La impugnación legal confirma la lógica del megaproyecto de Nvidia

La demanda antimonopolio del Gobierno de EE UU contra la compra de Arm subraya las ventajas de la operación

Jensen Huang, CEO de Nvidia.
Jensen Huang, CEO de Nvidia. reuters

A veces, la crítica más dura a una fusión es su mejor defensa. Tal es el caso del intento del fabricante de chips Nvidia de comprar Arm, una adquisición a la que la Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos ha puesto una demanda de bloqueo. El precio inflado del acuerdo, en gran parte basado en acciones, ha socavado considerablemente la lógica financiera. La demanda del regulador, sin embargo, proporciona un útil recordatorio de la razón estratégica para poseer la llamada Suiza de los semiconductores.

Nvidia fabrica procesadores que pueden masticar grandes volúmenes de datos en paralelo mediante operaciones sencillas. Esta tecnología es cada vez más importante para los centros de datos, en los que alimenta los algoritmos de aprendizaje automático. En este caso, los chips de Nvidia son complementarios a los procesadores informáticos tradicionales fabricados por Intel, Advanced Micro Devices (AMD) y otros. Arm, en cambio, amenaza con desplazar por completo a estos circuitos.

A diferencia de Nvidia, Arm, con sede en Reino Unido, no fabrica sus propios chips, sino que licencia sus diseños a otras empresas que los utilizan como base de sus procesadores, una posición que le ha valido una reputación de neutralidad dentro de la industria. Los licenciatarios de Arm están invadiendo cada vez más el terreno de Intel y AMD, y Amazon ofrece sus propios chips para centros de datos basados en Arm.

La transacción, valorada en unos 40.000 millones de dólares en efectivo y acciones cuando se dio a conocer en septiembre de 2020, cuenta con la oposición de los principales licenciatarios de la propiedad intelectual de Arm, entre ellos Apple y los fabricantes de chips rivales Qualcomm y AMD, según los medios. Los fabricantes de chips Broadcom, MediaTek y Marvell sí la apoyan, según Nvidia.

La teoría detrás de la adquisición es que dará a Nvidia un punto de apoyo en las dos principales tecnologías ascendentes, dándole un mayor acceso a un importante mercado en crecimiento. Sin embargo, las acciones de Nvidia apenas se movieron al conocerse la noticia de que la FTC quiere impedir la operación. Es un indicio de que la subida del 150% en el precio de las acciones de Nvidia en los aproximadamente 14 meses transcurridos desde que se dio a conocer el acuerdo –que hizo que la valoración de la compra pasara de 40.000 millones de dólares a unos 75.000 millones– tiene poco que ver con las expectativas de sinergias prometedoras, y que los inversores no se inmutan ante la posibilidad de que se desmorone.

Los antimonopolio lo ven de otra manera. Su queja identifica tres mercados de productos en los que creen que la empresa combinada tendría un poder excesivo. Dos de ellos están relacionados con los centros de datos. Según el acuerdo con Arm y su propietario mayoritario, SoftBank, Nvidia está legalmente obligada a litigar en defensa del acuerdo. Al menos la FTC, en cierto modo, está afirmando que hay algo por lo que vale la pena luchar.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías