Las subvenciones a la energía ayudan a Putin y a la polución

Debería apostarse por bajar el consumo, aunque se pierda PIB, y ayudar solo a los hogares más vulnerables

Instalación de bombeo de gas en Orlovka (Ucrania)
Instalación de bombeo de gas en Orlovka (Ucrania) reuters

Los líderes europeos tienen las intenciones correctas para hacer frente a la subida de la factura energética, pero no los remedios adecuados. Después de que los precios del gas se cuadruplicaran desde el año pasado, los Gobiernos de la Unión Europea habían comprometido el 0,6% del PIB del bloque, a finales de abril, para ayudar a sus economías a amortiguar el golpe. Eso tiene sentido. Sin embargo, la forma en que lo hacen enriquece a Rusia y pone en cuestión el compromiso de la UE de reducir para 2030 las emisiones de gases de efecto invernadero en un 55% respecto a su nivel de 1990.

 

La forma inteligente de intervenir es dejar los precios intactos y utilizar los recursos de los contribuyentes para ayudar a los ciudadanos más pobres, que son los que menos pueden hacer frente al problema. Eso no es lo que está ocurriendo. Según un documento elaborado por economistas de la Comisión Europea, la mayoría de las medidas anunciadas hasta ahora pretenden reducir el precio que pagan los hogares y las empresas, recortando aspectos como los impuestos sobre el combustible. Por su parte, el ministro de Economía del Reino Unido, Rishi Sunak, va a conceder a todos los ciudadanos británicos un recorte de 400 libras en sus facturas de electricidad.

No hace falta ser un fanático del libre mercado para ver el problema. Europa quiere que los hogares y las empresas utilicen menos gas ruso, en particular, y reduzcan el consumo en general para luchar contra el cambio climático. La subida de los precios ofrece una oportunidad ideal para alcanzar esos objetivos. En cambio, mantener los precios artificialmente bajos ayuda a mantener el flujo de ingresos que Europa sigue enviando a Moscú, por valor de 20.000 millones de dólares (19.000 millones de euros) al mes.

Hay dos alternativas mejores. En lugar de una estrategia centrada en los precios que aumente el consumo de combustibles fósiles de los hogares a largo plazo en un 11%, los economistas de la Comisión calculan que una ayuda a la renta dirigida a los hogares con menos ingresos limitaría el aumento tanto de las emisiones como de las importaciones.

Pero la verdadera oportunidad, tal y como señaló ayer la Agencia Internacional de la Energía, es centrarse en la eficiencia energética. Según la Comisión de Transición Energética, bajar los termostatos 2 grados centígrados más, junto con un recorte del 10% en el uso de gas industrial, reduciría en 30.000 millones de metros cúbicos, o en un 20%, las necesidades de gas ruso de Europa. Es cierto que esto también podría costar un 2,2% del PIB. Pero las ayudas a la renta dirigidas a los más pobres limitarían el golpe.

Esto sería económica y lógicamente superior al continuo engorde de la cartera del presidente ruso, Vladímir Putin. Además, la lucha por limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados depende fundamentalmente de la reducción de la demanda energética. Quizá los Gobiernos europeos deberían empezar a preparar ya la madre de todas las campañas de información pública.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías