¿Cuánto durará la desaceleración en China?

A pesar de los riesgos, en el sistema económico chino, el crecimiento a menudo funciona como un seguro social

En la segunda mitad de 2021, la economía china se desaceleró a un ritmo que no solo provocó que su tasa anual quedase muy lejos del 8%-10% de las dos últimas décadas, sino que también estuvo muy por debajo del objetivo implícito del 5% del 14º Plan Quinquenal (2021-25). La desaceleración se produce en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas con Estados Unidos y endurecimientos de las regulaciones en el sector tecnológico.

El comercio ha sido un motor fuerte para la economía china. Las exportaciones a EEUU se dispararon en 2021, aumentando un 15% por encima de los máximos anteriores e impulsando el superávit del comercio bilateral en China a nuevos récords a pesar de los aranceles. El paso del consumo de experienciasal al de de mercancías/productos ha sido muy positivo para China, que alberga siete de los diez puertos más activos del mundo y cuya infraestructura gestiona más de la mitad del comercio mundial de mercancías. El rendimiento de los volúmenes de carga supera con creces los niveles de 2019.

Dicho desacoplamiento se ha observado en el sector tecnológico, donde EEUU y China parecen haber entrado en una era de competencia estratégica. Entre los dos albergan 18 de las 20 plataformas de internet más grandes del mundo por ingresos y son las economías mejor clasificadas en trabajadores del conocimiento, patentes, exportaciones de alta tecnología, activos intangibles e I+D. Hay pocos indicios de desaceleración en este sentido; el crecimiento sigue siendo una prioridad estratégica. Las restricciones reglamentarias han servido principalmente para aumentar las primas de riesgo y hacer descender las valoraciones de las empresas tecnológicas chinas en relación con negocios semejantes de EEUU. El crecimiento se desaceleró principalmente a causa de un crecimiento desigual del consumo como resultado de la política china cero Covid que obligó a varias ciudades a realizar pruebas masivas y cierres cada vez que se identificaba un brote de casos; y del fuerte descenso en el desarrollo inmobiliario. Si bien hay pocas razones para sospechar que la desaceleración del consumo sea estructural, no es el caso del mercado inmobiliario, en el que los dirigentes políticos quieren erradicar el excesivo apalancamiento y la especulación del sistema.

En los últimos 20 años, el desarrollo residencial aumentó hasta alcanzar un porcentaje insostenible del PIB, principalmente para dar cabida a los 440 millones de personas que emigraron del campo a las ciudades. Los analistas esperan que la contribución de la inversión residencial al PIB disminuya aproximadamente a la mitad en los próximos años, a medida que los legisladores se centren en un crecimiento más lento, pero de mayor calidad. Por muy necesario que sea, la reducción de la participación del desarrollo residencial en la economía crea riesgos a corto plazo debido a la elevada carga de deuda de los promotores inmobiliario, así como a toda la actividad derivada que se apoya en dicha inversión. A pesar de estos riesgos, en el sistema económico chino, el crecimiento a menudo funciona como un seguro social. La agenda de prosperidad común pretende reforzar la red de seguridad, aunque su principal objetivo es impulsar los ingresos de la clase media para acelerar la transición hacia un crecimiento. Puede que en Estados Unidos haya un Fed put sobre los precios de los activos, pero en China son las tasas de crecimiento las que rara vez se ha permitido que se mantengan por debajo de ciertos umbrales.

Jason Thomas es Director General y Jefe de Investigación Global de Carlyle