Banca tradicional y ‘fintech’: la alianza frente a las ‘big tech’

En la actualidad ninguna empresa, salvo los bancos, dispone de tantos datos susceptibles de ser puestos en valor

Las big tech estadounidenses y chinas ganan terreno inexorablemente en Europa. Al hacer converger el considerable volumen de datos que ya tienen con las transacciones de pago que van recopilando, multiplican el valor monetario o experiencial extra que ofrecen a los consumidores y de esta forma siguen atrayéndolos irresistiblemente hacia sus respectivas plataformas, a riesgo de encerrarlos en jardines con vallas infranqueables.

No es un secreto, aunque no esté todos los días en la primera página de los periódicos, que hay una lucha silenciosa entre los bancos tradicionales, fintech y las big tech en Europa para ganar la guerra de los pagos. Por una parte, si los bancos quieren mantenerse en el juego deben entender que en última instancia es siempre el cliente quien decide adónde quiere ir, y que lo hace en función de la calidad de la experiencia y de los beneficios tangibles que se le ofrecen. Por esta razón, es urgente para las entidades financieras identificar sus puntos fuertes, forjar las alianzas adecuadas, pulir sus armas y salir al ataque.

Al comprender antes que nadie que la experiencia del cliente era un modelo de negocio poderoso, los Gafam (las cinco grandes compañías tecnológicas estadounidenses) y luego los BATX (las cuatro empresas tecnológicas más grandes de China) tomaron una ventaja considerable liderando enormes comunidades de usuarios altamente comprometidos y tienen acceso a volúmenes de datos gigantescos. Disponen de un poder tecnológico y financiero excepcional, lo cual les permite desarrollar soluciones de pago de alto rendimiento.

Hasta aquí, nada que objetar. Salvo que, mirándolo más de cerca, cabe preguntarse si estos gigantes no se habrán beneficiado de un liderazgo honorablemente ganado en su negocio principal para imponer su dominio de forma menos honorable en el sector de los pagos digitales. Un ejemplo: las grandes tecnológicas tienen la capacidad de ofrecer a los consumidores soluciones de pago gratuitas porque se financian con otras actividades. También tienen el poder de negar el acceso a los chips NFC de los smartphones y, por tanto, pueden impedir que las empresas utilicen esta tecnología para desarrollar sus propias soluciones. Tampoco hay que olvidar que los monederos de Apple o Google ya están preinstalados en la gran mayoría de los teléfonos inteligentes y que, bajo la presión de los usuarios, los bancos han tenido que aceptar que sus tarjetas de pago puedan vincularse a las aplicaciones de pago móvil de Apple y Google.

¿Cómo luchar contra esta ley del más fuerte impuesta por las big tech? En primer lugar, poniendo en marcha, cuando sea justo y necesario, mecanismos reguladores, lo cual no es siempre fácil en Europa, donde a los Estados no siempre les resulta fácil llegar a un acuerdo.

En segundo lugar, y más importante, actuando. Esto siempre y cuando se tenga en cuenta que, a pesar de que los pagos móviles están aumentando a toda velocidad, y a pesar de que las big tech acumulan considerables volúmenes de datos, la gran mayoría de los pagos todavía se realizan a través de los bancos tradicionales. En la actualidad, ninguna empresa aparte de los bancos dispone de tantos datos susceptibles de ser puestos en valor, sobre todo si se tiene en cuenta que dichos datos son especialmente poderosos al ofrecer una visión completa del comportamiento de compra de los usuarios.

Es aquí donde entra en juego la agilidad de las fintech europeas, que son las campeonas del análisis de datos bancarios al servicio de un mejor conocimiento del cliente y, por tanto, de una mejora en su experiencia de usuario. Un conocimiento detallado de los clientes permitirá, por ejemplo, una simplificación del proceso de onboarding, la obtención de un préstamo para los clientes sin contratos de trabajo fijo, la personalización de un servicio sin acción requerida por parte del cliente, una mensualidad más ventajosa con un seguro o el reintegro de efectivo de una recompensa, sin interrupción del proceso, durante una compra (lo que se denomina payment marketing).

Los bancos se encuentran ahora en una buena posición y deben apoyarse sin demora en este acceso privilegiado a los datos para enriquecer la relación con sus clientes, ofreciéndoles nuevos servicios. De lo contrario, es probable que vean a las big tech adueñarse de estas oportunidades.

Las entidades financieras, los reguladores europeos e incluso el mundo político deberían reflexionar sobre si la mejor defensa es un ataque. Una alianza entre los bancos tradicionales y las fintech B-to-B aparece como una base necesaria de trabajo conjunto para mantener nuestra soberanía sobre los datos bancarios –no dejemos que se escapen al igual que los datos web– y elevar la satisfacción del cliente.

Jacquelin Becheau La Fonta es Cofundador y director de operaciones de Paylead