El BCE, atrapado en un atolladero de tipos que él mismo ha creado

Podría quedarse en tipos demasiado bajos para controlar la inflación y una economía estancada, lo peor de ambos mundos

Sede del BCE, en Fráncfort (Alemania).
Sede del BCE, en Fráncfort (Alemania). reuters

El BCE está en un aprieto creado por él mismo. ¿Debe centrarse en la necesidad de controlar la inflación o preocuparse de que pueda perjudicar al crecimiento? Es un dilema que en Europa se ve agravado por el tipo negativo, una rareza ya insostenible.

 

En un mundo ideal, el BCE habría empezado a subir los tipos hace meses. Su principal tipo está atascado en el -0,5%, pese a que la inflación está en un 7,5%. Pero sus propias directrices prometían que no habría ninguna subida de tipos antes del fin de sus compras de activos. Y los errores en sus propias previsiones retrasaron su reacción. Ello ha implicado quedarse atascado con tipos negativos durante más tiempo del necesario, mientras otros bancos, como la Fed, ya se mueven.

Christine Lagarde ha insinuado que los tipos subirán en julio, por primera vez desde 2011. Los mercados esperan un aumento del 0,25% en el tipo de depósito, un equilibrio entre halcones y palomas. Eso dejaría Europa con un tipo negativo, al menos hasta septiembre. La verdadera cuestión es dónde termina el viaje, y cuál piensa el BCE que es el tipo neutro, ni flexible ni restrictivo. El pensamiento actual sugiere al menos un 1%.

Pero el BCE estará en un territorio tristemente familiar y complicado durante la vuelta a la normalidad. La prima de riesgo de la deuda italiana ha subido hasta casi 200 puntos básicos, frente a los 130 de principios de año. La subida de las primas perjudicará a las endeudadas economías del sur y mermará la confianza de los inversores. El BCE ha insinuado que podría abordarlo, pero las herramientas diseñadas para ayudar a los más débiles son políticamente controvertidas.

Y está ahora en la delicada situación de comenzar su ciclo de subidas, justo cuando la economía mundial empieza a tambalearse. Los banqueros centrales europeos, humillados por los errores del pasado, pueden apresurarse a normalizar la política monetaria, pese a la crisis que se avecina. O bien, lo retrasarán. Eso podría dejar al BCE atrapado con tipos demasiado bajos para controlar la inflación y una economía estancada, lo peor de ambos mundos.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías