La nueva estrategia del BCE tampoco logrará su objetivo de inflación

La culpa no es de Lagarde: la política monetaria no puede arreglar los problemas estructurales de la zona euro

Christine Lagarde, este jueves en Fráncfort, en la sede del BCE.
Christine Lagarde, este jueves en Fráncfort, en la sede del BCE. EFE

La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, necesita urgentemente una lámpara mágica. Puede que sea la única manera de que la francesa alcance su objetivo de inflación, ya que es poco probable que lo consiga a pesar de la revisión de la estrategia de política monetaria del BCE.

Dos semanas después de que el banco central dijera que aspiraría a una inflación del 2%, en lugar de justo por debajo de ese nivel, Lagarde dio a los mercados la primera indicación de cómo alcanzará ese objetivo. Las orientaciones de política monetaria que publicó el jueves sugieren que los tipos de interés oficiales podrían permanecer en mínimos históricos durante más tiempo del previsto.

Ahora será necesaria una triple comprobación antes de contemplar cualquier subida. En primer lugar, el BCE tendrá que estar convencido de que la inflación alcanzará su objetivo mucho antes del final de su horizonte de previsión, que se extiende entre dos y tres años aproximadamente.

En segundo lugar, los responsables de fijar los tipos deben confiar en que esa inflación será duradera. Y, en tercer lugar, querrán ver subidas reales en una métrica de precios menos volátil, que elimine las oscilaciones de los precios de bienes como los alimentos o la energía.

Aunque es un poco torpe, esta denominada forward guidance (orientación de expectativas) tiene su mérito. Evitará que el BCE suba los tipos de interés prematuramente, como ha hecho en el pasado. Pero no ayudará al banco central a cumplir un objetivo de inflación que ha resultado difícil de alcanzar durante años. El tipo de interés de los depósitos se ha reducido a -0,5%, y el BCE ha comprado billones de euros en activos. Los analistas de Bank of America pronostican que su balance equivaldrá al 72% del PIB a finales de este año, frente al 36% de la Reserva Federal de Estados Unidos. Sin embargo, el llamado forward a cinco años dentro de cinco años, que sigue las expectativas de inflación del mercado para la segunda mitad de la próxima década, se sitúa en el 1,59% para la zona euro, frente al 2,24% de Estados Unidos.

La culpa no es de Lagarde. La política monetaria no puede arreglar los problemas estructurales que hacen que la economía de la zona euro crezca menos rápidamente que la estadounidense. Tampoco puede compensar la política fiscal de la región, que se ha desplegado de forma menos agresiva que en Estados Unidos durante la pandemia. Y su capacidad para utilizar herramientas más radicales, como la compra de acciones o la intervención en la deuda de los Estados más débiles, se ve obstaculizada por un consejo de gobierno dividido.

Por lo tanto, la estrategia renovada de Lagarde puede no tener más éxito que las iteraciones anteriores a la hora de conseguir lo que más desea el BCE: más inflación.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías