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¿Me interesa invertir en activos alternativos?

La inversión alternativa puede ser un buen complemento para diversificar nuestro patrimonio, siempre que cumplamos unas condiciones

La inversión alternativa ha llegado para quedarse y cada vez tiene más seguidores. Aunque ya ha comenzado la normalización de la política monetaria con las primeras subidas de tipos en Estados Unidos y las próximas en Europa, el entorno de bajos tipos de interés en el que llevábamos años instalados ha hecho que muchos inversores comiencen a buscar rentabilidad más allá de los clásicos activos cotizados, y ese guante también lo ha recogido la industria.

Las cifras demuestran que la inversión en activos alternativos está en pleno boom y queaún tiene recorrido. Desde Preqin esperan que el crecimiento en alternativos se acelera en los próximos cinco años. Y, en su último informe de previsiones, hablan también de una cifra de 23,21 billones de dólares para el año 2026.

Las inversiones alternativas engloban muchos tipos de activos. Desde el más conocido como el private equity, pasando por las infraestructuras, las materias primas o la deuda privada, además de la inversión en arte, joyas, etc. En realidad, no hay una definición exacta sobre lo que se entiende por inversión alternativa más allá de que aglutina todo aquello que no cotiza.

¿Es un tipo de inversión apta para todos los bolsillos?

Actualmente, en nuestro país, hay una cantidad mínima para poder invertir en fondos de inversión alternativa. El ticket mínimo se encuentra en 100.000 euros, una cuantía que hace que los fondos de inversión alternativa sean más un destino para el inversor profesional, grandes patrimonios o famlily office y no tanto para el minorista. Aunque esto va a cambiar.

Desde el Ministerio de Asuntos Económicos estaban preparando la rebaja del umbral mínimo para poder invertir en este tipo de vehículos, desde los 100.000 euros actuales a 10.000 euros. Un proyecto de ley que el Gobierno aprobó el pasado mes de diciembre y que ahora se encuentra en tramitación parlamentaria.

El proyecto de ley, tal y como recogía Europa Press, introducía una serie de reformas para impulsar la inversión colectiva y el capital riesgo en España. Así, además de esa rebaja en el límite a 10.000 euros, incluye que “el inversor minorista deberá acceder a este tipo de vehículos siempre bajo asesoramiento y sin que estas inversiones puedan superar el 10% en el conjunto de su cartera”.

Una de las principales características de los activos alternativos es su iliquidez. Y esta falta de liquidez puede suponer un riesgo para el inversor. Por eso, además de cumplir con los requisitos establecidos, el inversor debe realizar un análisis de su situación financiera, patrimonial y personal, para ver, primero, qué porcentaje podría destinar a estas inversiones y si en el medio y largo plazo va a poder tener alguna necesidad de liquidez.

En este sentido, Marta Campello, socia y gestora de fondos en Abante, recuerda la importancia de la formación y la gestión de las expectativas: “Hay que explicar muy bien las cosas. Hay que entender los riesgos de la iliquidez, lo que significa que un día necesites el dinero de manera urgente y que no lo puedas rescatar o que lo hagas, pero pagando un precio que te haga perder la rentabilidad o parte de lo que has ganado”.

Los activos alternativos, al no cotizar, no nos dan un valor liquidativo diario, pero eso, como recuerda Campello, no hace que estemos exentos del riesgo: “La inversión en alternativos tiene que casar con nuestro perfil de riesgo y horizonte temporal de inversión”.

Los plazos de este tipo de vehículos suelen ser de varios años. Y esto, también puede ser una gran ventaja. El hecho de que no podemos rescatar nuestra inversión en 8 o 10 años hace que nuestra mente piense más en el largo plazo. Es una forma de invertir para nuestro yo futuro y de comprometernos más con él, como puede pasar con los planes de pensiones, que comparten esa iliquidez.

“Los activos alternativos son imprescindibles en cualquier cartera que tenga un horizonte temporal que te permita aguantar la iliquidez y que tenga un patrimonio suficiente como para poder complementarlo con esa parte ilíquida”, explica Campello. Es decir, si nuestra situación patrimonial y financiera y nuestros objetivos personales nos permiten, es una buena forma de diversificar nuestras finanzas

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