Qué hacer si la economía vuelve a echar el freno de mano por el Covid

La aparición de una nueva variante del Covid-19 en Sudáfrica, de alto nivel de contagio por su facilidad de mutación y el desconocimiento sobre su grado de resistencia a las vacunas vuelve a poner a la economía en alerta. La primera reacción de los mercados financieros es un severo ajuste de precios de los activos de renta variable, con especial virulencia en los títulos de las empresas ligadas a la movilidad y la actividad turística, en un movimiento precautorio del dinero y hasta conocer más detalles sobre la nueva variante y sus efectos sobre la actividad. Este nuevo schok, que no por conocido deja de impactar en la economía, se suma a la preocupación creciente de las últimas semanas por el avance de los contagios en países centroeuropeos, que han provocado ya confinamientos parciales en Austria, Países Bajos e Italia, y que manejan ejecutar en Alemania. Incluso en España, con elevados niveles de vacunación, han vuelto las restricciones en determinadas actividades de ocio en algunos territorios. Un año después de la aparición de las vacunas y de la efervescencia súbita de la economía y los mercados todo parece empezar de cero.

Algo hemos debido hacer mal a nivel global para que casi dos años después de la aparición del virus y un año después de la llegada con eficacia probada de las vacunas estemos de nuevo en la casilla de salida. Sirve de poco, más allá de la preservación de la salud, disponer de una apreciable ventaja en los procesos de inmunización, como es el caso de España, en una economía globalizada de la que este país tiene una dependencia casi absoluta por el alto grado de penetración de la actividad turística. Los valores del sector se desplomaron el viernes hasta un 10% (aerolíneas, hoteleras y empresas aeroportuarias), cuando estaban aún lejos de recuperar las valoraciones previas al estallido inicial de la crisis sanitaria.

Ahora todos los pronósticos sobre la marcha de la actividad y su reflejo en la inversión deben ponerse en revisión, metiendo en el cóctel un ingrediente nuevo de máxima incertidumbre, por si no había suficiente con la amenaza de la inflación, la quiebra de las cadenas de suministro industrial y la expectativa latente de subidas de los tipos de interés. La inversión debe repensar su destino, y seguramente volver la mirada a los valores más defensivos del mercado; además del tradicional recurso a la liquidez, quizás también de nuevo a la deuda soberana y corporativa más segura, y desde luego a sectores y empresas de actividades vitales como salud, alimentación y energía. Si se aprecia el riesgo, una buena porción de la cartera debería volver a los valores más castigados en esta tormenta, que como todas en el pasado, también pasará.