Las inflación presiona para acelerar la subida de los tipos

El dilema de los bancos centrales está ya sobre la mesa: combatir la inflación o facilitar la financiación barata. Cualquiera de las dos decisiones tiene costes añadidos, pero seguramente en una de ellas estos superan a los beneficios hasta el punto de no dejar alternativa. Mantener los tipos de interés donde están y con ellos los programas de generosa expansión cuantitativa proporciona facilidad de financiación a corto plazo a los agentes económicos con descomunales niveles de deuda, pero permitirá que se desate una espiral inflacionista que seque la economía en el medio plazo. Por contra, combatir la inflación desde este mismo instante provocará un encarecimiento de la financiación que puede frenar muchos proyectos y puede cercenar el crecimiento a medio plazo, amén de poner contra las cuerdas a los Estados con altas cotas de pasivos como consecuencia de la pandemia, pero evitará que la hidra inflacionista corrompa la economía mundial.

Estados Unidos ya ha advertido de que la prioridad es combatir la inflación, y que para ello no dudará en acelerar tanto la retirada de estímulos monetarios como las subidas de tipos de interés para este año, y que ya en diciembre identificó como tres alzas sucesivas. La inflación en el 6,8% en la economía norteamericana, que se ha acelerado por diversos motivos más allá del bloqueo de las cadenas de suministros industriales, exige una respuesta inmediata. En Europa, con la inflación en la zona euro en el 4,9%, amerita una respuesta muy parecida, pese a que la presidenta del BCE, Christine Lagarde, mantenga un discurso benevolente con el alza de los precios. Los datos conocidos ayer en Alemania en varios estados alertan de un repunte aún más intenso, por la fuerte presión de la energía y la falta de determinados componentes industriales. Y el mercado secundario de deuda, el que marca la verdadera tendencia de los tipos de financiación de la economía más allá de las decisiones del BCE, ya ha llevado los tipos de la deuda a diez años hacia arriba, colocando incluso el bund alemán al borde de tipos positivos después de 30 largos meses en negativo.

Nunca es buen momento para subir los tipos, sobre todo para los endeudados; no es buen momento para los proyectos empresariales apalancados ni para las familias hipotecadas, ni para los Estados que han disparado sus pasivos para hacer frente a la pandemia de Covid sin haberse recuperado del tirón de deuda para solventar los efectos de la crisis financiera. Pero es ine­vitable. En España los agentes privados han devuelto sus niveles de deuda a cotas razonables, y ha sido el Estado quien ha engordado su deuda y su factura, y no tendrá más remedio ahora que recortar gastos e incrementar ingresos.