El Covid también pasará factura al ahorrador español

Los depositantes y partícipes de fondos muy conservadores sufrirán una merma en el valor real de su patrimonio financiero

Según el último informe de Inverco sobre el ahorro de las familias españolas, hasta septiembre de 2021 se suscribieron casi 30.000 millones en fondos de inversión, superando, aunque por poco, el dinero que fue a depósitos. Esta es, sin duda, una muy buena noticia, pero en agregado, los hogares de nuestro país mantienen más del 40% de su patrimonio financiero en depósitos. Además, del 15% que invierten en fondos de inversión, la gran mayoría siguen en mixtos conservadores, con una media de renta variable inferior al 20%, que difícilmente podrán batir una inflación media superior al 2%.

Alguno de ustedes igual se pregunta por qué le será difícil a estos fondos igualar o superar la subida en el índice de precios español. Si la media en acciones es inferior al 20% de la cartera, y estos activos han ofrecido históricamente una rentabilidad del 10%, el gestor habrá de ser muy habilidoso para poder superar ese 2% de media. Por muy buen gestor que sea, está obligado, por folleto o por filosofía de inversión, a tener la mayor parte de su cartera en bonos de calidad o en liquidez que, amortiguarán la volatilidad, pero restarán rentabilidad en los próximos años casi con total seguridad. Es como si Nadal se ve obligado a jugar al tenis con una sartén (tipos bajos) y con el sol cegándolo (no está claro cuándo y cuánto subirán los tipos el BCE), con rachas de viento huracanado (6,5% de inflación en España). Seguro que Nadal, hasta en esas condiciones, jugaría mejor que yo, pero que fuera un buen partido es otra cuestión.

A los bancos centrales les viene muy bien mantener los tipos bajos para pagar menos intereses por la deuda acumulada tras la pandemia y la crisis financiera. Pero también tienen como objetivo controlar la inflación. Por lo que se pueden ver obligados a subirlos, sin embargo, es muy probable que los mantengan por debajo de la inflación, ya que les ayudará a digerir la deuda.

El BCE tiene menos presión por inflación que la FED. En la zona euro se ha publicado un 5% frente al 7% de Estados Unidos. Lamentablemente en España estamos más cerca del siete que del cinco. La rentabilidad de bono americano a diez años supera el 1,7%, lejos del 7% de inflación en 2021. En la zona euro los bonos de gobierno apenas ofrecen rentabilidad en media. En Estados Unidos lo sufrirán en menor medida porque los inversores tienen una exposición a renta variable del 60% de media. Una combinación de 60% en acciones y un 40% en bonos de alta calidad crediticia es la habitualmente recomendada por entidades de banca privada. Con este reparto, el hecho de que los bonos hayan restado en 2021 ha pasado desapercibido, pues han compensado generosamente estas caídas con la revalorización de la renta variable.

Al otro lado del Atlántico la forma de invertir difiere bastante. Además de la divergencia en el porcentaje de renta variable, que en media triplica la española, el tipo de gestoras y el tipo de fondos son distintos. En Estados Unidos, el grueso del patrimonio está concentrado en gestoras que se dedican solo a gestionar, aunque algunas de las más grandes ofrecen un servicio de asesoramiento adicional. En España, sin embargo, las mayores gestoras pertenecen a entidades bancarias. El tipo de fondos que utilizan los estadounidenses para construir sus carteras también es diferente, tanto por la categoría, suelen usar fondos puros y apenas hay patrimonio en mixtos conservadores, como por el tipo de vehículo. Cada vez parecen decantarse más por los fondos cotizados. Pero curiosamente estos han dejado de ser sinónimo de gestión pasiva. Muchos gestores activos están reconvirtiendo sus fondos a ETF. Como símbolo de esta tendencia, el mítico fondo de Fidelity, el Magellan, que se transformó a este tipo de vehículo en 2021.

Con la irrupción de los temáticos, que este año se lleva la cuarta parte del trillón dólares que captan los ETF, lo de menos es elegir entre gestión pasiva o activa, simplemente elegir entre la temática o el índice de referencia, ya puede ser una locura para un inversor sin ayuda. Me remito a una de mis tribunas pasadas para el que quiera dimensionar el problema: Tres millones de referencias para las carteras de fondos. Otro dato más que sorprende a los analistas de Morningstar es que, por primera vez en la historia, el número de ETF lanzados en 2021 superó al número de fondos.

Es curiosa la evolución de la industria americana en los últimos tres años respecto al número y la diversidad de fondos. El inversor americano parece que ya se ha aburrido de replicar sus índices domésticos o la Bolsa mundial, y eso que han funcionado francamente bien en los últimos diez años. Pero ya sea por aburrimiento o porque piensan que dejarán de hacerlo bien, solo el 5% de los históricos flujos de este 2021 han ido a este tipo de fondos, aunque siguen siendo los vehículos de mayor tamaño del mundo.

Los españoles que se mantengan en depósitos o en mixtos conservadores todavía tienen margen para asumir riesgo en fondos tradicionales antes de lanzarse a buscar temáticas innovadoras. Si lo hicieran correrían el riesgo de tener una cartera polarizada en cosas muy conservadoras y otras exóticas, lo que quitaría visibilidad, por falta de historia, para establecer una previsión de futura rentabilidad.

Marta Díaz-Bajo es Directora de soluciones de inversión de Atl Capital