Mensajes que se lanzan con la vestimenta en el trabajo

Los expertos abogan por recomendaciones generales en vez de normas estrictas

La gimnasta alemana Pauline Schäfer-Betz durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
La gimnasta alemana Pauline Schäfer-Betz durante los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. EFE

Se ha clasificado dentro de los diez mejores para la final por equipos de gimnasia artística femenina en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, pero si por algo se ha hablado del equipo alemán, no es por su actuación, sino por sus trajes. Las cuatro gimnastas aparecieron enfundadas en un maillot rojo y blanco que cubría tanto las piernas, hasta los tobillos, como los brazos, algo inédito hasta entonces. Querían evitar la sexualización de su deporte. Lo mismo, pero al revés, le ocurrió a Cristofer Benítez, el gimnasta tinerfeño que fue víctima de un ataque sexista por parte de una patinadora rusa por “su feminidad” al realizar los ejercicios.

La forma de vestir para trabajar no es siempre opción de cada uno. El equipo noruego femenino de balonmano también fue foco de titulares cuando se le multó por usar pantalones cortos en lugar de la parte inferior del bikini requerida. Pero estos rifirrafes no solo se dan en el deporte, están presentes en muchas empresas.

El gimnasta español Cristofer Benítez durante una competición.
El gimnasta español Cristofer Benítez durante una competición.

La profesora de EAE Business School y experta en protocolo empresarial, Mar Castro, aconseja un código de vestimenta con recomendaciones generales en vez de uno estricto. “¿Por qué tiene que ser una fórmula concreta cuando puedes adaptarte dentro de un código a tu gusto?”, defiende. La imagen de los empleados es un reflejo de la imagen de la marca y la identidad de la empresa, según Castro, pero insiste en que una fórmula común no debe estar reñida con la identidad de cada uno. “Que tengan una singularidad propia forma parte de la esencia de los empleados. Es una forma de decir que son una empresa integradora, que aceptan la diversidad, la creatividad, pero siempre teniendo en cuenta que representan a una marca”, asegura la profesora.

Para la directora general de la fundación Alares, Mar Aguilera, los códigos de vestimenta también tienen ventajas, como evitar la discriminación. Lo fundamental, dice, es que haya una puesta en común con los empleados. “Hay que ser un poco flexible y buscar la mejor postura, que se consigue dialogando con las plantillas. La parte de la comunicación es muy importante y debe ser muy inclusiva, debe explicarse el por qué”, explica.

El equipo de balonmano noruego, jugando contra España en mallas.
El equipo de balonmano noruego, jugando contra España en mallas.

En cualquier caso, ambas coinciden en que es un error hacer diferencias dependiendo de si el trabajador es hombre o mujer. “Que las mujeres deban llevar las uñas pintadas es sexista, que todos lleven las uñas arregladas, no. Lo mismo con la necesidad de llevar el pelo recogido, si forma parte de su código, que lo sea para ambos sexos, no solo para ellas. Es algo en lo que aún hay que avanzar más para que sea igualitario”, reconoce Castro.

Aun así, acepta que las cosas están cambiando, igual que cambian los tiempos, las modas y las mentalidades. “Lo que no podemos hacer es dejar un código de vestimenta durante una década, tenemos que ir revisándolo porque la marca tiene que adaptarse a los tiempos y a su cliente objetivo”, comenta. En ese sentido, el director de talento de Adecco, Alberto Gavilán, sostiene que la crisis sanitaria también ha influido en estos hábitos. Con la implementación del teletrabajo, muchos empleados se han acostumbrado a vestir de una manera más cómoda que en la oficina. y considera que esa ventaja se mantendrá a la larga. “Las corbatas y este tipo de prendas formales, que ya estaban en desuso, se han dejado de utilizar en muchos ámbitos y se ha pasado a una vestimenta más informal. Las tendencias evolucionan, siempre con ciertos límites, pero hacia un estilo más casual”, confiesa.

Aguilera, en cambio, defiende que la imagen debe cuidarse incluso cuando se trabaja desde casa. “Si tienes un atuendo que llevar dentro de tu entorno laboral porque tu cultura empresarial así lo exige, tienes que respetarlo igualmente dentro del teletrabajo. Además, es bueno a nivel emocional para desconectar”, defiende. Al final, lo que tienen claro es que, haya normas o no, lo importante es que sean flexibles y, sobre todo, las mismas para todos y todas.

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