Innovación y ayudas europeas, el tándem para ser más competitivos

La transformación digital no puede abordarse a la ligera, porque un proceso demasiado rápido sería imposible de sostener en el tiempo

Durante el pasado mes de junio la Comisión Europea dio luz verde al plan de España para recibir el primer paquete de ayudas a la recuperación. Ahora el Gobierno puede empezar a utilizar los primeros 9.000 millones de euros que corresponden a nuestro país, siempre con el objetivo de hacer nuestras administraciones y empresas más digitales, más verdes y más resilientes.

Si algo nos han demostrado los últimos acontecimientos es que la digitalización ha sido clave para la supervivencia. Aquellas compañías que habían adoptado procesos digitales sufrieron menos el primer impacto de la crisis sanitaria y, en general, las compañías que han adoptado la tecnología digital han demostrado mayor resiliencia. Y lo mismo para los países más avanzados en su transformación digital, aquellos con puntuaciones más altas en el índice de digitalización EDI elaborado por Euler Hermes son los que menos sintieron el impacto económico de la crisis.

Los fondos europeos pueden ayudar a nuestras empresas a aprovechar el ritmo adoptado en la pandemia gracias a este nuevo impulso financiero. Sin embargo, este proceso de transformación no se puede comenzar a la ligera, pues una digitalización demasiado rápida sería imposible de sostener en el tiempo, que es el objetivo fundamental de la UE.

Para poder acometer una reforma a largo plazo, existen algunas claves más allá de la implantación de tecnología pura y dura que se deben tener en cuenta para invertir los fondos europeos. En primer lugar, es preciso apostar por la transformación humana, es decir, por poner el foco también en aquellos que están detrás del proceso. En esto, el gobierno español ya ha dado un paso adelante con la mayor oferta de empleo público de nuestra historia. Una oferta que reserva un gran número de plazas a los llamados perfiles STEM (ciencia, tecnología, ingenierías, matemáticas…) para modernizar la plantilla y contribuir a tareas como la actualización del sistema fiscal y la modernización de la justicia.

Sin embargo, es importante no olvidarnos de los activos humanos que ya tenemos. No podemos solucionar el problema limitándonos a los nuevos perfiles y dejando obsoleto e inutilizado el talento con el que ya contamos. La digitalización también pasa por la capacidad de adaptación y reconversión del personal a las nuevas tecnologías y a los nuevos puestos de trabajo que están naciendo en este mundo más digital. Digitalizar un proceso que muy pocos sean capaces de ejecutar tampoco es una solución sostenida.

Otra de las claves para convertir estas ayudas en un proceso sostenido es la inversión en ciberseguridad. Este año ha supuesto solo el principio de los retos que nos aguardan en cuanto a la seguridad de nuestras administraciones y empresas. Por tanto, digitalización y ciberseguridad son una pareja que siempre debe ser inseparable; en la realidad posCovid no pueden convivir la una sin la otra. Hacernos más digitales nos expone ante los cibercriminales, y es por eso que la anunciada inversión de más de 244 millones en compra pública innovadora en ciberseguridad a través del Incibe, no es solo bienvenida sino necesaria para no dar pasos en falso en digitalización.

Pero ninguna de estas medidas es suficiente por sí sola si no aprovechamos la financiación europea para acelerar el I+D+i. Tenemos una oportunidad para generar, a través de la investigación, el desarrollo y la innovación en digitalización y ciberseguridad, productos y soluciones replicables en el espacio y en el tiempo, con capacidad para su exportación y basadas en un modelo de negocio claro que incluyan su comercialización. Sobre la base de la colaboración público-privada, la capacidad de innovación ha de ser el activo que permita la pervivencia en el tiempo de las empresas y la generación de riqueza para nuestro país.

Sin embargo, la rápida evolución de las tecnologías implica que todo aquel que trabaja en I+D+i deba evolucionar a ese ritmo, tener pensamiento lateral, ganas de investigar y, por supuesto, formarse continuamente. Es aquí donde las tres variables se entrelazan: nuestro tejido empresarial y administrativo debe de disponer de talento y desarrollarlo, tener siempre un ojo puesto en la ciberseguridad, y adoptar el I+D+i como prioritario para garantizar el crecimiento y competitividad.

Es aquí donde los fondos europeos ocupan un rol imprescindible. Tradicionalmente los organismos públicos y organizaciones responsables de dichas financiaciones han tenido una visión demasiado cortoplacista de la investigación. En su mayoría, se han decantado por proyectos con un retorno a corto o medio plazo, relegando a un segundo plano aquellos igualmente necesarios para el desarrollo del país, cuyos resultados y beneficios se observan tras un periodo de tiempo más largo, de mínimo cinco años.

Las ayudas públicas han de dejar atrás los modelos demasiado rígidos y no volcarse solo en las primeras fases de lo que conforma la I+D+i. En este sentido, para una efectiva distribución de las ayudas, convendría apostar por modelos híbridos, donde se combinase la visión de la Administración con la del mundo empresarial y, de este modo, conseguir un enfoque más amplio y que abarque todo el proceso.

En definitiva, utilicemos estos fondos para impulsar una innovación segura, sostenida en el tiempo y apoyada en el talento y experiencia empresarial para definir el país digital que necesitamos, no mañana, sino dentro de diez o veinte años.

Miguel Castro es Director General de Entelgy