Iñigo Onieva: "Voy a montar un restaurante con Tamara Falcó”

Diseñador de coches, ha abierto junto a dos socios más un club, con el que pretende recuperar el ocio nocturno de una de las calles más famosas de Madrid

Iñigo Onieva: "Voy a montar un restaurante con Tamara Falcó”

Se le conoce por ser el novio de una de las famosas más famosas de España: Tamara Falcó, con la que tiene previsto abrir un restaurante. Iñigo Onieva (Madrid, 1989) es uno de los socios promotores de Lula Club, un espacio de ocio nocturno, con el que pretende devolverle a la Gran Vía madrileña el glamur de antaño. Graduado en ingeniería técnica en diseño industrial por la Universidad Antonio de Nebrija, estudios que completó con varios cursos de posgrado en el Istituto d’Arte Applicata e Design en Turín y en el Royal College of Art en Londres, tiene aparcada su vocación inicial como diseñador de vehículos, formación que le validó para trabajar en Seat.

Desde 2021 ejerce como director de Mabel Hospitality, empresa de restauración perteneciente a Mabel Capital, de la que forma el grupo de restaurantes Tatel y Totó, y cuyos socios son Abel Matutes, Manuel Campos y Rafael Nadal, a los que acompañan en los proyectos de restauración el futbolista Cristiano Ronaldo y los baloncestistas Pau Gasol y Rudy Fernández. Recibe a CincoDías en las oficinas de la agencia de comunicación Réplica, encargada de la promoción del local nocturno que ha abierto el pasado invierno, junto a varios socios, Pablo Marín, director de operaciones, y Mattia Torrione, encargado de la música y fundador del sello musical After Lunch. Él se encarga de las labores de marketing y musicales, y asegura que en esta nueva faceta profesional ha pasado de diseñar de coches a diseñar experiencias.

¿Por qué decidió a abrir un club nocturno?

Lula nace en pandemia. Después de dos años con el mundo en pausa, la gente quiere coger con fuerza la vida social. Madrid está creciendo y necesita una oferta de ocio prémium. No había oferta de live night. No había clubes nocturnos como en Nueva York o Londres, con música electrónica de calidad. Este tipo de música siempre ha estado asociada a sitios con poco glamur y underground. Y la música electrónica en ciudades cosmopolitas suena en clubes de referencia, al servicio de perfiles elegantes, de mujeres con tacones… Nosotros ofrecemos una programación con DJ nacionales e internacionales.

¿Se ha propuesto devolverle brillo a la noche?

Ese es el objetivo. De momento, abrimos de jueves a sábado, y dentro de poco abriremos los miércoles. Tenemos en Madrid hoteles de primera categoría, players internacionales, y gracias a la gestión de la pandemia se ha reactivado la actividad antes. A ello contribuye la calidad de vida, ya que en Madrid se vive bien y estamos atrayendo a gente que antes iba a Barcelona, y que ahora con el Brexit y con el teletrabajo eligen venir aquí.

De momento, es el único local de este tipo en Gran Vía.

Y seremos los únicos, porque no se conceden licencias de discotecas en esta zona. En el local que ocupamos antes estaba la discoteca Golden y hemos reutilizado esta licencia. Nuestro lema es que Gran Vía is back, queremos rescatar la herencia de los años 50, el glamur de cuando venía aquí la aristocracia europea y los artistas internacionales. En esa época era la calle por excelencia del ocio, pero luego se adormeció. Gran Vía es el eje de la ciudad, es el mismo fenómeno que los Campos Elíseos en París. Estamos atendiendo una necesidad que había en la ciudad, un club con buena música. Queremos atraer al publico extranjero, y el 50% del que tenemos ya es internacional.

¿Madrid era aburrida?

Yo he vivido en Londres y en Milán, y en 2018 era un poco pueblo, con poca vida. Ahora hay proyectos gastronómicos interesantes que hay que mezclar con el ocio. Y mucho de esto tiene que ver con la mezcla de gente, de perfiles diferentes, de crear una comunidad diversa, que tenga su casa en Lula.

¿Qué valor añadido aportan al de una discoteca convencional?

Lo que notamos es que la gente se divierte demasiado con nosotros. Ofrecemos bebidas prémium, que cobramos a 14 euros la copa, y la entrada a 30 euros. Es un club democrático, en el que todo el mundo se siente a gusto. Somos gay friendly, abiertos a todo. Todo el mundo es bienvenido.

¿No aplican el derecho de admisión?

Lo aplicamos como en cualquier club. No admitimos a gente violenta, con actitudes conflictivas. Queremos gente que sonría, que venga a bailar. La gran protagonista de la noche es la música house, que acerca a todo el mundo. Tenemos una imagen de marca muy fuerte, una estética muy cuidada, con un diseño gráfico importante. El diseño de coches me ha enseñado a la conceptualización de proyectos, de manera que ves una cosa y te identificas con ella. Para diseñar coches o experiencias hay que viajar mucho, tener experiencias. El diseño está inspirado en el ojo de Dalí, porque el concepto de la identidad es el surrealismo mezclado con el disco. Y la luna de Studio 54 [el mítico club neoyorquino cerrado en 1980], con la que hemos querido recrear ese espíritu. Además, estamos en el 54 de Gran Vía. Nos hemos inspirado en la jet set europea y en la escena de Nueva York, y el resultado es un sitio con magia.

También se dedica al negocio de la restauración.

Poco a poco he entrado en este sector, y mi foco ahora está puesto en la restauración. Y con Tamara tengo previsto abrir un restaurante, a ella le encanta la gastronomía, y juntos vamos a montar un negocio. El covid ha hecho un poco de limpia en el sector, pero cada vez se abren nuevos restaurantes. Se espera que venga mucha gente a Madrid y hay sitio para todos. Hay que coger esta ola y aprovechar el momento de crecimiento.

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