¿Cuál es el gran temor de los alemanes?

El histórico fantasma de la inflación renace en el país: en mayo los precios subieron un 2,5%, el porcentaje más elevado desde 2011, y hay menos dinero

Alemania es un país con miedos. En 2021 destacan los temores a la recesión económica, a nuevos lockdowns por la epidemia, a que los políticos no sepan gestionar el país ante las circunstancias críticas actuales y, también, al desempleo. Pero el miedo que se ha convertido en una constante histórica es su pavor a la subida de los precios. A finales de junio la Oficina Federal de Estadística informó de que la inflación subió más de un 2% respecto al mismo mes del año anterior. Exactamente un 2,3%. En 1923 la gente salía a comprar con bolsas llenas de billetes. “Nada hizo tanto daño al pueblo alemán, llenándolo de extrema amargura y odio y preparándolo para recibir a Hitler, como la inflación“, escribió el autor Stefan Zweig. La reforma monetaria en 1948 supuso una nueva pérdida de lo ahorrado. Ese trauma colectivo tiene consecuencias hasta hoy y explica el escepticismo germano ante los riesgos. En lugar de invertir en acciones o en inmuebles, depositan su dinero en cuentas de ahorro; y desconfían de las políticas del BCE y de los programas de ayudas conjuntas de la UE. Se da por descontado que en la próxima campaña electoral para las elecciones federales del 26 de septiembre el populismo del partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) seguirá hurgando en la herida denunciando “la expropiación que sufren los alemanes por la política de tasa de interés cero del BCE”.

La comida, el alquiler, la electricidad. El precio de productos y servicios básicos aumenta. Y la gente con menos ingresos es la que lo pasa peor. El fantasma de la inflación está aquí: en mayo aumentó un 2,5% (2,0% en la eurozona), el porcentaje más elevado desde 2011. En los próximos meses alcanzará el 4%, pero será temporal y, además, la economía se recuperará. También en EE UU podría registrarse el mayor aumento en las últimas cuatro décadas. Larry Summers, ex ministro de Finanzas, habla del mayor riesgo desde hace 40 años. En Alemania suben la gasolina, el gasóleo, las materias primas de la construcción y, sobre todo el precio de la energía, un 10% más cara que hace un año. Desde principios de 2021, el IVA ha pasado de nuevo del 16% al 19% y se ha introduccido el impuesto CO2 (25 euros por tonelada desprendida). También la cesta de la compra se ha encarecido, un 1,5%.

Que no cunda el pánico, advierten los expertos. La pandemia ha puesto el mundo patas arriba, y los bancos centrales tratan de controlar la situación inyectando mucho dinero. El objetivo sigue siendo una inflación moderada del 2%; pues de caer los precios se demorarían las inversiones, un veneno para la economía. El Bundesbank calcula que en 2022 se situará en torno al 1,8%. Pero el reto ahora es que se dispone de menos dinero cuando están subiendo los precios. Vuelven los miedos.

Al mismo tiempo se registra una crisis de materiales provocada por restricciones de suministro (caída de la oferta en cadenas de suministro a raíz de la pandemia) y la escasez de materiales. Faltan microchips para los fabricantes de coches, acero para la industria, madera para obras, combustible, etc. Y lo que hay es más caro. El precio de la madera para la construcción ha aumentado un 50%, el del aluminio se ha duplicado. El consumidor final paga el pato. “Muchas empresas trasladan la subida al consumidor”, confirma Klaus Wohlrabe, jefe de encuestas del Ifo Institut. Otro factor es el aumento de la demanda a medida que declina la pandemia.

Tras la última crisis financiera global la tasa de inflación cayó por debajo del 2% a pesar de que la economía crecía. En diciembre de 2020, era del 0,3% en la eurozona. Los datos sorprenden, pero se explican por las tendencias globales que mantienen a raya la inflación: la competencia salarial y de productos en el mundo globalizado, el envejecimiento demográfico creciente de las sociedades industriales y el avance tecnológico. Efectos que siguen influyendo en el control de la inflación.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha admitido las presiones inflacionistas, pero insiste en los estímulos de su política monetaria inconvencional por la necesidad de impulsar la recuperación económica tras la epidemia que ha golpeado a países como España, por lo que mantiene el programa de compras de emergencia para la pandemia, PEPP, de 1,85 billones. El BCE no retirará el apoyo. Se trata de contrarrestar los riesgos para las perspectivas de la zona del euro. Los países de la eurozona dependen de los bajos tipos de interés para financiar sus déficits. Por lo que se baraja que el BCE tolerará en el futuro cuotas de inflación por encima del 2% para continuar con su política monetaria flexible. La Reserva Federal americana aceptará en el futuro inflaciones superiores al 2%. Nueva Zelanda admitirá un corredor de entre el 1 y el 3%, si bien se tendrán en cuenta los precios de los inmuebles en su política monetaria.

En los últimos diez años muchos expertos han criticado por eso al BCE ante el temor de que la inflación se disparara y se registrara una hiperinflación como en la República de Weimar entre 1914 y 1923. Pero lo más probable es que también el BCE siga la nueva estrategia y admita una inflación superior. Erik Nielsen, jefe de Economía de Unicredit, opina que el BCE debería continuar con su política monetaria actual hasta que la inflación en la eurozona supere el 2% durante 24 meses seguidos. Y a continuación, admitir un margen de entre el 2 y el 3%.

No obstante, hay riesgos. Friedrich Heinemann, del Centro Leibniz de Investigación Económica Europea, dice que de seguir con la política monetaria actual aumentarán los riesgos inflacionistas. La gente con poco dinero es la que más sufre bajo los efectos del incremento de precios de la vivienda, el combustible y la alimentación. Partidas en las que apenas se puede ahorrar y que se llevan la mayor parte de los ingresos. De seguir Europa los pasos de los bancos centrales estadounidense y de Nueva Zelanda, habrá un aumento de los precios. Nuevo es que el BCE quiere tener en cuenta ahora la evolución de los precios inmobiliarios en el cálculo de la inflación. En cualquier caso, los intereses seguirán bajos a medio plazo, castigando a los ahorradores alemanes. Según su cálculo personal de la inflación, la subida de precios estaría ya en el 4,5%.

 Lidia Conde es analista de economía alemana