Las empresas precisan reformas que no obstaculicen la recuperación

Es necesario una legislación laboral y fiscal flexible que permita minimizar los ajustes y sacar el mayor partido posible a los recursos y oportunidades

El presidente de CEOE, Antonio Garamendi, con un discurso considerablemente más firme de lo mostrado en los últimos meses, marcó ayer con contundencia las líneas rojas sobre las que la patronal de los empresarios no está dispuesta a transigir en materia de reformas económicas. Garamendi dejó claro el rechazo “frontal” de CEOE a lo que denominó como contrarreforma laboral, en alusión a la intención del Gobierno de derogar algunos de los aspectos clave de la reforma de 2012, y señaló que la propuesta del Ejecutivo no modernizará el mercado laboral español, sino que lo constreñirá aún más. En términos similares se refirió a la subida de impuestos que prepara el Gobierno y que rechazó con idéntica firmeza, además de sugerir que si se avanza hacia una armonización, esta debería hacerse a la baja y tomando como modelo a Madrid.

El discurso del presidente de CEOE, que contrasta con los mensajes gubernamentales ciertamente contradictorios pero que pretenden remover buena parte de la normativa laboral aprobada en 2012, apunta al final de la etapa de cooperación amable y no confrontación que los empresarios han mantenido con el Gobierno desde el estallido de la pandemia, o al menos a un mayor nivel de exigencia en todas las materias a reformar. La patronal es consciente de que la parte más dura de la crisis, marcada por la emergencia sanitaria y por la severidad de las medidas de contención, ha quedado atrás y que ahora toca reconstruir una economía maltrecha en su tejido productivo, pero que muestra señales de esperanzadora vitalidad de cara a la recuperación.

Los empresarios necesitan, ahora más que nunca, una legislación laboral flexible que les permita minimizar los ajustes y sacar el mayor partido posible a los recursos y oportunidades propios de una demanda que comienza a despegar. La reforma laboral de 2012 no es, sin duda alguna, perfecta y su éxito cuantitativo en creación de empleo, acreditado en casi una década, no se ha visto acompañado siempre de una mejora cualitativa de este, pero esos defectos no se solventarán con la vuelta a un modelo de relaciones laborales anclado en el pasado como el pretendido por la titular de Trabajo, sino con reformas puntuales, flexibles y eficaces. Lo mismo puede decirse del terreno fiscal, donde la política del Gobierno debe favorecer la recuperación de la actividad económica, que ha estado sometida a una hibernación histórica y a la que, en pleno deshielo, tampoco ayudará un marco fiscal más gravoso, especialmente en sectores especialmente dañados por la pandemia, como el turístico. Tanto en uno como en otro frente, el Ejecutivo ha de escuchar la voz de las empresas, de las que depende directamente la creación de riqueza y el éxito de la recuperación.