Mucho ojo con convertir el Presupuesto en una fiesta del gasto

Paradójicamente, Hacienda tiene previsto presentar a las comunidades una propuesta de ajuste de cuentas para 2022

El techo de gasto que tiene previsto aprobar este martes el Consejo de Ministros va a superar todo lo conocido hasta ahora en la historia presupuestaria de España. Ya el pasado ejercicio el límite del gasto no financiero, es decir, la base de las cuentas públicas y de lo que hará el Estado con el dinero que recauda con los impuestos o, dicho de otra manera, lo máximo que podrán gastar la Administración central, las comunidades autónomas y los ayuntamientos (no incluye la Seguridad Social ni el pago de la deuda), fue el más expansivo aprobado nunca al anotarse una inyección pendiente de cobrar de 26.000 millones de los fondos europeos Next Generation y con el lógico objetivo de hacer frente a la ingente necesidad de recursos para combatir la crisis del coronavirus. Aun así, las primeras cuentas para 2022 que el Ministerio de Hacienda pondrá este martes sobre la mesa del Gabinete superarán esa cota, estimuladas de nuevo por los fondos europeos –que Bruselas no soltará de manera incondicional y mirará con lupa de más aumento tras casos como el de Plus Ultra– y pese a que por fortuna –y a salvo de una indeseable regresión– lo más duro de la pandemia ha pasado y el gasto inherente a frenarla inicia la curva descendente frente al aplicado el pasado ejercicio.

Empujando al alza el gasto de las Administraciones públicas, en las cuentas para 2022 también aparecerá una partida de no menos de 8.000 millones de euros para hacer frente a las subidas de las pensiones y de los sueldos de los funcionarios, por cuya estación no ha aparecido el tren de la austeridad ni en las extremas condiciones que ha atravesado, y está atravesando aún, todo el sector privado del país.

Paradójicamente, esta misma semana Hacienda tiene previsto presentar a las comunidades autónomas una propuesta de ajuste de cuentas para 2022 tras la sobrefinanciación que recibieron en 2020 y que, si se cumple la agenda prevista, deberán devolver el año que viene. Y ello mientras sigue pendiente, año tras año, la imprescindible reforma del sistema de financiación autonómica, ese toro al que este Gobierno tampoco se ha atrevido a enfrentar.

Como es habitual, el mensaje político en la presentación de las cuentas más expansionistas de la historia de España estará aliñado por el latiguillo de que “nadie se quede atrás”. Es un estimable objetivo que, sin embargo, se puede poner en peligro si, pese a todas las facilidades habilitadas por Bruselas para esta situación excepcional, el Presupuesto para el que debe ser el primer año de la recuperación tras la crisis del Covid lleva colgada únicamente la etiqueta de una fiesta del gasto, sin apuntar ni el más mínimo detalle a la austeridad.