Contante y Sonante

La banca doméstica dice no a la tarjeta europea y a la española

Santander es el único banco que se resiste a salir del proyecto

La banca española no participará en la creación de una tarjeta común europea de pago. Pero tampoco está ahora muy por la labor de lanzar una española, como les pidió la CNMC hace ya unos años. La razón es que consideran que el proyecto europeo es muy caro para llegar al mismo punto, y el español, en el que el sector ya concluyó las pruebas piloto y está prácticamente listo para su lanzamiento y comercialización, tampoco les aporta nada.

Fuentes financieras, de hecho, mantienen que Visa y Mastaercard tienen experiencia de sobra para desarrollar lo que sea, y no es necesario hacerles la competencia con un sistema europeo de pagos. ¿Para qué invertir de 2.000 a 3.000 millones de euros en los que se calcula la inversión final del proyecto para llevar a cabo la creación de un sistema de pagos europeo?, comentan las mismas fuentes, quienes añaden que, además, en España ya hay un medio de pago común y exitoso de toda la banca española, Bizum, con una tecnología ya desarrollada y que se ha comprobado su buen funcionamiento. Pero “en Europa se ha querido empezar de cero, cuando perfectamente se podría haber tomado como modelo el bizum español, con el ahorro de costes que ello supondría”, explican fuentes bancarias.

Y tras casi dos años después de ponerse en marcha el proyecto, los bancos españoles han decidido descolgarse. Y eso que la sociedad creada para este fin contaba en su consejo con miembros de la banca española. Solo Santander intenta que el proyecto se mantenga vivo en España, y previere esperar para dar su respuesta definitiva, que ahora se incllina más al permanecer en el proyecto que a su abandono.

Otras fuentes del sector añaden otra queja. Aseguran que la idea de llevar a cabo un medio de pago con el sello europeo era una iniciativa del Banco Central Europeo (BCE), casi fue una obligación. El objetivo estaba bien, crear una Visa o un Mastercard de la UE, para no depender tanto de los sistemas estadounidenses, que tienen prácticamente la exclusividad. Pero al final, ¿merece la pena tanta inversión? “Los bancos con extensión internacional sobre todo en Europa, puede que les sea más rentable entrar en el proyecto comunitario, para operar en Alemania o en otros países con una tarjeta made in UE, pero a la banca doméstica no le es rentable, no lo necesita”, declaran las mismas fuentes.

Otra fuente vinculada al mundo de medios de pago, añade un argumento en contra de la participación española en el proyecto final europeo. “Los españoles habíamos propuesto un sistema de enganches al sistema europeo, una vez que nosotros tenemos ya desarrollada una tecnología punta en medios de pago, una solución mucho más barata que la que se proponia de crear nuevos sistemas. Podría suponer una inversión de 300 millones de euros. Pero no se aceptó esta iniciativa, a lo que se suma, que al ser un proyecto europeo que afecta a cada país que participa, se comenzó a mezclar con problemas de Gobierno. La unión de estos escollos ha hecho que la banca española, en general, se descuelgue del plan de crear un medio de pago europeo. Aunque es cierto, que cada banco es un mundo y podría votar a favor del proyecto a nivel individual”.

Total, que las entidades españolas han decidido descolgarse de esta iniciativa impulsada en 2019, y anunciada el verano de 2020, cuando 16 grandes bancos europeos de cinco países (Alemania, Bélgica, España, Francia y los Países Bajos) y que representaban el 65% de los pagos no efectivos del contienen anunciaron este proyecto.

El objetivo era, bueno y es, crear una plataforma y una tarjeta de pagos, para arracar este año con los bancos más comprometidos con el proyecto, para poco a poco que se fueran uniendo otras entidades.

El futuro lanzamiento de la Iniciativa de Pagos Europea (EPI en sus siglas en inglés), cuyo punto de partida era desarrollar una solución de pagos suponía la paralización unificada aprovechando los pagos instantáneos de la iniciativa española de lanzar una tarjeta doméstica, como indicó Competencia tras la fusión de los sistemas de pago ServiRed, 4B y Euro 6000 hace ya cuatro años.

El proyecto panaeuropeo incluye, gracias al sistema de pagos instantáneos SEPA (Instant Credit Transfer), una tarjeta común para los consumidores y comercios de toda Europa, un monedero electrónico y funciones de pago entre particulares (P2P).

Tras la decisión española de plantarse, la banca podría activar la iniciativa españa, que se encuentra en una fase muy avanzada, con pruebas pilotos casi concluidas, y que se guardo en un cajón para pilotar el sistema de pago europeo, mucho más efectivo, o eso pensaban, que poner en marcha uno local en un mundo totalmente global.

Pero parece que tampoco se tiene mucha intención de concluir el plan español, y eso que gran parte de la inversión ya se ha realizado. Pese a todo, no se descarta que alguna autoridad, incluida Competencia, decida que se reactive el proyecto español, que, como el europeo, pretendía ahorrar varios millones en pagos sobre las marcas americanas y limitar su supremacía en medios de pago.

Como ocurre en el caso europeo, o cambian mucho las cosas o ambas soluciones de pagos se quedarán en un cajon, como hace unos 15 años se quedó enterrado bajo miles de papeles el proyecto para crear un monedero electrónico para pequeños pagos, iniciativa que incluso se desarrollo por completo, e cinluso se activó, pero tras cientos de millones gastados, se volatilizó sin saber por qué.

De esta forma, Europa mantendrá su fragmentación actual, ya que en cada país impera un sistema, y Visa y Mastercard seguirán reinando en los medios de pago en Europa. Aunque puede que la banca tenga razón y sea más práctico, o por lo menos más barato, dejar las cosas como están. Puede. Pero, por favor, ¿se puede analizar el gasto en el que han inclurrido hasta ahora los bancos europeos en este proyecto impulsado por el BCE? A mí, por lo menos, me interesaría conocer los datos como ciudadana europea y como clienta de la banca.

Y por cierto, hablando de pagos. La banca española tiene sus dudas sobre su entrada en el negocio de las criptomonedas ante sus elevadas incertidumbres y volatilidad.Eso es lo que están comentado sus ejecutivos públicamente. Ocurre al contrario con el euro digital. Todos los banqueros defienden este proyecto, tanto que sin que sean preguntados por ello, ellos meten la cuñita en las ruedas de prensa de resultados. Por cierto, esperemos que no ocurra lo mismo con el programa del euro digital como ha sucedido con el proyecto de la tarjeta europea.

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