Es el tiempo, no el ‘timing’: la rentabilidad se logra estando invertido

Entre renta fija y variable es preferible la variable: empresas de calidad, con marcas potentes, amplia base de clientes y poder de fijación de precios

Un buen calificativo para este 2021, desde el punto de vista de quienes tienen que tomar decisiones de inversión, podría ser desafiante.

Desafiante por lo difícil que es predecir; desafiante porque, aunque se acierte con ciertos temas o tendencias, muchas veces el mercado luego reacciona de manera inesperada, y desafiante porque ha contradicho a unos cuantos eventos esperables estadísticamente.

El tema del año es la inflación y una de las palabras del año es “transitoria”. Con esto llevamos ya doce meses y la inflación es hoy más alta que cuando se empezó a temer que lo fuera (el dato de IPC estadounidense que conocimos el miércoles se situó en el 6,2%) y, sin embargo, los mercados no están demasiado preocupados por ello (o al menos, no lo demuestran).

Los mercados de renta variable están teniendo un año excepcional. El índice mundial, en euros, acumula un resultado del 27% en el año y lo está consiguiendo, además, sin apenas sobresaltos. A nivel de estilos, y a pesar de las fuertes rotaciones que hemos visto en algunos momentos del año, las cosas se han igualado bastante y el value, el growth y la calidad llegan a noviembre prácticamente empatados.

En el mundo de la renta fija, a pesar de estar ocurriendo lo esperable -repunte de los tipos de interés-, tampoco estamos viendo lo que sería lógico ver dadas las altas lecturas de inflación recientes.

Estamos ya finalizando el año 2021 y llega el momento de pensar en la estrategia del año que viene. Lo de pensar en años de calendario no deja de ser una convención algo absurda, pero es así como actuamos a nivel de industria, nos permite parar y reflexionar y tomárnoslo como metas volantes.

¿Cómo pinta el 2022? La realidad es que pinta tan desafiante como el 2021, con la dificultad añadida de que el 2021 nos deja algunas cosas a precios muy exigentes. Como gestores de cartera, tenemos que tratar de definir un campo de juego, cuál pensamos que va a ser el escenario más probable. Y el escenario más probable es un entorno de crecimiento, más bajo que el de 2021, pero crecimiento al fin y al cabo. También empezaremos a convivir con retirada de estímulos por parte de las autoridades monetarias. En algún momento veremos subidas de tipos. Cuánto o cuándo sigue siendo un interrogante. Quizá no lo veamos aún en 2022.

De momento, el mercado está comprando la tesis de que la inflación es transitoria (algunos dicen que transitoria durante mucho tiempo), pero, ¿qué pasará si no lo es? ¿Actuarán los bancos centrales, subiendo los tipos, inoportunamente?

Vaya por delante que no sabemos lo que va a pasar, pero la interpretación de la inflación o del tipo de inflación que estamos viendo es sumamente importante. Cuando la inflación se origina por el lado de la demanda, es decir, incremento de bienes y servicios que queremos consumir, la subida de los precios se puede combatir retirando renta disponible a los agentes económicos vía subida de tipos de interés. Es la teoría clásica de cómo las autoridades monetarias enfrían los ciclos expansivos cuando la inflación hace su aparición.

En el momento actual es cierto que hemos visto un alto crecimiento de la demanda, sobre todo de bienes. Las personas hemos comprado cosas (bienes) porque no podíamos hacer cosas (servicios). Lógicamente, eso ha impulsado la demanda de bienes, pero, ahora, ¿qué estamos viendo? Ruptura de las cadenas de suministro, incremento de los costes de transporte, falta de mano de obra, escasez de algunos materiales, alza del precio de las materias primas, etc. Es decir, tenemos tensiones originadas en el lado de la oferta. ¿Que las autoridades monetarias suban los tipos de interés va a resolver estas cuestiones? No es fácil de contestar, pero podemos pensar que no hay una relación directa.

Por esta razón, pensamos que el mercado no está poniendo en precio subidas de tipos ni más tempranas ni de mayor calado. El entorno que viene, en cualquier caso, no es bueno para los bonos. Sería lógico ver tipos algo más altos, sobre todo si el crecimiento sigue robusto. Por esta razón, seguimos muy cautos con la renta fija, en general.

En el mundo de la renta variable, queremos huir de la discusión de si hay que apostar por las cíclicas o el value porque son las que mejor capturan los entornos inflacionistas y hay que huir del growth porque el incremento de tipos perjudica las tasas de descuento. Son parecen planteamientos demasiado simplistas.

Entre la renta fija y la renta variable, preferimos la renta variable. De todos los estilos, apostamos claramente por la calidad. Empresas sin deuda, con capacidad de generar flujos de caja, marcas potentes, amplia base de clientes y poder de fijación de precios. Esto último es lo más importante para capear razonablemente un entorno más inflacionista.

Queremos tener un poco de crecimiento y también queremos tener sectores cíclicos, pero ambos estilos de la mano de las empresas líderes de esos sectores. No creemos que haya que apostar por un factor aisladamente, porque el mercado puede hacer lo contrario de lo que se espera incluso acertando con el entorno. También sabemos que los momentos de excesiva complacencia suelen finalizar con algún susto, pero es posible que este tarde en llegar, por eso preferimos tener coberturas y no desinvertir la cartera.

Como conclusión, una frase que nos gusta recordarnos es “time not timing drives long-term wealth creation”, es decir, la rentabilidad se consigue estando invertido en el mercado no tratando de adivinar cuándo entrar y salir.

Marta Campello es Socia y gestora de Abante