El BCE tiene razones para apresurarse en el tema de la moneda digital

Las criptodivisas pueden llevar a la desintermediación bancaria, lo que dañaría especialmente a Europa

El BCE tiene razones para apresurarse en el tema de la moneda digital

El Banco Central Europeo ha metido la punta del pie para probar unas aguas posiblemente tentadoras. Su presidenta, Christine Lagarde, el miércoles dio el primer paso hacia un euro digital con el lanzamiento de una investigación de dos años sobre la posibilidad de emitir una moneda digital. Pese a las muchas cautelas, el BCE tiene razones para adelantarse a la Reserva Federal.

Ninguno de estos dos bancos centrales tiene interés en seguirle el paso al Banco Popular de China, que ya ha sacado a prueba un yuan digital en ciudades importantes como Shenzhen y Shanghai. Pero el Covid-19 ha acelerado la desaparición del dinero en efectivo: casi nueve de cada 10 personas ha dicho que sin duda o probablemente pagarían menos en efectivo tras la pandemia, según mostraba una encuesta llevada a cabo por el BCE entre ciudadanos de la eurozona el año pasado.

Una cuestión clave para Lagarde y sus pares es la de si el dinero digital emitido por el banco central reducirá demasiado los depósitos de los bancos comerciales, que son vitales para canalizar créditos hacia las familias y empresas. Una encuesta de UBS a gestores de reservas de bancos centrales halló que la amenaza en potencia más citada era que las monedas digitales llevasen a la desintermediación bancaria, lo cual podría desbaratar la estabilidad financiera. Eso tendría consecuencias especialmente negativas en Europa. Como señalan economistas de Morgan Stanley, los bancos de la región europea facilitan tres cuartas partes de las necesidades de financiación de las empresas; en Estados Unidos, la misma proporción de financiación societaria proviene de los mercados de capitales.

Pero hay maneras de sortear este problema, como fijar un importe máximo de euros digitales que pueda tener una familia. Y posiblemente tenga grandes ventajas para el BCE, que lo ha tenido más difícil que la Reserva Federal a la hora de generar suficiente inflación en los 10 últimos años.

Se podría diseñar un eEuro que permitiese al BCE imponer tipos de interés negativos directamente a las familias, en vez de tener que delegar en los bancos comerciales para que les hagan llegar los efectos del relajamiento monetario. Esto haría mucho más poderosas sus políticas: aunque el BCE actualmente cobra -0,5% sobre los depósitos en el banco central, la mayoría de los bancos comerciales han evitado aplicar estos tipos a sus clientes, salvo para depósitos muy grandes.

Y si hubiese suficientes ciudadanos con un monedero digital, los gobiernos podrían hacer transferencias fiscales directas para estimular la economía durante épocas de ralentización. Dado que el crecimiento lento y la inflación negativa han sido más un problema en la eurozona que en Estados Unidos, el BCE tiene motivos adicionales para dar el salto digital.