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Hasta qué punto es necesario tener mucho dinero para emprender

Todo el mundo ha oído hablar de ejemplos de grandes empresarios que empezaron prácticamente de la nada, pero las cifras apuntan a que las rentas altas emprenden más

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Dentro del imaginario del sistema económico del mundo occidental existe algo parecido a una leyenda. En cierto modo, se trata de una aspiración. La idea de que es posible crear empresas de éxito empezando prácticamente desde la nada. Dotando de vida a este elemento del imaginario, todos han escuchado hablar de cómo poderosas empresas de la actualidad surgieron hace unas décadas en poco más que garajes. Titanes como Amazon, Microsoft o Apple son una prueba viviente de cómo un inicio humilde puede traducirse en un éxito colosal. La pregunta es hasta qué punto influye el dinero que tuviera el emprendedor o su familia en el posible éxito de su futura compañía.

Lanzando la cuestión a diferentes personas con conocimiento sobre el mundo empresarial, las respuestas que se obtienen apuntan en una misma dirección. Tener mucho dinero o una familia que lo posea no es necesario para emprender, pero, por supuesto, ayuda. No obstante, como elemento fundamental, todos señalaron a la formación, y es cierto que el dinero puede dar acceso a una mejor calidad en la educación. Tanto en los casos de Microsoft, Apple y Amazon el fundador principal tenía estudios superiores, algo no precisamente económico en Estados Unidos.

Analizando los datos extraídos del Informe Global Entrepreneurship Monitor 2020-2021, elaborado por el Observatorio del Emprendimiento de España, se puede llegar a la conclusión de que, efectivamente, a más nivel de renta, más emprendedores hay. Para su informe, el equipo encargado dividió al total de la población española en tres partes en función de su nivel de renta. Los datos muestran que, dentro del 33% de la población con más renta, un 11,3% de este grupo ha tenido alguna actividad emprendedora en los últimos tres años y medio. En el 33% correspondiente a la renta baja, el porcentaje de emprendedores es menos de la mitad, concretamente, un 4,5% (ver gráfico).

Pese a esta tendencia a que las rentas altas emprendan más, lo cierto es que la tecnología y la digitalización han provocado que hagan falta menos recursos que nunca antes para emprender. Fermín Albaladejo, presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Jóvenes Empresarios (Ceaje), expone que montar un negocio en actividades más relacionadas con la tecnología es relativamente accesible desde el punto de vista económico. “No es necesaria una fuerte inversión inicial para crear, por ejemplo, una página de ecommerce. Pero, en cambio, si nos vamos a una empresa más tradicional, basada por ejemplo en vender productos no solamente por internet, ya se eleva la inversión. Incluso cuando no se tenga dinero para afrontar toda la inversión, el banco te va a financiar siempre y cuando el emprendedor ponga una parte de lo necesario, el 20%”, sostiene.

Los avales

El ejemplo que Albaladejo usa pone de manifiesto que, aunque es más fácil emprender en general, hay sectores en los que, por su naturaleza, sigue siendo necesaria una inversión importante. Pero incluso a ellos se puede acceder sin muchos recursos previos gracias a la financiación. Para obtener los avales necesarios, muchas veces los emprendedores acuden a la familia, pero para los que no tengan esta posibilidad, Albaladejo recuerda que existen las sociedades de garantía recíproca, asociaciones que se dedican precisamente a avalar proyectos empresariales.

La tecnología y su mayor accesibilidad es clave para facilitar el emprendimiento. Joan Riera, diez veces emprendedor, profesor de Esade y fundador de la red de business angels Esade Ban, así lo opina. “La tecnología se ha democratizado y todo se ha vuelto un servicio. Hace diez años solo grandes multinacionales tenían sistemas de videoconferencia. Hoy cuesta 10 euros el prémium de Zoom. Es solo un ejemplo. Sirve para el CRM, para la página web, para la pasarela de pagos”, detalla.

Por su parte, José Luis Perea, secretario general de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), asevera que es mucho más sencillo emprender ahora que hace unos años desde el punto de vista de la financiación. “Hace unas décadas los tipos de interés en la financiación estaban por las nubes, con lo que era mucho más caro endeudarse. Ahora contamos con más ayudas públicas para abrir un negocio. Desde el punto de vista de la Seguridad Social, está la tarifa plana. Eso es fundamental. Hemos ido creando este ecosistema a base de reivindicaciones. Esto sirve para ayudar al emprendedor en el momento más difícil, el inicio”.

¿De dónde sale el capital?

El Global Entrepreneurship Monitor mostraba que la forma más común de financiar una empresa en España es mayoritariamente gracias a ahorros personales. Riera desvela por qué es tan importante que se haga de esta forma. “La primera financiación siempre la ha de poner el emprendedor. Yo fui uno de los fundadores de la red de business angels de Esade. Te puedo hablar desde la perspectiva del inversor también”, cuenta Riera.

“Lo primero que miramos antes de invertir es que el emprendedor haya invertido su propio dinero, porque esto demuestra compromiso. Aquí no vale lo de 'no tengo ni un euro'. Hablamos aunque sea de convencer a los amigos o a la familia. La gente que tenga cercana. En esa fase, los inversores pensamos que si un emprendedor no aporta dinero propio, significa que no está confiando en el proyecto. Y si no es capaz de venderlo a la gente que confía en él, no vamos bien. Porque emprender es vender”, revela, antes de asegurar que los proyectos buenos siempre consiguen dinero. “Si es un proyecto atractivo, siempre lo consigue. Desde la perspectiva inversora hay mucho dinero, pero faltan proyectos atractivos”, señala.

Al respecto de la posibilidad de querer usar ayudas públicas como principal motor de la creación de una empresa, Perea advierte: “Es verdad que existe un ecosistema importante de ayudas públicas al emprendimiento. En algunas comunidades autónomas hay ayudas directas que pueden llegar hasta 9.000 euros. Se aplica una tarifa plana de 60 euros en la cuota de autónomo. Pero no se puede poner en marcha un negocio en función de las ayudas. Hay que tener unos conocimientos previos antes de emprender”.

Los conocimientos

Los tres expertos inciden en el importante papel que tiene una buena formación a la hora de lograr lo que cada uno entienda por éxito cuando se decide a emprender. El secretario general de ATA dice que desde la asociación se viene buscando que la formación pública para los emprendedores les proporcione conocimientos básicos en el plano fiscal, para que sepan a qué impuestos se van a enfrentar, que puedan desarrollar un plan de negocio y que se les ayude a comprender la potencialidad de la digitalización para sus negocios.

Albaladejo, de Ceaje, lamenta que estas cuestiones básicas no se enseñen ni siquiera en la universidad. “Esto es un problema. Esto se enseña en las escuelas de negocios o bien en cursos online que permiten formarse de manera rápida para luego ponerlo en práctica. El problema educativo en España es profundo. No puede ser que cada Gobierno saque una nueva ley que en realidad es un parche de la anterior”, sostiene.

Riera, aunque está seguro de que es mejor tener un MBA antes de emprender que no tenerlo, alerta de que hay un riesgo en la educación de los emprendedores. “Hay que tener cuidado porque te hace mucho más consciente de los riesgos y esto te puede llegar a frenar. Para emprender hay que tener un cierto grado de inconsciencia. Mucho mejor tener el conocimiento, pero a veces saber tantos parámetros puede inmovilizar”, avisa el profesor.

¿Obligado a emprender?

Preguntado sobre cómo es el perfil del emprendedor, Perea responde que es variopinto y que hay ciertas personas que se ven obligadas a emprender. “Existe mucha gente que emprende por necesidad. Son parte de sectores en los que ha habido muchos despidos y no les queda otra. Evidentemente, el emprendimiento por necesidad no es lo mismo que el emprendimiento por convicción, lo que tenemos que hacer es ayudarles”, afirma.

Albaladejo cree que la presión del entorno no debería poder llevar a alguien a tomar una decisión de la que no esté convencido. Tanto en el emprendimiento o en la vida en general. “Para un joven el emprendimiento puede no resultar atractivo por los costes y los trámites que implica, también pasa esto por la desinformación. Para eso estamos las asociaciones empresariales españolas, para informar”, dice el presidente de Ceaje.

Por contra, Riera opina que en el entorno actual de rápidos cambios en el que vivimos, ser asalariado ha perdido el valor extra que aportaba la estabilidad, ya que ahora nada es seguro, y en este contexto emprender empieza a no parecer tan arriesgado. “Luego están los argumentos clásicos de las ventajas de emprender. La principal causa de discapacidad en el mundo occidental es la depresión. Depresión es que llegue un lunes y no te quieras mover de la cama. Emprender no es solo un tema de dinero, al final es un tema de soñar. Una nómina prácticamente te esclaviza porque estás renunciando a tus sueños a cambio de ese dinero. La libertad de poder crear una organización con tus valores, de tratar de mejorar la sociedad, de ayudar a tu entorno, no tiene precio”.

A la luz de los comentarios de los consultados para el presente artículo, tener una idea y, sobre todo, creer en ella, vale más que empezar un negocio en el que no se confía aun teniendo mucho dinero. “Más que en la captación de recursos, que lógicamente a más recursos más posibilidades de desarrollar el negocio, el hecho de tener dinero antes de emprender creo que influye en la dificultad. El índice de letalidad de los negocios es mucho más alto en los tres primeros años. Son los años con mayor dificultad a la hora de buscar clientes y nuestro lugar. El tener más dinero en la cuenta te permite contar con más margen de maniobra y alargar este periodo de tiempo hasta encontrar un lugar en el mercado”, concluye Perea.

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