La presión residencial crecerá un 10% en Baleares, Canarias o Madrid en 2035

En tres lustros habrá 1,1 millones más de hogares en España

En más del 60% vivirán como mucho dos personas

Vivienda 2035 Pulsar sobre el gráfico para ampliar

Los problemas de accesibilidad residencial que viven hoy los habitantes de comunidades como Baleares y Canarias y de zonas metropolitanas como Madrid y Barcelona, lejos de desaparecer, amenazan con hacerse más acuciantes en las próximas décadas. Según el documento España 2050, un ejercicio de prospectiva realizado por un centenar de académicos y presentado esta semana por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el crecimiento de hogares proyectado de aquí a tres lustros será de en torno a un 6% de media en toda España en 2035. Sin embargo, mientras que algunas regiones como Asturias y Castilla y León los perderán (con una caída del 3%), otras como Baleares, Canarias, Murcia o Madrid ganarán en torno a un 10%.

Detrás de estos cambios, sugiere el documento, se esconden razones demográficas, poblaciones y económico-culturales. Así, al aumento de la esperanza de vida y de la inmigración se le unen un doble éxodo –del mundo rural al urbano y de las pequeñas ciudades a las grandes– y un cambio en la tipología de los hogares, con mayor peso de las viviendas en las que habitan una o dos personas y una depreciación de aquellas formadas por tres, cuatro o cinco miembros. En cifras absolutas, por poner el diagnóstico en perspectiva, España tendrá en tres lustros 1,1 millones más de hogares hasta sumar 19,8 millones. Además, en más del 60% vivirán como mucho dos personas.

El reto que plantea este panorama es mayúsculo en cuanto a las políticas de vivienda. Todos estos cambios, recoge el documento, “podrían intensificar las dificultades en el acceso a la vivienda en algunas zonas de nuestro país. La situación afectará, sobre todo, a los jóvenes que residan en las grandes ciudades y, en particular, a quienes tengan peores condiciones laborales”. El incremento de los precios, añade el texto, impedirá que muchos hogares adquieran un inmueble en propiedad, y pese a que el alquiler seguirá al alza, el encarecimiento de las rentas en ciertas zonas también hará que su acceso resulte cada vez más erosivo para los inquilinos.

En este contexto, los expertos que han elaborado la parte del documento relativa a la vivienda proponen diferentes vías para encarar la situación. Como base, recuerda el vicepresidente del grupo de trabajo de vivienda de Eurocities, Javier Burón, “todos estos procesos son caros, lentos y complicados. Requieren gasto público, inversión privada y combinar técnicas en función del lugar y el problema. No hay soluciones mágicas”.

Uno de los puntos de partida pasa por poner sobre el tapete “el peligro de la España vaciada, pero también el de la España superpoblada”, explica Sergio Nasarre-Aznar, director de la Cátedra Unesco de Vivienda, quien anima a revertir esta tendencia poblacional para que ciudades como Madrid y Barcelona, “y si me apuras Valencia, Bilbao y Zaragoza”, dejen de absorber a las más pequeñas. Se trata, señala, de evitar que en unas zonas no se pueda vivir por la falta de oportunidades y de servicios y en otras no se pueda por los precios desorbitados de la vivienda. “Incrementando las oportunidades en unas zonas se desinfla la vivienda en otras”, añade, no sin recordar que estos problemas de cohesión territorial deben ser abordados en su totalidad y desde un prisma amplio y general.

Tipos de tenencia

Sin embargo, y dado que el aumento de la presión residencial en las grandes urbes parece imparable, el documento recoge también varias propuestas centradas en “diversificar las formas de tenencia de la vivienda más allá de la propiedad y el alquiler”, resume Nasarre-Aznar. Sobre todo, recalca el texto, porque a medida que aumenta la presión residencial, las ciudades españolas podrían ir escorándose “hacia un modelo de ricos propietarios y pobres inquilinos, polarizado entre hogares con una o varias viviendas en propiedad y personas viviendo en casas alquiladas o compartidas”.

Las fórmulas de tenencia intermedias se tornan en una opción a tener en cuenta y acelerar poco a poco, según recomiendan los expertos. Una de ellas, apunta Nasarre-Azar, es la propiedad compartida, que permite al titular hacerse con una parte de la vivienda, “la que pueda”, y disfrutar del dominio y la posesión exclusiva del inmueble, pudiendo adquirir de manera gradual la parte restante.

Otra variante podría ser la tenencia temporal, que otorga al propietario el dominio y uso de un bien durante un plazo concreto de tiempo, un derecho que pasa al titular sucesivo cuando termina el tiempo estipulado. Son fórmulas, asegura, “más asequibles que los precios que se ven hoy en el mercado del alquiler de las principales ciudades”. Además de estas variables, el texto propone otras opciones como las viviendas colaborativas, cooperativas o colectivas, “si bien estas fórmulas no son tan replicables a gran escala”, matiza Nasarre-Aznar.

En el largo plazo y adecuando cada palanca al lugar y momento concreto, prosigue Burón, tampoco hay que dejar de lado otras políticas como la protección sobre el patrimonio público de vivienda, la reserva de suelo para vivienda protegida en alquiler o el uso de mecanismos fiscales que promuevan la oferta de vivienda en alquiler asequible y faciliten el acceso a los hogares de rentas más bajas. “Todas estas medidas van en línea con lo que se está haciendo en los países de nuestro entorno en materia de vivienda. No hay atajos y hay que mantener una política sistemática y sostenida”.

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