La crisis del gas en Europa puede evitar el peor de los casos

Aunque una guerra afectaría, es improbable que se aplicara un embargo total a las importaciones de Rusia

Gasoductos en la estación de compresión de Atamanskaya, instalación del proyecto Power Of Siberia de Gazprom, a las afueras de la ciudad oriental de Svobodny, en la región de Amur (Rusia).
Gasoductos en la estación de compresión de Atamanskaya, instalación del proyecto Power Of Siberia de Gazprom, a las afueras de la ciudad oriental de Svobodny, en la región de Amur (Rusia). reuters

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha añadido tensión marcial a la crisis del gas en Europa. Los europeos, que luchan con los precios inflados por la crisis de suministro pospandémica, se enfrentan ahora a una posible invasión de Ucrania por parte del mayor proveedor de gas del continente. Aunque un conflicto empeoraría claramente las cosas, hay una serie de factores que pueden amortiguar el golpe.

El peor escenario, esbozado el martes por autoridades de la administración estadounidense, es aterrador. Rusia suministra alrededor de un tercio de los 450.000 millones de metros cúbicos (bcm) de consumo anual de gas de Europa, sobre todo mediante contratos a largo plazo que lo bombean a través de gasoductos que pasan por Ucrania, Bielorrusia, Turquía y el mar Báltico. Si Putin cerrara los grifos tras una invasión, o si los países occidentales impusieran sanciones que prohibieran todas las compras de gas ruso, Europa se enfrentaría a una crisis energética mucho mayor.

La Unión Europea y el Reino Unido producen unos 60.000 millones de metros cúbicos de gas al año, según datos recopilados por el Instituto de Estudios Energéticos de Oxford. Eso es dos quintos menos que en 2017. Mientras tanto, Europa importa unos 80 bcm de gas natural licuado (GNL). Mientras que los productores exportaron 500 bcm de GNL a nivel mundial el año pasado, satisfaciendo aproximadamente una décima parte de la demanda mundial de gas, casi el 75% de eso fue a Asia. Como resultado, Europa entró en el invierno con unas reservas de gas inusualmente bajas.

Eso da a Putin, que controla al menos la mitad de los 300.000 millones de metros cúbicos de gas que se bombean a Europa a través de los gasoductos cada año, ventaja adicional. Algunos analistas sospechan que ya ha estado frenando el suministro. Las exportaciones rusas que pasan por Ucrania están siendo este mes mucho más bajas de lo habitual. Para los consumidores europeos que sufren unos precios del gas y la electricidad que se han cuadruplicado en el último año, una mayor escasez podría ser económicamente catastrófica.

Si las exportaciones de gas ruso se detuvieran por completo tras una invasión, Moscú podría hacer frente a la situación durante un tiempo. Los altos precios del petróleo y el gas han inflado los ya considerables 800.000 millones de dólares de divisas, oro y recursos de los fondos de riqueza soberana. Eso crea un colchón contra el cierre del principal mercado de exportación de una industria que representa casi dos quintas partes de los ingresos del presupuesto ruso. Pero la interrupción destruiría la reputación del país como proveedor fiable y aceleraría los esfuerzos de los Gobiernos europeos por reducir su dependencia del gas importado mediante el cambio a una energía con menos emisiones de carbono.

Mientras tanto, las posibles consecuencias para las economías europeas implican que los países occidentales probablemente no lleguen a imponer una prohibición total de las compras de gas ruso: el ruido de sables más reciente se centra en restringir la financiación de nuevos proyectos de gas.

Una invasión rusa de Ucrania podría cortar los 40.000 millones de metros cúbicos de gas contratados para que pasen por el país cada año. Pero el analista de ICIS Tom Marzec-Manser cree que Rusia podría desviar una parte de esas exportaciones a través de Bielorrusia. Las importaciones adicionales de GNL podrían cubrir parte del déficit. Estados Unidos ya está presionando a vendedores como Qatar y Australia y a grandes compradores como Japón y Corea del Sur para que desvíen cargamentos a Europa. Mientras tanto, la subida de los precios en Europa ha atraído a los buques cisterna de GNL como polillas a una lámpara. En las últimas semanas, la UE y el Reino Unido han importado el equivalente diario a 500 millones de metros cúbicos, más del doble que el año pasado.

Los incentivos empresariales son otro factor. Una de las razones por las que Rusia ha bombeado menos gas a Europa de lo previsto este mes es que las empresas industriales y de servicios públicos europeas, como Eni, no han comprado tanto. Los contratos de suministro con el gigante ruso Gaz­prom les permiten comprar menos del suministro obligatorio si pueden obtenerlo más barato en otro lugar. En diciembre, el coste de la compra de gas con un mes de antelación se disparó, creando una prima inusualmente grande sobre el coste de la compra de otras fuentes en el mercado al contado. Ahora esa diferencia se ha reducido. Por ello, es probable que las empresas europeas vuelvan a comprar más gas a Gazprom el mes que viene, incluso si aumenta la preo­cupación por una guerra.

Nada de esto debe hacer que los europeos se sientan satisfechos. La incertidumbre mantendrá altos los precios del gas, intensificando la presión sobre los Gobiernos para que ayuden a los clientes con sus facturas de servicios. Pero puede evitarse el peor escenario posible, en el que la guerra en Ucrania obligue a cerrar grandes sectores de la economía del bloque.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías