Inflación

CEOE pide a las empresas que no trasladen la subida del IPC a precios ni a salarios

Este aumento se come 40.000 euros en sueldos y ahorros El incremento de precios alcanza el 6,5% a fin de año y el 3,1% medio anual

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi
El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi Europa Press

La subida en vertical del precio de la luz en la segunda mitad de 2021 ha dejado un histórico encarecimiento del 72% en la factura que pagan los hogares por la energía. Una factura que, a su vez, ha sido el principal componente en la escalada de la inflación general: un 6,5% en el año, según los datos definitivos de IPC de 2021 publicados por el INE este viernes. La cifra es dos décimas inferior a la estimada inicialmente en a finales de diciembre, y supera en un punto la de noviembre.

El panorama que dejan los datos de precios a cierre de año confirma la fortísima presión inflacionista en dos partidas de gran peso en la cesta de la compra: la energía y los alimentos. Además del alza del 72% en la electricidad, los combustibles domésticos se encarecen un 45% (los líquidos) y un 33% (los licuados como propano o butano), y las gasolinas un 24%. El aceite de oliva, la carne y la pasta, por su parte, son al menos un 15% más caros que en diciembre de 2020.

Si bien, dado que este fuerte repunte inflacionista se produjo en la segunda mitad del año pasado, la inflación media, con la que es más adecuado medir el nivel del poder adquisitivo de los salarios fue algo más baja, del 3,1%. Así, si este dato se compara con el 1,47% que subieron de media los salarios pactados en convenio para 7,6 millones de asalariados y que solo el 15% de ellos están protegidos por cláusulas de garantía salarial que les compensan del alza inflacionista, estos empleados habrían perdido 1,6% de poder de compra el pasado año. Esto supondrá una merma en dinero de unos 4.000 millones de euros. A

CC OO reclama subidas salariales plurianuales y UGT, alzas de más del 3,7% en 2022

ello se suman otros 6.700 millones que perderán los 6,1 millones de asalariados sin convenio y, en menor medida, los tres millones de empleados públicos. Además, la inflación media se ha comido unos 31.000 millones de los ahorros en depósitos de los españoles y otros 15.000 de las rentas empresariales, según cálculos elaborados por este periódico con las cifras de la contabilidad nacional, el registro de convenios y la EPA.

Con todo, este incremento de los precios ha levantado las alarmas en todos los agentes económicos, en especial de los sindicatos que ya han empezado a reclamar mayores alzas retributivas.

Si bien ayer, tras conocerse el dato definitivo del IPC, fue la patronal CEOE-Cepyme la que hizo una petición más llamativa a sus empresas llamándoles a la moderación para “evitar, en la medida de lo posible”, el traslado del incremento del IPC ni a los precios finales de bienes y servicios ni a los salarios “para no prolongar su efecto”. Con ello, la cúpula patronal pretende que los empresarios no contribuyan a que esta situación inflacionista se prolongue en el tiempo, aún a sabiendas de que la contención a la hora de replicar la inflación en precios y sueldos “implica una reducción significativa de los márgenes empresariales en un momento delicado para muchas empresas tras meses de crisis y restricciones a la actividad”.

Así, desde CEOE recalcan los mensajes del Banco Central Europeo y de la

Comisión Europea, quienes ven el aumento de las materias primas actual como algo transitorio. De hecho, la patronal destaca como mejores referentes para la fijación de precios la inflación subyacente (sin los costes energéticos ni de alimentos frescos), que se ha situado en el 2,1% interanual en diciembre y en el 0,8% promedio en el ejercicio.

Sin embargo, los dirigentes sindicales no comparten del todo esta petición empresarial. Aunque también hay matices en lo que piden las distintas centrales. El sindicato CC OO centra sus peticiones en sentarse con los empresarios a negociar las subidas salariales para los próximos años –de lo que no se deduce que dichas alzas tengan que replicar el desboque del IPC de 2021– y también para estudiar con las patronales “cómo se va a compensar el desfase” del pasado año entre precios y salarios pero de manera puntual. Mientras que desde UGT sí quieren que se traslade en mayor medida este alza de la inflación y reclamará en los convenios subidas salariales por encima del 3,7% para este 2022.

Medidas insuficientes con la energía

  • Fiscalidad. La escalada de los precios, que ya es punto y medio superior a la media europea, sería aún mayor de no haber mediado el recorte de impuestos a la electricidad. La bajada del IVA y la práctica eliminación del impuesto de generación y el impuesto especial de electricidad han compensado solo parte del impacto. El IPC a impuestos constantes, que no tiene en cuenta la rebaja fiscal, es del 7,3%, medio punto más. La electricidad, que se ha encarecido un 72%, habría duplicado su precio sin esos cambios fiscales. Pese a ello, estas medidas no son suficientes para cumplir el objetivo el Gobierno de dejar la tarifa eléctrica a niveles de 2018, ya que según los datos del INE: los precios son un 50% más caros que en diciembre de aquel año.
  • Los servicios domésticos, como luz, gas o combustibles, suponen la mitad de la subida de los precios: 3,16 puntos sobre 6,5. El transporte (gasolinas, principalmente) aporta 1,3 puntos y los alimentos, 1,17. El resto de partidas presenta alzas moderadas, con la excepción de la hostelería, que tras el confinamiento de 2020, en 2021 recuperó actividad y subió precios una media del 3,1%, aportando 3,1 décimas a la inflación.
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