Joachim Nagel, otro halcón alemán para vigilar el BCE de Lagarde

El nuevo presidente del Bundesbank, afiliado a los socialdemócratas, es tan conservador en lo financiero y crítico con la política expansiva de deuda como su predecesor

Joachim Nagel, nuevo presidente del Bundesbank.
Joachim Nagel, nuevo presidente del Bundesbank.

Socialdemócrata de toda la vida, y como buen financiero alemán, partidario de la austeridad en la política monetaria y fiscal. Joachim Nagel (Karlsruhe, 1966) es el nuevo presidente del banco central germano, el Bundesbank, en sustitución de Jens Weidmann, que dimitió en octubre por motivos personales. Como todo economista con cargos importantes en los supervisores financieros en los últimos años, tiene gran experiencia en crisis.

Hasta ahora era directivo del Banco de Pagos Internacionales, tras haber trabajado 17 ejercicios en el Bundesbank y 3 en KfW, el Banco de Desarrollo del Estado (homólogo del ICO). El nombramiento era prerrogativa del SPD, pero lo ha consensuado con sus socios de Gobierno, Los Verdes y los liberales del FPD, estos últimos especialmente defensores de la prudencia fiscal. Weidmann ha elogiado las habilidades de comunicación, el profundo conocimiento de los mercados y la capacidad de análisis de su sucesor. Se espera que sea continuista en la línea crítica con la flexibilidad de los últimos años del BCE; tiene fama de adoptar enfoques colegiados en la toma de decisiones.

Está casado y tiene dos hijos. Tras terminar el bachillerato, estudió Economía en la Universidad de Karlsruhe (actual Instituto Tecnológico de Karlsruhe). Tras licenciarse con 25 años, fue ayudante de investigación en una cátedra, y durante unos meses, asesor de política económica y financiera en la ejecutiva del SPD, el Partido Socialdemócrata Alemán, del que es afiliado. Con 31 años se doctoró en Economía, y a continuación realizó una investigación en Washington (EE UU), dentro de un proyecto de la Fundación SEW-Eurodrive.

En 1999 fichó por el Bundesbank, inicialmente como jefe de la oficina en Hannover de Hans-Helmut Kotz, entonces presidente del banco central para los estados federales de Bremen, Baja Sajonia y Sajonia-Anhaltr. Allí vivió la introducción del euro. Desde 2003 trabajó ya en Fráncfort. Cinco años después pasó a ser jefe de la importante división de mercados, que aplica la política monetaria. Desde ese puesto se enfrentó ocasionalmente con Weidmann, que empezó a presidir el banco en 2011.

Nagel se ganó la reputación de ser uno de los miembros más importantes de la entidad después del comité ejecutivo. Trabajó en la estabilización del holding de banca inmobiliaria e hipotecaria Hypo Real Estate y en el programa de rescate bancario Soffin. Y se encargó de aplicar la política del BCE cuando este lanzó la compra de bonos a gran escala, que no se reprimió de criticar en público. “Con un programa de compra de este tipo, especialmente si también implica bonos con un rendimiento negativo, los riesgos para el balance son un hecho. No debería posponerse una salida oportuna de la política monetaria expansiva, porque llevaría a un aumento de las cargas financieras para los Estados miembros.”

En 2010 sustituyó al dimitido Thilo Sarrazin en el comité ejecutivo, algo poco habitual, porque sus miembros suelen ficharse fuera. También fue jefe de la unidad de crisis hasta abril de 2016, en que dejó el banco. En noviembre de ese mismo año debutó en el KfW. Durante cuatro años fue miembro del consejo ejecutivo del grupo de crédito, como responsable de los negocios internacionales. Al tiempo, presidió el consejo de supervisión de KfW IPEX-Bank (financiación internacional de proyectos y exportaciones) y fue vicepresidente primero del consejo de DEG Deutsche Investitions-und Entwicklungsgesellschaft (filial de desarrollo de KfW). Según una fuente consultada por el portal FinanzBusiness, Nagel no llegó a sentirse a gusto allí.

El KfW es uno de los grandes financiadores mundiales de la transición verde, de la que él es firme defensor: en 2019 afirmó, orgulloso, que su coche de empresa era eléctrico. Durante ese periodo fue también miembro del consejo de supervisión de la Bolsa alemana, Deutsche Börse.

En noviembre de 2020 pasó a formar parte de la dirección del Banco de Pagos Internacionales como subdirector de banca, desde Basilea (Suiza). Antes había sido, durante muchos años, miembro de su comité de mercados. También representó a Alemania en el grupo de expertos sobre el desarrollo de la Unión de Mercados de Capitales de la UE.

Según Neil Unmack, analista de Reuters, tener un representante ortodoxo, como lo fue Weidmann, puede ayudar a tranquilizar a los ciudadanos alemanes sobre la posibilidad de que su riqueza esté siendo confiscada por la impresión de dinero del BCE. Con todo, si bien en la crisis financiera sí que se atendieron las demandas alemanas, en el tratamiento de la pandemia se les ha hecho poco caso. El nombramiento se produce mientras la creciente inflación obliga a los responsables de fijar los tipos de interés en todo el mundo a frenar los estímulos por el Covid, a la vez que Gobiernos como el alemán están impulsando la inversión.

Nagel ha mostrado su preocupación por el precio del dinero, aunque de forma menos contundente que sobre la compra de bonos. “Los tipos bajos son un reto para los ahorradores, generan un entorno problemático para los bancos, y crean incentivos erróneos para los Gobiernos, al tiempo que desencadenan riesgos de burbujas bursátiles e inmobiliarias al incitar a los inversores a buscar activos de mayor rendimiento. Reducen la presión sobre los Gobiernos para consolidar sus presupuestos y ajustar sus estructuras. La interacción cada vez más fuerte entre la política monetaria y la fiscal es controvertida”.

También ha tenido palabras negativas para el programa de Transacciones Monetarias Directas (OMT, por sus siglas en inglés), que nunca se ha llegado a utilizar. “Las condiciones de refinanciación para los países periféricos han mejorado notablemente”, decía en 2013. “Por lo tanto, es de esperar que el OMT no tenga que activarse nunca”.

La jefatura del banco central alemán cambia, pero todo sigue más o menos igual. El papel de vigilante del BCE sigue en Fráncfort.

Ortodoxia

“Los bancos centrales suelen ser conservadores. Su mandato público –garantizar la estabilidad de los precios– no exige maximizar los beneficios aceptando riesgos”, ha dicho Joachim Nagel.

“Por el contrario, los riesgos pueden dañar a los bancos centrales no solo financieramente, sino también a su reputación”, añade.