Guerra y escenarios de divergencia tecnológica

El conflicto entre Rusia y Ucrania puede ser la palanca para volver a la división en dos bloques tecnológicos antagónicos

Los que tenemos edad para ello, recordamos un mundo en el que había dos grandes potencias tecnológicas separadas por una barrera infranqueable de no interoperabilidad. Eran tiempos en que mientras se presentaba el IBM PC 5150 en las capitales occidentales, las ingenieras de la extinta Alemania Oriental desfilaban el Primero de Mayo con su equivalente ofimático Robotron 1715.

Y sí, también los esfuerzos norteamericanos por crear una red resiliente al desastre nuclear que denominaban arpanet (la precursora de internet) eran replicados en la Unión Soviética por científicos que buscaban apoyo de la nomenclatura para OGAS, un proyecto de red de información nacional. Dos bloques, dos grupos de estándares tecnológicos incompatibles, dos redes de ordenadores disjuntas.

El incipiente reto entre China y Estados Unidos es todavía un vago remedo de aquella época anterior a 1989, pero el conflicto entre Ucrania y Rusia puede ser la palanca definitiva para volver al entorno de dos mundos tecnológicamente antagónicos. Los cimientos de la tecnología digital como inamovible realidad de carácter global se tambalean. Más allá del aspecto más visible de la escasa implantación y abandono de los mercados ruso y chino por parte de las grandes tecnológicas norteamericanas, con la guerra se ha acelerado la divergencia en escenarios clave del mundo digital: redes, estándares y organizaciones internacionales.

En primer lugar, internet tal como la conocemos parece destinada a ser una víctima del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. El Gobierno ruso ya ha dado orden de situar todas las infraestructuras digitales de ministerios y agencias públicas en territorio de la Federación Rusa, del mismo modo que el Gobierno ucraniano está migrando los datos y servidores de su Administración a territorio extranjero.

Ambas decisiones, naturales en el escenario de una guerra en que el frente digital ha tenido por primera vez relevancia, no implican una desconexión de redes. Sin embargo, en la trastienda, se está acelerando la posibilidad de desconexión de partes de internet, ya sea por la decisión de imponer una sanción de desconexión (como ya ha reclamado Ucrania solicitando al RIPE revocar los dominios y direcciones IP asignadas a Rusia), ya sea por una decisión propia de Rusia (todo parece señalar que realizó pruebas del proceso de desconexión en 2019).

Y la divergencia alcanza, también, al material del que están hechas las redes: los estándares. Los suministradores ­europeos, Ericsson y Nokia, han dejado de facilitar equipos y recambios a los operadores rusos, ocupando su espacio ZTE y Huawei. El actual destierro progresivo de los suministradores de equipos chinos de las redes de la Unión Europea y Estados Unidos pone en riesgo que el desarrollo del 5G en el bloque chino-ruso se realice con los mismos mimbres que los usados en Occidente, algo que podría provocar como efecto dominó una divergencia mayor en el desarrollo de 6G. Esta divergencia de estándares podría extenderse al corazón de internet, una posibilidad no tan difícil de materializarse si tenemos en cuenta que China en 2020 ya comenzó a realizar propuestas para un nuevo IP (internet protocol) en los organismos internacionales de estandarización.

Con ello llegamos al tercer escenario de la lucha tecnológica: los organismos internacionales. No es nuevo el enfrentamiento entre Occidente y el bloque encabezado por China y Rusia en los mismos, principalmente en la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y el Foro de Gobernanza de Internet (IGF). La definición del papel de los Estados en la administración de internet ha estado en el centro de los debates, pero también otros temas como los estándares globales de privacidad digital o la cooperación en ciberseguridad.

Con el escenario bélico de fondo, subirá la tensión en la próxima conferencia de la UIT, donde han de renovarse los puestos de liderazgo de la organización, en particular, en la elección del más alto cargo para el que son candidatos una mujer norteamericana y un ministro ruso. Difícil prever el resultado de la elección en un organismo de Naciones Unidas, donde cada país tiene un voto, y más difícil prever las consecuencias del mismo.

Más allá del peso de Rusia y Ucrania en el mercado tecnológico, apenas el 1% del mercado mundial, según IDC, la guerra entre estos Estados provoca el oleaje que puede llevarnos al naufragio del bajel de la globalidad tecnológica. Por primera vez en 30 años, redes, estándares y organizaciones parecen en riesgo de una fragmentación en dos bloques tecnológicamente ni interoperables.

Emilio García García es Exdirector de gabinete de la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales