Transporte

Renfe rompe barreras para las trabajadoras en su línea de Arabia Saudí

Un 31% de su plantilla local es femenina, con 138 empleadas. La conducción y puestos operativos siguen siendo para los hombres

Una empleada de Renfe junto a un tren de la línea Haramain, en Arabia Saudí.
Una empleada de Renfe junto a un tren de la línea Haramain, en Arabia Saudí.

En un país en que las mujeres están muy lejos de tener los mismos derechos que los hombres, como es Arabia Saudí, Renfe está dando pasos hacia el equilibrio entre géneros en la plantilla local que opera el servicio de alta velocidad La Meca-Medina. El grupo que preside Isaías Táboas tiene contratadas a 138 mujeres en un equipo de 449 trabajadores saudíes. Una cuota del 31% que ya supone una conquista.

Apenas un 27% de las mujeres tienen un puesto de trabajo en el país, y este suele ser en la enseñanza, sucursales bancarias y en tiendas.

Pese a conquistas como el voto desde 2015, acudir desde 2018 a espectáculos como el fútbol o poder obtener el carné de conducir, las saudíes están bajo el sistema de tutela masculina, por el que deben contar con el consentimiento de los hombres de su familia para dar cualquier decisión, como es la de viajar. Vestidas con la abaya, manto que cubre todo el cuerpo salvo cara y manos, o con el discreto uniforme de la compañía, y todas ellas tocadas con el niqab, que tapa cabeza y parte de la cara, las trabajadoras locales de Renfe ocupan muy distintas posiciones.

Trabajadoras del operador en un puesto de facturación.
Trabajadoras del operador en un puesto de facturación.

La apertura de entornos laborales al género femenino es uno de los hitos buscados en el plan estratégico Visión 2030, por el que Arabia pretende modernizar su economía. En el caso del consorcio AlShoula, que construyó y opera la línea Haramain, seis de cada diez empleados locales trabajan para Renfe. Y la pública es la que cuenta con un mayor número de mujeres en sus filas.

Se ocupan de la atención telemática, gestión comercial de las estaciones, supervisión a bordo, finanzas y administración, comunicación y redes sociales, recepción de sistemas de gestión, etcétera. Las áreas que aún quedan reservadas para hombres son las de conducción y puesto de mando.

Vuelta al trabajo

La alta velocidad La Meca- Medina abrió el 31 de marzo nueva etapa con el inicio de la operación comercial. Tres meses antes, Renfe comenzó a llamar a los trabajadores que no pudo renovar en 2020 por la pandemia; incorporó a quienes quisieron volver y reforzó el equipo. Además de los 449 empleados del país, el equipo cuenta con 35 españoles expatriados, tres de ellos mujeres que ocupan tareas directivas o de gestión. Y completan la plantilla 13 hombres de distintas nacionalidades que se ocupan de labores auxiliares. En total, 497 trabajadores y trabajadoras.

Renfe rompe barreras para las trabajadoras en su línea de Arabia Saudí

Durante la etapa de construcción apenas hubo un ramillete de mujeres, que tuvo que superar fuertes recelos, con la directiva de Ineco María Sánchez Palomo como jefa del proyecto. Ya con los trenes en fase de pruebas, Renfe tuvo en 2017 sus primeras empleadas. Al cierre de 2018, la lista de asalariadas alcanzaba las 47 saudíes, y esa cifra se multiplica hoy por tres.

Desde ese 2018 es una española quien está al frente de la dirección financiera del consorcio, algo inusitado en Arabia. A este puesto de alta dirección se han sumado una ingeniera de sistemas y una coordinadora de operaciones. Pioneras todas ellas, tanto las españolas como las saudíes.

Un mercado laboral discriminatorio

Renfe rompe barreras para las trabajadoras en su línea de Arabia Saudí

La Organización Mundial del Comercio denuncia discriminación laboral en Arabia por cuestión de género. El salario de la mujer está un 80% por debajo del que percibe un hombre de media. Y ello a pesar de que la Ley prohíbe las diferencias salariales entre trabajadoras y trabajadores contratados para mismos puestos.

La normativa laboral establece que las mujeres tienen libertad para trabajar, pero en “áreas adecuadas a su naturaleza” y no en “labores o industrias peligrosas”. Las empresas están obligadas a separarlas de los hombres en el centro de trabajo, norma que se va flexibilizando en compañías privadas.

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