El agresivo plan de Pink's: 200 hamburguesas al día y 30 locales en Madrid

Los hermanos Casanovas ya triunfaron hace años con una salsa picante

El agresivo plan de Pink's: 200 hamburguesas al día y 30 locales en Madrid

Tienen alma emprendedora. Los gemelos Andrés y Juan Casanova (Caracas, Venezuela, 1978) revolucionaron en 2017 el negocio de las salsas, lanzando Espicy, una salsa picante elaborada en Murcia, y que nada más salir a la venta rompió stock de ventas en Amazon en varias ocasiones.
El catálogo de salsas lo ampliaron a la vez que lanzaron en Madrid Mygo, una empresa de movilidad con patinetes eléctricos, que posteriormente vendieron a la empresa a californiana Wheels. El último lanzamiento los hermanos Casanova tiene que ver con la restauración: acaban de desarrollar Pink’s, un modelo de hamburguesas novedoso para llevar, y en edición limitada a 100 unidades en el servicio de mediodía, y otras tantas en el horario de cenas. En total, 200 hamburguesas al día, que venden a un precio de ocho euros la unidad. El ticket medio es de 18.50 euros.

El primer local, que cuenta con una superficie de 23 metros cuadrados, se encuentra en el barrio de Chueca, un formato que piensan replicar en al menos 30 locales más en Madrid, y para los que abrirán una ronda de inversión. “Tenemos un plan de expansión agresivo y la ventaja es que no necesitamos un gran local para funcionar. Todo está medido”, explica Andrés Casanova, que define su modelo de negocio, a pesar de ser una hamburguesería, como una startup tecnológica. El cliente puede seleccionar su pedido, a través del código QR y mientras espera en la fila se lo van preparando en una cocina a la vista del comensal.

La hamburguesa que despachan es diferente: se trata de una smash burger, que preparan aplastando en la plancha una bola de carne picada de vaca madurada 20 días, de 120 gramos, cuyo proveedor es Discarlux. El aplastado hace que la masa sea muy fina y que con la grasa se tueste la carne por fuera, quedando crujiente y caramelizada, y jugosa por dentro, que no roja. "Queremos que el primer bocado sea como un beso, que sea un sabor que acompañe toda la comida".

El pan, de fécula de patata, lo traen de Estados Unidos, lo tuestan con mantequilla y lo cubren con el ketchup picante de Espicy, cebolla picada, varias rodajas de pepinillo y queso. "No es un fast food, porque todo lo preparamos al instante, y lo que prima es la calidad de lo que servimos. No negociamos la excelencia", añade Casanova.  Lo que son mejorables son las patatas fritas.  Prometen revisarlas.

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