Clavo Food, el creador del sanjacobo de pescado innova en congelados

Con 35 años de historia, pasó de cortar pescados a elaborar alimentos para las grandes cadenas de restaurantes

Tras superar el impacto inicial de la pandemia, prevé facturar este año la cifra récord de 50 millones de euros

Clavo Food
Miembros del equipo de la fábrica de Clavo Food en Galicia.

A mediados de los ochenta, en una España que estaba cambiando rápidamente y se encontraba a las puertas de entrar en la Comunidad Económica Europea, un grupo de hombres –Emilio Clavo, Nicolás Lara, Ignacio Losada y Emilio José Clavo– con diferentes bagajes, pero unidos por lazos familiares, decidió dar un cambio radical a sus vidas: dejaron sus respectivos trabajos en Zamora, donde vivían, y se mudaron a Caldas de Reis, en la provincia de Pontevedra (Galicia), para poner en marcha una empresa ligada al pescado. Así nació Clavo Congelados, que con el tiempo pasaría a llamarse Clavo Food Factory.

Al principio, la empresa se dedicó a lo que se conoce en la industria alimentaria como la maquila: cortar y filetear pescados para otras compañías. Luego, cuando las cosas comenzaron a ir bien y se hicieron con clientes de peso, se encontraron ante una encrucijada: o empezaban a invertir en barcos y a tener más control de las materias primas, o innovaban en la producción. “Esto último fue por lo que optó Clavo”, relata el director de estrategia de la empresa, Nico Lara.

A partir de ese momento, Clavo Food Factory comenzó a desarrollar productos que, al salir al mercado, se volvieron emblemáticos, como el sanmarino, que es un sanjacobo de pescado. “Eso lo inventó Clavo”, afirma Lara. “También la gamba en gabardina [ración de gambas revueltas en una masa de harina de trigo y maicena]. Incluso hoy, si has comido una en algún bar o restaurante, seguramente sea de Clavo”, comenta.

Y así, poco a poco, la empresa fue apostando por la diversificación en la elaboración de productos, pasando a transformar la fábrica de pescados de Caldas de Reis en una factoría de alimentación más amplia.

Clásicos como el sanmarino o la gamba en gabardina son creaciones suyas

Pero la empresa dio su gran salto cualitativo en 1993 al comprar una segunda planta en Tordesillas (Valladolid), con una superficie de 25.000 metros cuadrados y una cámara de congelación con capacidad para almacenar 10.000 palés. “Es ahí donde la variedad de productos empieza a ser el factor central de Clavo”, señala. “Esto nos da una ventaja competitiva importante. Empezamos a aportar un valor que nos permite desarrollar productos a medida y convertirnos en partners de casi todas las grandes cadenas de restaurantes. Es el hito más importante de la historia moderna de Clavo”, dice.

El resto es historia: con más de 30 años en el mercado horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), Clavo Food Factory se ha convertido en una de las firmas españolas punteras en la producción de alimentos, con más de mil referencias que están presentes en unos 42.000 restaurantes de todo el mundo. Según su CEO y miembro fundador, Nicolás Lara –tres de los cuatro fundadores aún siguen en activo–, hoy en día la empresa sigue teniendo “el foco puesto en consolidar nuestra ventaja competitiva, en ser una industria versátil, dinámica y a la vanguardia de la innovación alimentaria”.

Producción y exportación

Actualmente, Clavo Food Factory continúa siendo una empresa familiar, con una segunda generación ya integrada en su organigrama –Nico Lara, por ejemplo, es hijo de Nicolás–. La plantilla inicial de 7 personas ha crecido hasta los 400 empleados. “Aquí se vive todo intensamente y todo el mundo está muy involucrado”, asegura Nico Lara. Desde la empresa afirman que esta mantiene el mismo sello personal que tuvo en sus principios, pero adaptada, eso sí, a los nuevos tiempos y a las últimas tendencias.

Sus dos fábricas, que son las columnas que sustentan el grueso de sus operaciones, son ampliadas y renovadas cada cierto tiempo. La de Caldas de Reis, donde trabajan 300 personas y se producen más de 600 toneladas de alimentos al mes, tiene 32.000 metros cuadrados que acogen ocho líneas de producción, seis túneles de congelación, incontables equipos de cocina, así como una sala de dosimetría y varios laboratorios de I+D, microbiología y calidad. Por su parte, la de Tordesillas cuenta con cuatro líneas de producción, tres túneles de ultracongelación y uno de nitrógeno. En ella se producen más de 400 toneladas de comida al mes.

Clavo Food
La sede principal de la compañía en Caldas de Reis, donde trabajan 300 personas.

Mercados

Los principales mercados de la compañía son España y Portugal –“país al que, por su cercanía con Galicia, contamos como nacional”, puntualiza Nico Lara–, pero también exportan de manera directa el 15% de su producción a países como Italia, Francia, Inglaterra y México. De manera indirecta, esa cifra aumenta considerablemente, ya que sus clientes más grandes en España son cadenas internacionales que luego exportan a sus filiales lo que le compran a Clavo Food Factory.

Un modelo resiliente

En 2019, antes de la pandemia, la compañía facturó en torno a los 45 millones de euros. Tras sufrir el embate de la crisis sanitaria, este año prevé alcanzar por primera vez los 50 millones. “El confinamiento inicial supuso una paralización del 80% de los pedidos del mercado de la hostelería”, recuerda. “Pero las demandas del sector del retail y la búsqueda de nuevos clientes en la hostelería hicieron que después de salir de esos tres primeros meses ya nos pusiéramos en números de prepandemia”, afirma.

“Nuestros productos se han comportado muy bien”, continúa. “No hemos tenido impagos ni clientes que hayan cerrado. Estamos ahora en números mejores que antes de la pandemia”. El CEO de la compañía valora así este dato: “Si algo positivo podemos sacar de la pandemia es que nos ha dado el gustazo de tener la certeza de nuestro modelo de negocio y de nuestro trabajo estos 35 años. Nos hemos podido sentir muy orgullosos”.

Alimentos, nuevas rutas e inversiones

Papis
Papis, una nueva línea de productos infantiles lanzada a través de la startup del grupo, Roots Mindfoodness.

Productos. Clavo Food elabora alimentos congelados, refrigerados, conservas y de quinta gama (listos para consumir). Sus productos están basados en pescados, carnes, masas y hojaldres, entre otros. En promedio, saca unas 50 referencias nuevas cada año.

Dona Dona. El grupo empresarial es propietario de Dona Dona, una compañía especializada en la distribución de alimentos ultracongelados a domicilio, tanto en el entorno urbano como el rural, que ha ampliado sus rutas durante la pandemia.

Proyectos. La empresa acaba de invertir 6 millones de euros en su planta de Tordesillas y en 2020 adquirió el 20% de Boreal Artik, una fábrica en Laredo dedicada a la tecnología de altas presiones para productos de pescado refrigerado.

Una startup para abordar la alimentación infantil

Smommys
Smommys, alimentos para el embarazo y la lactancia.

La nueva apuesta de futuro de Clavo Food Factory es una startup dedicada a la innovación en el ámbito de la alimentación infantil. Se trata de Roots Mindfoodness, un proyecto que “surge a raíz de una investigación de tres años; es un ejemplo claro de nuestra apuesta por la I+D”, afirma el director de estrategia de la compañía, Nico Lara.

“La ciencia ha demostrado que los primeros mil días de vida son vitales para el desarrollo de cualquier persona”, explica Lara, y por eso “decidimos desarrollar productos para esa etapa tan fundamental en el desarrollo del cerebro”, añade. El objetivo de Roots Mindfoodness es ofrecer una solución real, sencilla y adaptada a las necesidades de los más pequeños.

La startup, que estuvo a punto de ser lanzada en 2020, pero que tuvo que esperar hasta 2021 por la pandemia, ofrece en su primera etapa tres líneas de productos 100% naturales: Smommys, para las etapas del embarazo y la lactancia posterior; Papis, para niños de entre seis y doce meses, y Alphys, para niños de más de un año. Cuenta con un equipo de 20 empleados, una facturación estimada para 2021 de 250.000 euros y un catálogo de 75 referencias, elaboradas en una zona limpia de alérgenos en la fábrica de Tordesillas.

“Roots nace para crear proyectos con unas características concretas, tener etiquetas limpias y llegar a un público de futuro a través del ecommerce”, señala. Apunta, además, que la nueva empresa es parte del plan estratégico de Clavo Food para adaptarse a las exigencias cada vez mayores de los consumidores y colocarse en la cúspide de la industria de la alimentación.

Otro objetivo de Roots es que sirva de plataforma para lanzar proyectos innovadores y “para desarrollar productos para otras marcas de alimentación infantil”.

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