Aerolíneas

British Airways busca remontar su crisis tras la pandemia con cambios en la dirección

Releva a los responsables de TI y Atención al Clientes, y divide en dos la dirección de operaciones

Sean Doyle, consejero delegado de British Airways.
Sean Doyle, consejero delegado de British Airways.

La difícil reactivación tras la pandemia que está viviendo la aerolínea insignia de IAG, British Airways, ha motivado cambios de calado en su cuadro directivo. La empresa se está viendo obligada a cancelar vuelos y rebajar su producción desde la base londinense de Heathrow entre el creciente absentismo por el coronavirus y la dificultad para contratar nuevo personal de vuelo y que atienda el handling de rampa. Un problema por el que pasan otras compañías aéreas británicas, pero al que se suman, en el caso de British, fallas en los sistemas de información.

Los relevos, según adelanta Financial Times, afectan a Anthony Allcock, director del área tecnológica de la aerolínea, y a Tom Stevens, responsable de atención al cliente. El primero será sustituido por Dirk John, quien viene de trabajar en McKinsey y en otras referencias del sector aéreo como Latam y Lufthansa. En cuanto a Stevens, su sustituto es Calum Laming, quien llegó a British en abril procedente de la dirección de Atención al Cliente de Vueling. Previamente pasó por Etihad o Virgin, entre otras aerolíneas.

Otra de las iniciativas para tratar de embridar la situación ha sido la de dividir en dos la dirección de operaciones, con Jason Mahoney pasando a la dirección técnica y un próximo fichaje que conducirá la actividad diaria.

El consejero delegado, Sean Doyle, y el propio CEO de IAG, Luis Gallego, reconocieron el problema de British Airways la semana pasada en el marco de la presentación de resultados. El segundo también cargó contra la lenta reactivación del aeropuerto de Heathrow para dar cabida a la explosión del transporte aéreo tras las duras medidas contra la movilidad tomadas en Reino Unido para tratar de contener la transmisión del Covid-19.

IAG ha declarado al cierre de marzo una pérdida de las operaciones de 731 millones de euros (1.077 millones en el primer trimestre de 2021). De esa cifra, 430 millones corresponde a su compañía británica.

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