Las operaciones fallidas de chips muestran las líneas rojas

Los reguladores no están contra la concentración en el sector, solo de las fusiones que afectan a tecnología crítica

Feria de electrónica AWE, en Shanghái (China).
Feria de electrónica AWE, en Shanghái (China). reuters

Los reguladores han trazado líneas rojas para las fusiones en los chips. El fracaso de las adquisiciones transfronterizas de la británica Arm y la alemana Siltronic, compras por valor de 45.000 millones de dólares cuando se anunciaron por primera vez, dice más de la escasez de su tecnología que de las perspectivas de concentración del sector.

La venta de Arm por parte de SoftBank a Nvidia se ha encontrado con una feroz oposición desde el principio. La empresa británica, apodada la Suiza de los semiconductores, concede licencias de diseños cruciales a todo el mundo, desde Qualcomm hasta la china Huawei, por lo que los temores de que su nuevo propietario pueda restringir el acceso a la propiedad intelectual de Arm parecen válidos. En diciembre, la Comisión Federal de Comercio de EE UU presentó una demanda para bloquear el acuerdo, alegando que la adquisición perjudicaría la competencia en los chips utilizados en los coches autónomos y las redes. Los reguladores de la UE y el Reino Unido también estaban preocupados por el aumento de los precios y la reducción de la oferta y la innovación.

La noticia de la ruptura del acuerdo el lunes se produce apenas unos días después de que la taiwanesa GlobalWafers se viera obligada a renunciar a su proyecto de compra del grupo alemán Siltronic por valor de 5.000 millones de dólares, al no conseguir la aprobación de Berlín a tiempo. La combinación habría creado el segundo mayor fabricante del mundo de obleas de silicio de 300 milímetros, un componente vital para los semiconductores. Sin embargo, la compra por parte de un extranjero del único gran proveedor de obleas de Europa habría hecho al continente aún más dependiente de las cadenas de suministro asiáticas en un momento de escasez de chips y componentes.

A pesar de estos dos reveses de alto perfil, la concentración del sector sigue siendo atractiva. Incluso con los precios de los chips disparados por la escasez mundial, la fabricación de microprocesadores es cada vez más cara y tecnológicamente más difícil: se prevé que el gasto de capital en semiconductores aumente en más de un tercio, hasta la friolera de 152.000 millones de dólares, en 2021, según IC Insights. Las empresas más grandes y diversificadas serán más competitivas y aumentar su tamaño mediante adquisiciones puede ser menos arriesgado que incrementar un posible exceso de oferta en el futuro.

Más allá de los últimos titulares, la mayoría de los Gobiernos están de acuerdo, siempre y cuando los objetivos no posean tecnología crítica. El año pasado, las autoridades dieron luz verde a grandes operaciones, como la compra de Dialog Semiconductor por parte de Renesas Electronics, por valor de 6.000 millones de dólares, y la compra de Inphi por parte de Marvell Technology, por valor de 10.000 millones. El mes pasado, los organismos de control chinos aprobaron la exitosa adquisición de Xilinx por parte de AMD, por valor de 35.000 millones de dólares. Las fusiones corrientes siguen su curso.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías