Ahorro

Tipos cero más inflación: las reglas del mercado cambian para la inversión segura

La búsqueda de rentabilidad pasa por asumir posibles pérdidas de capital. Los expertos ponen el foco en batir el IPC y aconsejan diversificar las carteras

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El riesgo es el pilar de la inversión. La elección de los productos financieros siempre debe hacerse en base a lo que se está dispuesto a perder. En España, tradicionalmente, los inversores han sido muy conservadores, y la mayoría ha optado por las opciones más seguras.

Los últimos datos publicados por Inverco (Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones) sobre el ahorro financiero de las familias, correspondientes al primer trimestre de 2021, revelan que el activo preferido continúan siendo los depósitos y el efectivo, suponiendo el 42% del total.

Otros como la participación en los fondos de inversión o fondos de pensiones suponen el 15% y el 5%, respectivamente, mientras que la renta fija representa el 0,51% y la Bolsa, el 12%. Precisamente, ha sido en la renta variable donde los españoles han reducido más su exposición desde 2000, cuando suponía el 21,3%. El estallido de la burbuja de las puntocom y dos crisis mundiales, una financiera en 2008 y otra sanitaria por el Covid-19 en 2020, llevó a la búsqueda de mayor protección.

Los acontecimientos de las dos últimas décadas, así como sus consecuencias, están impulsando un cambio en las finanzas personales en cuanto a la búsqueda de rentabilidad. “El problema es que hemos pasado a unos tipos de interés en negativo”, señala Jordi Andreu, profesor de OBS Business School. Europa lleva instalada en una política de tipos de interés al 0% desde la crisis financiera con el objetivo de reactivar las economías.

Los tipos de interés son la referencia para activos como los depósitos o la deuda pública (bonos y letras del Tesoro). Y en medio del actual escenario ha aparecido la inflación. “La inversión segura es un concepto amplio. Desde el punto de vista legislativo existe una clasificación donde la puntuación más baja es la menos arriesgada y la más alta, la que más. Pero no hay nada 100% fiable, porque siempre hay una mínima posibilidad de que ocurra algo”, apunta Andreu. Y añade que desde el punto de vista profesional se está poniendo el foco en no perder el nominal. “Hay que intentar batir la inflación para no perder poder adquisitivo”, dice. El Índice de Precios de Consumo (IPC) se situó en España el pasado agosto en el 3,3%.

“Los activos que defienden el capital o el ahorro son aquellos que son capaces de al menos batir a la inflación, cosa que hoy por hoy es muy difícil, al menos que se invierta en los denominados ILB (inflation linked bonds), bonos ligados a la inflación, de muy difícil acceso al inversor particular”, asegura Javier Niederleytner, profesor del IEB. En este momento, “la única alternativa que existe es asumir algo de riesgo, dejando a los asesores financieros que expliquen la diversidad que existe para adecuarla al perfil de cada inversor”.

La importancia de la cultura financiera y del plazo

Bolsa. Desde Amiral Gestion indican que, “históricamente, las acciones son las que mejor defienden el capital, ya que las empresas pueden ir trasladando el efecto de la inflación a sus clientes”. En OBS apuntan que a largo plazo los mercados han batido el IPC”.

Diversidad. “Los alemanes no tienen menor aversión al riesgo, simplemente tienen más conocimientos financieros”, según Amiral Gestion. Son muchos los ciudadanos que no saben qué hacer más allá del ladrillo y el depósito. “El riesgo es descapitalizar por el efecto inflación el ahorro ganado”.

¿Dónde invertir entonces con la máxima seguridad? Hay una regla básica y sencilla aplicable a todos los productos: cuanto mayor es la volatilidad de precios, más posibilidades hay de pérdidas, y viceversa. Desde BBVA lo explican: “Un activo libre de riesgo ofrece una rentabilidad conocida previamente, es decir, su volatilidad es nula y, por lo tanto, su valor no cambiará con el tiempo. Dado que rentabilidad y riesgo están directamente relacionados, el activo libre de riesgo ofrecerá un retorno bajo y, además, el concepto libre de riesgo está sujeto a matices.

Un ejemplo puede ser la deuda pública de un país muy solvente: con muy alta probabilidad hará frente a sus compromisos, pero no se puede asegurar con certeza absoluta que no ocurra lo contrario”. Aclaran: “cualquier inversión que busque rentabilidad adicional a la ofrecida por este tipo de activos, deberá asumir un mayor riesgo; es uno de los principios básicos de la inversión que todo el mundo debería tener muy claro”.

Francisco Sainz, director de inversión de Imantia, detalla algunas posibilidades para sortear posibles peligros: “La deuda pública ofrece rendimientos demasiado bajos para compensar la inflación. Invertir en Bolsa presenta un mayor potencial de rentabilidad, pero tiene una mayor volatilidad que podría derivar en pérdidas en periodos concretos de tiempo. Creemos que la mejor defensa del capital es mantener una cartera diversificada a nivel geográfico y de activos con una pequeña parte en renta variable y el resto en una combinación de renta fija privada, deuda pública y efectivo, bien sea en directo o a través de fondos”.

Con respecto a la tendencia de los españoles de seguir eligiendo los depósitos, pese al nulo o bajo beneficio, Sainz subraya que “pueden tener cabida dentro de una cartera diversificada que incluya activos como la Bolsa o la renta fija privada, donde la proporción de riesgo debería ir ligada al horizonte temporal, con más Bolsa global si no se necesita el dinero invertido en un plazo más amplio”.

Para Borja Aguiar, director de ventas para Iberia de Amiral Gestion, “el riesgo cero es un oxímoron”, pero aclara que “existen formas de reducirlo”. “Se requiere de un análisis fundamental y de una cartera bien diversificada. Creemos que tener carteras blend es más seguro que apostar en una sola dirección, ya que incluye compañías con un perfil más defensivo y empresas con crecimientos atractivos; es compatible y deseable la elección”, sostiene.

Jordi Andreu sugiere, por otro lado, la búsqueda de bonos y obligaciones de empresas solventes, o la renta fija de Estados con un rating doble o triple A, que “prácticamente son la mayoría de los europeos”. De forma paralela, explica cómo el ladrillo vuelve a ser una opción. “Se puede repercutir en la cuota de alquiler del inquilino el aumento del IPC”, dice. Además, la situación de bajos tipos de interés facilita su compra, ya que el coste de la hipoteca está igualmente en mínimos históricos.

El precio de la vivienda libre subió en España un 3,3% en el segundo trimestre en tasa interanual, 2,4 puntos por encima a la del trimestre anterior, siendo la más elevada desde finales de 2019, antes de la llegada de la pandemia, según el último índice de precios de vivienda (IPV) del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Un estudio reciente de Pisos.com revela que la rentabilidad bruta del alquiler en España se situó entre abril y junio de 2021 en una media del 6,26%. “La inversión en inmobiliario debería ofrecer un rendimiento entre el 5% y el 6%, si no se estaría asumiendo excesivo riesgo”, comenta Luis Benguerel, consejero de Anattea Gestión.

Benguerel incide en que en este momento hay que buscar rendimiento, y que la forma de conseguirlo es diversificando y controlando el riesgo, e invita a tener precaución con la Bolsa: “Llevamos un ciclo alcista desde 2009 con la intervención de los bancos centrales, con pequeñas correcciones que se recuperan rápidamente; hay que ser prudentes”. Y ante este panorama, el experto apunta como recomendación la utilización de la gestión cuantitativa, de la que es especialista su firma: “Con la gestión cuantitativa se controla la volatilidad. Existe una descorrelación total con los índices de referencia, con el único objetivo de conseguir rentabilidad”.

Los analistas de BBVA destacan que “la seguridad de una inversión cobra más importancia cuando más cerca temporalmente hablando se encuentre el objetivo para el que se invierte”. “El tiempo condiciona de forma importante la inversión porque otorga o quita margen de maniobra”, concluyen.

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