El impulso ecológico de los bancos requiere más palo que zanahoria

Apoyar demasiado el crédito verde puede provocar que se den préstamos a empresas poco solventes

Canary Wharf, en Londres.
Canary Wharf, en Londres. AP

Los organismos de control de los bancos por fin están pensando seriamente en el clima. Pero algunas de las ideas que se barajan podrían crear extraños incentivos. Es mejor reprimir a los rezagados que engatusarlos.

El Comité de Basilea está estudiando cómo medir y reducir los riesgos financieros derivados del cambio climático. Es prudente. Un estudio del BCE estima que los préstamos a los grandes emisores de carbono suponen el 14% de los activos de los bancos de la zona euro. Si los Gobiernos introducen precios elevados del carbono, esos prestatarios podrían dejar de pagar y acabar con una parte de las reservas de los bancos.

Una solución es cambiar las ponderaciones de riesgo que regulan la cantidad de capital que los bancos deben mantener frente a los distintos activos. Los organismos podrían introducir un descuento para las exposiciones verdes y una penalización para las de combustibles fósiles. La idea tiene defectos, como argumenta el Banco de Inglaterra. Un esfuerzo similar para subvencionar los préstamos a las pymes europeas a través de ponderaciones de riesgo no logró impulsar los volúmenes de crédito de forma notable, según un estudio de 2016. Ello sugiere que los reguladores tendrían que diferenciar mucho las ponderaciones. Pero los bancos podrían verse incentivados a conceder préstamos a empresas respetuosas con el clima, pero financieramente poco sólidas, mientras evitarían a contaminadores solventes que están tratando de redimirse.

Hay otras herramientas. Los reguladores dicen a los bancos que mantengan los llamados complementos de capital para riesgos marginales como facturas legales o multas. Los test de estrés al calentamiento global, como los que han puesto en marcha el Banco de Inglaterra y el BCE, ayudarían a identificar a los rezagados. También podría ser obligatorio divulgar la proporción de activos respetuosos con la naturaleza.

Eso centraría la atención de los directivos sin incentivarles a conceder préstamos de riesgo. Es improbable que los bancos cambien por sí solos. Pero los palos son más prometedores que las zanahorias.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías