Por un nuevo modelo de bienestar sanitario

El impacto de la pandemia ha acelerado los procesos de cambio en el cuidado de la salud y apunta hacia una transformación de la asistencia

Una de las muchas consecuencias que la pandemia está teniendo sobre nuestro sistema de salud, profundamente tensionado por la crisis sanitaria, es una revisión del modelo que rige dicho sistema. Hay un consenso generalizado sobre la necesidad de transformar los centros hospitalarios y de salud para adecuarlos a un nuevo paradigma de la atención, en el cual se otorga un rol más destacado a los procesos y actividades no asistenciales.

A lo largo del último año, mientras médicos y enfermeras trabajaban sin descanso para salvar la vida de las personas afectadas por el Covid-19, sus compañeros de áreas no asistenciales hacían lo propio en diversidad de frentes, identificando y modificando contra reloj espacios donde ubicar más camas, adecuando los protocolos de limpieza y desinfección y utilizando nuevos sistemas y equipos en dichos procesos que fueran más eficaces y eficientes para prevenir el contagio. También han facilitado recursos de apoyo emocional a pacientes y profesionales, o garantizado el suministro de equipamiento médico crítico, como lo fueron los respiradores, entre otros.

El impacto de la emergencia sanitaria global ha acelerado los procesos de cambio en el cuidado de la salud. En concreto, esta transformación se concreta en la inclusión de un conjunto de recursos que, hasta el momento, han parecido mantenerse en un segundo plano, pero que, sin embargo, se han mostrado fundamentales para rebajar la presión a la que se ha visto sometido el conjunto del sistema sanitario. La pandemia ha marcado un punto de inflexión en la valoración y la atención de los criterios, las estrategias, las acciones y los servicios considerados como no directamente asistenciales.

Este cambio de tendencia gira alrededor del gran concepto de bienestar sanitario. Se trata de un concepto que trasciende el ámbito estrictamente asistencial para fijarse en cómo se puede mejorar la salud, la experiencia y la seguridad de pacientes y profesionales, también desde actuaciones no estrictamente asistenciales. Unas actuaciones que incluyen, entre otras, la humanización, el diseño de los espacios o el trabajo de los servicios de limpieza, mantenimiento y obras. Y es que, actualmente, existe el convencimiento de que la contribución de estos ámbitos también es esencial para garantizar la excelencia de la actividad estrictamente asistencial en los hospitales y la mejora de la salud y calidad de vida de profesionales y pacientes.

En este sentido, el bienestar sanitario ha de ser un objetivo común en cuya consecución deben colaborar y estar comprometidos todos los eslabones de la cadena de la atención sanitaria. Sabemos que, hoy en día, unas 940.000 personas trabajan en la atención sanitaria en España, entre el sector público y el privado. Si tomamos como punto de referencia los centros hospitalarios del Sistema Nacional de Salud (SNS), que concentran unos 509.000 trabajadores, los perfiles profesionales se distribuyen entre médicos (17%), enfermeras (30%), personal sanitario no facultativo (28%) y personal no asistencial (24%). Todos los expertos coinciden en destacar la necesidad de consolidar y desplegar el concepto de bienestar sanitario a partir de una visión integral, que, para extenderla y consolidarla en todos los niveles del sistema sanitario, requiere del desarrollo de acciones de formación, de aprovechamiento común de experiencia y conocimiento de todos los colectivos profesionales que conviven en los centros hospitalarios, incorporando también al personal no asistencial, como piedra angular del sistema de salud.

A falta de una gran iniciativa pública centralizada, diferentes Gobiernos autónomos (Madrid, Andalucía o Castilla-La Mancha) han puesto en marcha programas de humanización de la asistencia sanitaria y han proliferado las iniciativas de este tipo en hospitales de todo el territorio español. Según la Fundación Humans, la humanización se entiende como la aproximación del sistema sanitario al paciente en una vertiente de calidad humana, potenciando la empatía y el abordaje integral mediante acciones colaborativas, multidisciplinares que implican a todos los ámbitos y que tienen efectos positivos directos “sobre las culturas de las organizaciones sanitarias, sobre la Administración, las políticas sanitarias y sobre pacientes y cuidadores”.

En este sentido, hay que destacar que, en 2017, la Fundación Humans realizó el primer análisis de la situación de los aspectos humanísticos en la atención sanitaria en España, en el que señalaba como principales barreras para la integración de estas otras variables la falta de tiempo para dedicar a los pacientes por parte de los profesionales tanto asistenciales como no asistenciales; la falta de recursos humanos y económicos; la formación y sensibilización de los profesionales y la formación de los pacientes. El citado estudio también resaltaba la necesidad de mejoras estructurales de los hospitales y su entorno: espacios mayores, más amables y confortables; mejor señalización o mayor intimidad, entre otras medidas.

En este sentido, la arquitectura, la ergonomía y el diseño de los espacios interiores también tienen un papel importante para la consecución del bienestar sanitario y los gestores hospitalarios cada vez conceden más atención a estos aspectos. La reducción de ruido, la presencia de luz natural o la rehabilitación de espacios exteriores intermedios son algunos de ellos. Y, por este motivo, será clave que, en la ejecución de los planes funcionales de los espacios y en el diseño de los espacios intervengan equipos multidisciplinares que contribuyan a crear entornos más eficientes, más humanos, que mejoren el entorno de trabajo de los profesionales y la recuperación de los pacientes.

De igual forma, los procesos de contratación de servicios externos, tales como limpieza, mantenimiento, servicios auxiliares y obras, deben incorporar en los pliegos de licitación criterios que contribuyan al bienestar y la seguridad de profesionales y usuarios, considerando aspectos medioambientales, formación no solo de ámbito técnico sino también humano, herramientas de digitalización y trazabilidad de los servicios que garanticen su eficiencia. Por ende, hay que identificar herramientas en estos procesos de licitación que contribuyan a una integración real de los servicios asistenciales y no asistenciales.

En resumen, la pandemia ha acelerado un conjunto de procesos que convergen en la mejora de la calidad de la asistencia a las personas enfermas. Muchos de ellos repercutirán en un nuevo paradigma de la salud en el que la multidisciplinariedad, la transversalidad y la colaboración de equipos asistenciales y no asistenciales, la formación, la dotación de recursos, la participación y corresponsabilidad de los pacientes y el apoyo de la tecnología digital resultarán imprescindibles para consolidar un nuevo modelo de bienestar sanitario y que permitirá desarrollar una asistencia sanitaria más holística y menos parcelada, para funcionar de forma unitaria alrededor del paciente.

José Enrique Aguilar es Director de la división de sanidad en ISS