El jefe en la sombra de Gamesa está en Múnich

Christian Bruch es el CEO de Siemens Energy, que estudia opciones para sacar del atolladero a su filial, que vuelve a sufrir cambios en su dirección

Christian Bruch, consejero delegado de Siemens Energy.
Christian Bruch, consejero delegado de Siemens Energy.

Siemens Gamesa tiene un problema, como demuestra el hecho de haber cambiado de CEO otra vez. Las decisiones se toman desde Múnich, sede de Siemens Energy, la filial del grupo Siemens que a su vez es propietaria en un 67% de Gamesa. Christian Bruch (Düsseldorf, Alemania, 1970), CEO de Energy, no pone tanto énfasis en las renovables como el mercado en general; o como ponía hasta que la realidad energética y de la cadena de suministro han obligado a cambiar de estrategia, incluso a la Comisión Europea.

Siemens Gamesa perdió 403 millones de euros en el primer trimestre de este ejercicio, que para ella se abre el 1 de octubre, frente a los beneficios de 11 millones del periodo comparable anterior. Los ingresos, a su vez, cayeron un 20,3%, hasta 1.829 millones. Eso ha provocado el despido del consejero delegado, Andreas Nauen, tras solo año y medio en el puesto, y su sustitución por Jochen Eickholt, que asumirá el cargo el 1 de marzo. También se ha marchado, aunque motu proprio, el director de desarrollo corporativo, Carlos Albi. El predecesor de Nauen, Markus Tacke, fue cesado tras tres años al frente.

El jefe de todo esto, Bruch, estudió Ingeniería Mecánica en la Leibniz Universität de Hannover y en la Universidad de Strathclyde, en Glasgow (Escocia). Se doctoró en el Instituto Suizo de Tecnología (ETH) de Zúrich. Con 27 años, debutó como gestor de proyectos del departamento de sistemas de energía y termodinámica del ETH.

A los tres años, en 2000, fichó por la empresa privada: por la energética alemana RWE, en concreto. Primero como gestor de proyectos de investigación en plantas de combustibles fósiles, durante dos ejercicios, y otros dos como jefe de investigación y desarrollo de proyectos de baterías de combustible.

En 2004 pasó a la química germana Linde, fabricante de gases industriales. Durante cinco años ocupó distintos puestos en el negocio de tonelaje de gas; luego, otros tres ejercicios como jefe del área de producto plantas de separación de aire, en la división de ingeniería; otro como director general de dicha unidad, y otros cinco como responsable de ingeniería y miembro del consejo ejecutivo; el último de ellos fue además portavoz del consejo. Se ocupó a su vez de la digitalización del grupo. En total, estuvo 16 años en la empresa.

En mayo de 2020 fichó por la recién creada –como escisión de la división de gas y energía de Siemens– Siemens Energy, como presidente y consejero delegado. La empresa debutó en Bolsa en septiembre de ese año. En una entrevista con el Financial Times publicada entonces, Bruch señalaba la importancia de los combustibles fósiles en la transición verde, al menos durante las dos próximas décadas. “Me parece bien que no se construya ninguna central eléctrica de carbón. Pero al mismo tiempo, para las que [ya] hemos construido... Creo que tenemos que debatir: ¿cuál es la solución menos perjudicial para el medio ambiente que se nos ocurre?”.

Por entonces, el grupo Siemens era protagonista de varias polémicas con los ecologistas por abrir una central de carbón, y por un contrato de señalización ferroviaria en una mina australiana (del que se ocupaba Siemens Mobility). “El carbón desaparecerá, debe desaparecer, pero hacen falta soluciones temporales. Discutir en términos de blanco y negro retrasa las decisiones; el gas natural en particular seguirá siendo un pilar. No hay una bala de plata que resuelva todos los problemas”. Modernizar las plantas existentes que funcionan con combustibles fósiles y reducir su huella de carbono es, decía, “más rápido que lanzarse solo a las renovables”. Eso sí, su intención era invertir los beneficios de los combustibles fósiles en renovables.

Una pata clave del proyecto es Siemens Gamesa, envuelta en graves turbulencias tras tres advertencias de beneficios. Jochen Eickholt (Lage, Alemania, 1962) era hasta ahora vicepresidente de Gamesa. Además, desde enero de 2020 es miembro del consejo ejecutivo de Siemens Energy y responsable de los negocios de generación de energía y aplicaciones industriales, así como de Asia-Pacífico y China. Antes de eso no había trabajado específicamente en energía. En sus dos décadas en Siemens, ha ocupado varios puestos de alta dirección, entre ellos algunos relacionados con la cadena de suministro, así como de automatización ferroviaria, el de CEO de movilidad, y el de presidente y socio director de las empresas de la cartera.

Eickholt estudió Ingeniería Eléctrica en la Universidad Técnica de Aquisgrán, en Alemania, y en el Imperial College de Londres. Tras obtener su título de ingeniero, se doctoró en el Instituto Fraunhofer de Tecnología de la Producción, en Aquisgrán. Empezó trabajando ahí, en consultoría industrial, y luego pasó a Leopold Kostal, firma de electrónica y mecatrónica, y a Desag, de vidrio.

Su objetivo será poner en orden una empresa que no ha conseguido la estabilidad desde la marcha de Ignacio Martín, cuando Siemens tomó el mando en 2017, fusionando sus activos de eólica con los de Gamesa. Las diferencias entre la parte española y la alemana son frecuentes, y la situación se ha agravado con el desa­juste de la cadena de suministro y el encarecimiento de las materias primas, que la compañía no ha podido trasladar a sus contratos ya firmados. El interés de los clientes sigue viento en popa, pero cumplir con los plazos y los presupuestos no será fácil. Estudia incluso la venta de sus parques eólicos en promoción para mejorar sus resultados. Y la matriz no descarta una opa sobre toda la compañía, para excluirla de Bolsa; tiene 2.500 millones de efectivo.

La transición verde no es fácil, y Christian Bruch lo sabe. Ahora, con Eickholt como mano derecha sobre el terreno, le toca aportar soluciones.