieja Europa. En la guerra moderna ensayada en Ucrania, en la que participan los países europeos de la Unión con provisión de armas y férrea oposición diplomática, el frío sigue siendo el proyectil ruso más temido, que ahora se explicita en la dosificación hasta cero de la energía que Moscú inyecta en toda Europa, pero especialmente en los países más orientales, entre ellos en la próspera Alemania. Europa lleva poniéndose la venda antes de que se abra la herida desde febrero, consciente de que Putin usará la energía como arma de guerra y tratará de devolver de forma supuestamente pacífica los efectos de las supuestamente pacíficas sanciones de Occidente.

Europa ya está en una severa crisis energética desde el inicio de la guerra, que ha funcionado como un multiplicador de las tensiones inflacionistas aparecidas ya en 2012 con la quiebra de la oferta de infinidad de materiales industriales. Pero los precios desorbitados que hoy paga por la energía pueden quedarse pequeños si Moscú corta definitivamente la provisión de gas en invierno, una circunstancia que quita el sueño a los Gobiernos europeos desde hace meses. El forcejeo verbal entre Putin y Occidente a propósito del cierre temporal del gasoducto Nord Stream es solo un ensayo de lo que puede pasar, y Europa ha decidido poner en marcha un programa de ahorro energético –con la oposición expresa del Gobierno español–, que empieza siendo voluntario, pero que puede convertirse en obligatorio por la imposibilidad de disponer de más gas.

El FMI ya ha advertido de un coste muy serio en materia de crecimiento para los países europeos si se materializa el corte de gas, con más daño en el este que en la Península Ibérica. Pero que nadie dude de que si Alemania entra en recesión toda Europa va detrás, porque tiene muy complicado crecer si el motor industrial de la zona euro se para. Apelar a nuevos esfuerzos diplomáticos va de suyo, pero que nadie ponga toda la esperanza en gestos amistosos de quien ha desatado la guerra. Por tanto, Europa sustituirá en la medida de lo posible sus fuentes de generación energética y de aprovisionamiento de los materiales de los que carece, echando incluso mano de nuevo de fuentes hasta ahora repudiadas (carbón y nuclear); será más caro y habrá menos crecimiento, pero empresas y hogares deben aplicarse en un consumo riguroso para evitar vivir de rodillas ante Rusia.