Los tipos, la deuda y la negociación pendiente de las reglas fiscales

La negociación que ha abierto ya de forma muy preliminar Europa acerca de cómo deben ser las reglas fiscales en 2023, una vez que termine el periodo de gracia de 2020-2022 en el que han estado suspendidas, se produce en paralelo a un cambio obligado de paradigma de la política monetaria, lo que condicionará sus resultados. Hasta hace unas semanas, y pese a que el fantasma inflacionista era cada vez más explícito y los temores de su longevidad más evidentes, se daba por hecho que la política expansiva en liquidez y laxa en coste del dinero aplicada por el Banco Central Europeo se mantendría una larga temporada; pero la iniciativa firme de la Reserva Federal norteamericana para domeñar la inflación, en una especie de cruzada por parte de Jerome Powell como la que en los setenta y ochenta llevó a cabo Paul Volcker, ha trastocado los planes. Los de Lagarde y de forma derivada los de los gobiernos para establecer los nuevos criterios fiscales.

Pese a la pasividad de las autoridades europeas, limitada a declaraciones, los mercados han empujado lentamente los tipos de interés de la deuda a diez años hacia arriba, y el bund alemán, la referencia principal de la política de financiación de la economía en toda Europa, ha entrado en valores positivos por vez primera en 30 meses, consolidando una tendencia que seguirá en los próximos y que endurecerá las condiciones del crédito para empresas, familias y gobiernos, especialmente para gobiernos. El fortísimo crecimiento de la deuda emitida para afrontar los daños de una pandemia que no cesa empezará a pasar factura en las refinanciaciones, y de una forma u otra reforzará las posiciones de los países menos partidarios de la financiación comunitaria y de los flujos financieros del norte al sur.

Y en ese contexto deberán fijarse las nuevas reglas fiscales que ya ha comenzado a debatir Ecofin, y acerca de las cuales ya han trascendido algunas diferencias, que, por otra parte, son las de siempre. Las reglas venideras deberán hacer frente a una consolidación más exigente, puesto que más delicada es la situación de los pasivos de la inmensa mayoría de los países. Pero Europa ha dado ya pasos firmes hacia la mutualización sin quererlo, con la emisión por parte de la Comisión para financiar los fondos Next Generatión, una práctica que en parte se debe consolidar para no volver a poner en riesgo la unidad del euro como se hizo en 2011-2012.

Sería una estrategia conveniente para las finanzas españolas, pero que necesariamente deberían ser correspondidas con un ejercicio serio de control de los gastos y de liberalización de la economía para elevar el crecimiento potencial; un ejercicio que reafirme la confianza de los financiadores en que España honrará sus obligaciones fiscales.