Bancos centrales

El BCE extenderá sus compras de deuda en 2022 para apuntalar la economía y el mercado

Elevará el plan previo de compras (APP) a 40.000 millones al mes en el segundo trimestre y a 30.000 millones en el tercer trimestre

El PEPP concluirá en marzo pero se extenderá el plazo para la reinversión de los vencimientos al menos hasta finales de 2024

Christine Lagarde, presidenta del BCE
Christine Lagarde, presidenta del BCE Reuters

El BCE ha anunciado hoy su estrategia de compra de activos para 2022, un primer paso en la retirada gradual de los estímulos monetarios lanzados con la crisis y en la que la subida de tipos queda aún muy lejos. La institución asegura que se dan las condiciones para rebajar las adquisiciones de deuda pero que es necesario conservar la flexibilidad mantenida hasta ahora y la opcionalidad de su política monetaria. El objetivo es ir rebajando la intensidad de los estímulos en un entorno de fuertes subidas de precios y crecimiento económico pero sin perder de vista la persistente amenaza de la pandemia. Y sin socavar ni mucho menos la estabilidad financiera lograda con la batería de compras de deuda lanzada en marzo de 2020.

“Ante la actual incertidumbre, el Consejo de Gobierno del BCE necesita mantener la flexibilidad y la opcionalidad en el desarrollo de su política monetaria”, señala el comunicado difundido tras la reunión de hoy. Christine Lagarde, la presidenta de la institución, ha reiterado además que es improbable que el BCE eleve tipos el próximo año.

Las compras se irán reduciendo ya desde el inicio de 2022 y, aunque en menor medida, se extenderán a lo largo del año para dar estabilidad a la economía de la zona euro y al mercado financiero. Así, el BCE ha anunciado que las adquisiciones de  su plan extraordinario antipandemia (PEPP) ya se reducirán respecto al trimestre anterior y ha confirmado el final de este programa en marzo de 2022. Para evitar tensiones financieras, reforzará su programa de compra de activos previo, vigente desde 2015, conocido como APP por sus siglas en inglés. Lo elevará de 20.000 a 40.000 millones de euros al mes durante el segundo trimestre y a 30.000 en el tercer trimestre. A partir de octubre, volverá al nivel actual de 20.000 millones de euros al mes durante el tiempo que fuera necesario. "El Consejo de Gobierno espera que las compras netas de activos finalicen poco antes de que comiencen las subidas de tipos de referencia", apunta el comunicado. 

Además, el BCE ha anunciado que se prolongará la reinversión de los vencimientos de la deuda del programa PEPP hasta al menos finales de 2024, un año más de lo previsto hasta ahora, lo que dará opción a seguir comprando deuda soberana griega y a seguir manteniendo un mayor margen a la hora de adquirir deuda española o italiana, las más sensibles a las tensiones del mercado financiero. "La pandemia ha mostrado que, en condiciones de estrés, la flexibilidad en el diseño y en la realización de las compras de activos ha contribuido a contrarrestar las dificultades en la transmisión de la política monetaria", señala el comunicado.

En definitiva, si el BCE ha adquirido hasta ahora entorno a 90.000 millones de euros en activos (cerca de 70.000 millones del PEPP más 20.000 millones del APP), a partir de abril esa cuantía se verá recortada a menos de la mitad, a lo que se añadirá el efecto de la reinversión de los vencimientos del plan antipandemia. El objetivo de la institución es que, una vez concluido ese programa, no surjan turbulencias financieras en la zona euro ni se tensionen las primas de riesgo de los países más vulnerables, ante lo que extenderá sus compras de activos, aunque con menor intensidad. El anuncio aun así no ha evitado el tensionamiento de la deuda soberana europea, con alzas de rentabilidades en los bonos españoles, italianos y franceses.

El BCE ha afrontado en esta reunión de diciembre el difícil dilema de ir endureciendo su política monetaria con el planteamiento de una reducción gradual de las compras mientras se aviva la inquietud por el impacto económico que puede llegar a tener la variante ómicron del coronavirus y la nueva oleada de contagios que recorre la zona euro. Y ya abordaba la cita bajo la presión de unos precios desbordados, con tasas de inflación que no se recordaban en décadas y que apuntaban por tanto a la necesidad de reducir estímulos monetarios.

El gran fantasma para la zona euro es la estanflación, una situación económica de precios al alza y débil crecimiento económico. La presidenta del BCE Christine Lagarde ha vuelto a insistir en que la inflación decaerá a lo largo de 2022, a medida que se estabilice el precio de la energía y se vayan resolviendo los problemas de suministro, y en que pese a todo, la situación de la economía de la zona euro es sólida. Aun así, la previsión de inflación para 2022 ha dado un salto desde el 1,7% de septiembre al 3,2% anunciado hoy. Lagarde ha reconocido además que existe el riesgo de una revisión al alza de las perspectivas de inflación, si bien por el momento no se detectan efectos de segunda ronda como un alza en los salarios.

La presidenta del BCE ha reiterado en que no se dan las circunstancias para pensar en subidas de tipos en 2022, que cree "muy improbables", a diferencia de lo avanzado por la Fed, que ayer anunció la aceleración de la rebaja de sus compras de deuda, para ponerles fin en marzo, y la previsión de hasta tres subidas de tipos durante el próximo año. Hoy mismo también han decidido subir los tipos el Banco de Inglaterra y el Banco de Noruega.

Más inflación e incertidumbre económica

El BCE ha aprovechado además la última reunión del año para actualizar su cuadro macroeconómico. Prevé que el PIB de la zona euro cierre el ejercicio en el 5,1%, frente al 5% estimado anteriormente, para moderarse hasta el 4,2% en 2022 (frente al 4,6% previo), y reducirse hasta el 2,9% en 2023 (la anterior previsión era del 2,1%).

Asimismo ha actualizado sus cálculos de IPC, que Lagarde ha reconocido han sufrido importante al alza respecto a las estimaciones de septiembre. El BCE prevé que la zona euro cierre el año con el IPC en el 2,6%, cuatro décimas más que el anterior cálculo, un incremento que se justifica en dos terceras partes en lo sucedido en los últimos meses con el precio de la energía. El IPC se elevará hasta el 3,2% en 2022 (frente al 1,7% previsto anteriormente), y se moderará ya en 2023, cuando estima un IPC del 1,8% , que se mantendrá también en 2024. Previsiones que en el medio plazo se mantienen aún por debajo de la meta del 2% de estabilidad de precios del mandato del BCE y a partir del que se podría plantear una subida de tipos.

Sobre la inflación subyacente, que excluye los precios energéticos y los de los alimentos frescos, el BCE espera que cierre este año en el 1,4%, una décima por encima del anterior cálculo, para subir al 1,9% en 2022 (cinco décimas más) y bajar al 1,7% en 2023.

"A lo largo de 2022 esperamos que los precios de la energía se estabilicen, que los patrones de consumo se normalicen y que disminuyan las presiones sobre los precios derivadas de los cuellos de botella de la oferta mundial", ha asegurado Lagarde. La presidenta del BCE ha asegurado que pese a las incertidumbres que plantea ómicron y la nueva ola del coronavirus y el entorno elevado de precios, la recuperación económica de la zona euro "se sostiene por la sólida demanda doméstica". Aunque también ha reconocido que podría verse retrasada, en especial en los sectores más vinculados a los servicios. 

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