Foro Futuro

La zona euro necesita un nuevo ‘whatever it takes’

Un grupo de economistas reunidos por Cinco Días reclaman una nueva fórmula para evitar los riesgos de fragmentación financiera ante la próxima subida de tipos

La zona euro necesita un nuevo ‘whatever it takes’

Cuando se trata de atajar la espiral inflacionista a través de las políticas fiscales y monetarias, la necesidad de hacerlo evitando la indeseada fragmentación financiera merece un capítulo a parte. Sobre esa cuestión han llamado también la atención los participantes en el Foro Futuro organizado por Cinco Días y Grupo Sanantder. En concreto, a pesar de haber dejado atrás la anterior crisis financiera en Europa, el director de Coyuntura y Economía Internacional de Funcas, Raymond Torres, advirtió ayer que el Banco Central Europeo no puede interrumpir, tal y como ya ha anunciado que hará, todas las compras de deuda pública sin, a la vez, prever un instrumento de contención y prevención de fragmentación financiera en la zona euro. Así, detalló que “sería útil considerar algún instrumento nuevo de prevención de los riesgos financieros para formar una especie de “whatever it takes” –las palabras mágicas formuladas por Mario Draghi en 2012 para anunciar todo el peso del BCE para preservar al euro– monetario, distinto a las compra de deuda anunciadas hace años porque la condicionalidad que llevaban asociadas dichas compras sería ahora muy difícil de cumplir”.

Este punto fue plenamente respaldado por el profesor de Economía del IE University, Fernando Fernández, quien cree que incluso el BCE podría estar esperando a tener ese mecanismo antes de subir los tipos. Pero opinó que sea cual sea la fórmula las compras de deuda deberán vincularse a procesos de ajuste. De la misma opinión fue Franciso Pérez, profesor de la Universidad de Valencia y director de Investigación del IVIE, al defender “las compras de deuda a cambio de condicionalidad, aunque esta se aplique con prudencia.

Fernández, por su parte, aseguró que la mejor forma que tienen los Gobiernos de ayudar al BCE a contener la fragmentación financiera es “tomar conciencia de su propia vulnerabilidad financiera y fiscal”. En el caso de España, en su opinión, el Gobierno “debería diseñar un plan de ajuste fiscal creible a medio plazo y a ser posible negociado con los partidos que podrían gobernar, lo que daría garantía de que se mantiene el plan ante un eventual cambio de gobierno”. Si bien insistió en que este plan a medio plazo no puede eludir la necesidad absoluta de ajustes en el corto plazo: “no se puede mantener una política expansiva que aliente más la inflación”, dijo Fernández. En este sentido, por ejemplo, puso sobre la mesa una idea no exenta de polémica, ya que, a su juicio, el Gobierno debería abandonar la idea de gastarse cuanto antes los 70.000 millones del fondo europeo de reconstrucción, “porque es inflacionista”.

 También el catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Grandad y director de Estudios Financieros de Funcas, Santiago Carbó, cree oportuno que el BCE diseñe un mecanismo "que deberá vincularse a objetivos fiscales de medio plazo, pero también a corto". Según explicó, los países como España tendrán que ofrecer "sacrificios en el corto plazo para que el BCE siga comprando su deuda en el medio plazo". Dicho esto, precisó que respecto al gasto público España no puede hacer una senda fiscal de un año, "necesita bastante más tiempo para esa consolidación" y, en ese escenario, el Gobierno deberá comunicar qué es lo que está pasando y para qué hace los ajustes, al tiempo que "deberá pensar muy bien a quien ayudar porque eso puede genera problemas sociales".

La economista jefe para Asia Pacífico en Natixis, profesora de la Universidad de Ciencias y Tecnología de Hong Kong e investigadora senior del think tank Bruegel, Alicia García Herrero, se refirió también a la necesidad de que el Ejecutivo aplique una buena política de comunicación que explique cuáles son los escenarios de inflación, qué está sucediendo y que tendrán que absorber los shock inflacionistas generados por el covid, la guerra de Ucrania y un tercero que está por venir por  el gran confinamiento al que está sometido gran parte de China.

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